En memoria de Fernando Ortiz Letelier, Luis Moulian Emparanza y Luis Vitale Cometa, historiadores y militantes…

Historia Política de Chile Siglo XX.

Recordar, conmemorar, un 8 de marzo.

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En un día como hoy, el mercado, esa magna construcción del capitalismo histórico, coopta una fecha que no tiene nada de feliz. No puede ser feliz la opresión y la explotación realizada por seres humanos a otros seres humanos. Explotación que está sustentada en la división del trabajo, que no sólo es de clase, sino también, sexual. Como diría Flora Tristán “el hombre oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. Ella es la proletaria del proletariado mismo”. Frente a ese ejercicio de explotación, es que en 1908 40.000 costureras, proletarias, se alzaron ocupando la herramienta política de la huelga. ¿Las razones? Mejores salarios (iguales a los de los hombres), reducción a las horas de trabajo (a 10 horas laborales), mejora en las condiciones higiénicas, capacitación y rechazo al trabajo infantil. ¿El resultado? Como en muchos lugares y en tantos momentos de la historia, recibieron la represión. Represión que terminó en la muerte. El 8 de marzo de 1908, en la ciudad de Nueva York, en la Cotton Textile Factory, 129 trabajadoras mueren quemadas al interior de su lugar de trabajo. Por ende, esto nada tiene que ver con flores, chocolates, ropas, joyas y mercanchifles al por mayor. Este es un momento para recordar y para conmemorar. Se trata de un acto de dignidad eminentemente político.

Por eso reconocemos, en esta hora, a la mujer obrera, aquella que supo de la devaluación de su trabajo, junto a la funcionalización de su útero en pos de (re)producir más mano de obra barata. Reconocemos a aquellas mujeres que desde el espacio privado, en su función de madres, han cobijado, educado, sostenido a sus hijas e hijas. Reconocemos a nuestras compañeras de vida, aquellas con quienes caminamos, como diría Benedetti, “codo a codo”, sabiendo que “somos mucho más que dos”. Reconocemos a todas aquellas mujeres que muy tempranamente, y más allá de cualquier silencio historiográfico y político, comenzaron a preguntarse por la liberación, entendiendo, como Olympe de Gouges en la Revolución Francesa, que como mujeres y ciudadanas tenían el derecho y el deber de subir a la tribuna, de la misma manera en que lo hacían al cadalso. Reconocemos a todas esas mujeres que lucharon por el voto de las mujeres, y con ello, de la posibilidad de participar de las discusiones y decisiones en el espacio público. Reconocemos a las mujeres obreras, a las campesinas, a las pobladoras, a las intelectuales, a las estudiantes, a todas quienes en el siglo pasado soñaron con la revolución socialista, comprometiéndose en las tareas de la liberación de los pobres del campo y la ciudad y que luego de golpes y exilios, se encontraron con la segunda ola del feminismo, dando cuenta de que quien propugna la revolución debe serlo hasta la más ínfima expresión de su vida. Reconocemos a aquellas madres y abuelas, que con una foto de sus esposos, hijos e hijas colgando en el pecho, extendieron el espacio privado y lo llevaron al público, clamando por justicia y libertad. Reconocemos a todas quienes siguen luchando para eliminar, de una vez por todas, la exclusión, las desigualdades de género, el maltrato en todas sus formas, la minusvaloración. Aquellas que siguen anhelando la democracia en el país y en la casa. Democracia que no es como la chata alegría que no sabemos si llegó o no, sino como el goce que transgrede mandatos culturales, prejuicios y sistemas opresivos. Goce que respira la libertad de ser, buscando como diría Gioconda Belli hace sólo unas horas atrás, “romper para siempre / el hielo, las tormentas / y derramar el verde de nuestros brazos y piernas / para abrazarlos / y destetar la historia / que ha querido mordernos”.

Puede parecer raro, para algunas y algunos, que un hombre lea estas palabras, en tanto representante de aquello que se busca romper: el patriarcado. Pero el patriarcado, en tanto la estructura de dominación de más larga duración en la historia de la humanidad, es el resultado de los hombres, pero no de todos los hombres. Es la construcción de los menos, que como ideología se nos vende como mandato cultural, como rol histórico, como lo correcto, como lo natural. Es parte de las ideas de la clase dominante, que se transforma en sentido común y nos conforma. Por ende, se trata de una batalla que también debemos dar, y que no requiere de negaciones que nos lleven a la pusilanimidad. Por el contrario, reconocernos en la explotación de cada humano y humana nos hace pasar de la otredad a la ipseidad. Del otro y la otra que es también un yo. Entendernos y estudiarnos sectorialmente ha conllevado tremendos aportes analíticos y proyectuales. Cómo no agradecer todos aquellos estudios que nos han hablado de, quienes Luis Vitale nominó como, “la mitad invisible de la historia”, de la cual, por sólo citar un ejemplo, el trabajo “Queremos votar en las próximas elecciones” de Edda Gaviola, Ximena Jiles, Lorella Lopresti y Claudia Rojas, es una obra precursora, que a la fecha sigue abriendo caminos. En ese sentido, el estudio de la particularidad nos ha traído mayores luces acerca de la globalidad. Pero la otra desfragmentación, aquella que conlleva a que la lucha de quienes son dominados y dominadas, por coerción o coacción, también sea “sectorial”, parcelada, reporta más dudas que certidumbres. Sobre todo cuando queda tanto por hacer. Elena Caffarena, gran luchadora feminista, cerca de sus cien años diría que “Nuestro objetivo no terminaba en obtener el derecho a concurrir a un acto electoral y manifestar una preferencia. Era también el derecho a ser candidatas, a ser elegidas, a expresar directamente las necesidades de las mujeres, y ampliar la base de la democracia en Chile que estaba reducida, por lo menos, a la mitad […] Sería un desatino no reconocer que hemos avanzado en esta batalla. Pero el riesgo de convertir en monumento a las mujeres que participamos en esta etapa, es creer, equivocadamente, que la tarea está concluida. En las casas y en las calles hay mujeres bastante más interesantes que yo, que están luchando todos los días y que tienen mucho que decir, de aquí para adelante”[*].

Debemos pugnar por luchar hasta derrotar la cultura de la dominación y todo lo que en pos de ella se construye, encontrándonos y caminando en aquello que lírica y bellamente Redolés llamó “Bello Barrio”, el lugar “donde tú vas con tu sueño y la ternura viva en los labios / Porque acá nadie discrimina a los que van con su sueño y la ternura viva en los labios”.

 

El Manzano, Cajón del Maipo, 8 de marzo de 2013.

Luis Pino Moyano

Lic. en Historia.


[*] Pamela Jiles. “Mi abuela cumple cien años”. Punto Final. Nº 593, 14 al 28 de marzo de 2003. Tomado de: http://www.puntofinal.cl/539/miabuela.htm (Revisada en marzo de 2013).

 


El origen de la violencia.

“Quería referirme un poco a la violencia. Porque este mes, compañeros, en la televisión, la violencia aparece con mucho ritmo, con mucha sonajera.

La violencia, rasgan vestiduras porque se quema una micro, pero yo no escuché a esa misma gente rasgar esas mismas vestiduras y gritar cuando se quemó a Rodrigo Rojas, no escuché ese mismo clamor, no escuché eso cuando dejaron a la niña –Carmen Gloria Quintana- quemada entera.

No escuché eso en la televisión, no escuché la misma vehemencia en la defensa del no a la violencia, no escuché eso cuando a los compañeros profesionales –un día como hoy- que fueron secuestrados en el colegio Latinoamericano, en pleno día. No escuché a la televisión diciendo: “¡¿Por qué secuestran a la gente, por Dios, qué está pasando?!”. No. Todos callados. No escuché nada cuando al día siguiente estas personas aparecieron muertas. No solamente muertas, sino ¡de-go-lla-das!

Yo les pregunto ¿De dónde viene la violencia? ¿Quiénes son los violentos? ¿Somos nosotros? ¿O son ellos, los poderosos, los ricos?

¡¿De dónde viene la violencia?!

Cuando la Unidad Popular tocó sus bienes, tocó sus minas, que dicen que el Todopoderoso se las dio a ellos, tocó el mar, tocó la tierra, las fábricas, solamente tocaron cosas, bienes, nunca se mató a ninguno de ellos ¿Qué pasó? ¡Estuvieron 17 años ¡asesinando gente! Haciendo desaparecer gente, quemando a los campesinos en hornos, allá en Lonquén.

¿Quiénes son los violentos? ¿De dónde viene la violencia?

¿Qué cosa más violenta que una persona tenga que vivir con 80 mil pesos, 100 mil pesos, 120 mil pesos en el mes? Y otros, por nombrar los que yo conozco, digamos, los senadores y los diputados, que los escoge la gente que vota -yo no voto porque no creo en el voto-, pero ¿Qué más violencia que esa?

¿Por qué uno tiene que vivir con un poquito, dejar a sus cabros chicos botados, porque tienen que salir los dos, el papá y la mamá a trabajar? ¿Por qué empujan a nuestra gente al consumo de drogas? ¿Por qué empujan a nuestra gente a la delincuencia en las poblaciones? ¡¿Por qué?!

Porque hay una desigualdad impresionante. Aquí están los ricos y los pobres. La clase media, pobre de ella, pero aquí están los ricos y los pobres.

¿Qué más violencia, compañeros, que el asesinato de mis hijos? Eran estudiantes, eran dirigentes, y en ese tiempo, como hoy día también, era muy peligroso ser joven y pensar. Porque lo que ellos quieren es que los jóvenes no piensen, quieren verlos botados, tirados en los pastos, borrachos, con droga, ganándose la plata fácil…

Así quieren vernos, pero los que piensan… son peligrosos.

¿Cómo mataron a mis hijos un 29 de marzo del ’85? A Eduardo salieron con armas de guerra a la calle a buscarlo. ¡Con armas de guerra andaban buscando a los hermanos Vergara! Lo mataron por la espalda inmediatamente de una ráfaga.

Rafael corría más rápido, porque él había entrado a las milicias y tenía más práctica y más ejercicio. Pero el Rafa volvió a donde estaba su hermano y trató de tocarlo. Ahí, los “valientes policías” le dieron una ráfaga a la altura de los glúteos, dejándolo parapléjico, y teniéndolo ya en sus manos, esposado, le pegó un tiro en la cabeza con el cañón afirmado en la nuca.

¡Ese es el principio del 29 de marzo! Un principio violento. ¿Quién empieza la violencia? ¿Quiénes son los violentos en este mundo entero? ¿Quiénes son los que dejan morirse de hambre en África a la gente mientras tienen guardados millones de dólares?

Alguien fue a la casa a decirme que quería limpiar la imagen del 29, porque el 29 de marzo es violento, porque los desmanes, porque la cosa, las bombas y las cuestiones… Mire, compañero, le dije: Yo no me voy a prestar para una cosa así, porque el 29 de marzo ha sido desde el comienzo -desde el asesinato brutal de mis hijos- violento. Y hemos hecho una respuesta violenta porque tenemos derecho a hacerlo.

Si nos pisotean, si nos matan, si hacen lo que quieren con nosotros, tenemos derecho a levantarnos y a defendernos. Y los 29 de marzo han sido todos violentos desde el principio hasta ahora. Y desde ahí que los chiquillos se enfrentan a peñascazos con los pacos. Y es por eso que les molesta, porque si hubiéramos hecho una romería calladitos en una sala, a nadie le hubiera molestado.

A ellos les molesta el desorden y la violencia porque ellos son los dueños del desorden y de la violencia. Nadie más puede hacer eso. Nosotros no tenemos derecho. ¡Nosotros tenemos que morir piola! ¡Callados! ¡Morirnos de hambre callados! Que nuestros hijos se prostituyan y callados. ¡Yo jamás voy a renunciar a la violencia de mis compañeros! De mis amigos, de los muchachos que yo conozco en la población, que durante todos estos años nos han acompañado. Que se han arriesgado, los han tomado presos, les han pegado, han perdido sus trabajos, han perdido el estudio.

Entonces, yo les digo desde mi corazón, los quiero así como son: Rebeldes, violentos. Honestos con ellos mismos. Los quiero porque ellos son los que nos han mantenido vivos a nosotros, todos estos años. Ellos son los que consiguieron que el sistema se fijara en nosotros y dijeran: “Ya, vamos a ver qué se puede hacer” y descubrieron que fue un asesinato, después de veintitantos años –cosa que nosotros sabíamos desde el principio-.

Por Luisa Toledo.

Estas palabras de Luisa Toledo, son un extracto de las que dijo en el Pedagógico este año (2012), y publicadas en El Ciudadano.


3ª Jornada de Historia de las izquierdas en Chile. 5 y 6 de junio de 2012.

Descarga aquí el Programa de la III Jornadas Historia de las Izquierdas en Chile.


De dogmas, hombres nuevos, muerte y martirologio. La relación subterránea marxismo-cristianismo en Chile, 1960-70.

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Autor: Luis Pino Moyano.

Resumen: Esta comunicación presenta las “coincidencias de contenido” entre el  marxismo y el cristianismo en las décadas de 1960-70 en Chile. Dichas coincidencias, que se encuentran en lo subterráneo del discurso dan cuenta de la síntesis dialéctica, en la cual no sólo son superados y negados los elementos de la tesis más débil en términos cualitativos, sino que son  absorbidos por ella, dando continuidad a la contradicción. Centraremos  nuestra mirada en las categorías de hombre nuevo, sacrificio, muerte y  martirologio y en los sujetos históricos Salvador Allende y Miguel  Enríquez.

Palabras clave: Dogma, hombre nuevo, sacrificio, muerte, mártir / martirologio.

Publicación: 2011-12-03.

Tipo: Artículo original.

Formato: PDF.

Fuente: Revista Izquierdas 0718-5049 (2011) Num. 11.

Idioma: Español.

Derechos: De los autores.

Leer desde Revista iZQUIERDAS, pinchando aquí.


La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975.

“La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975″, es la tesis con la que obtuve el grado de Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Fue aprobada con distinción máxima, nota 7.0, por la profesora guía Cristina Moyano y por el profesor informante Igor Goicovic.

Pongo a disposición de ustedes mi tesis. Agradecería la lectura, comentarios e, inclusive, la difusión. Las únicas condiciones que coloco son: citar siempre su autoría y el lugar desde donde fue tomada y, no obtener ningún rédito comercial a partir de ella.

La forma de citarla es:

Luis Pino Moyano. La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975. Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Santiago, 2011.

Descargar Tesis.

 

Luis Pino Moyano.


Franja política por el NO (Chile, 1988).

Subo este especial realizado por “Teleanálisis” que da cuenta de la lucha política realizada por la “Concertación de Partidos por el No”, sobre todo en su recordada acción propagandística.

 

Y, a modo de Bonus Track, subo cuatro spots de la campaña del Sí (en un sólo vídeo) que parodian algunos elementos de la propaganda opositora, buscando generar miedo en la población. Una buena muestra de lo que significa una “campaña del terror”.


Fernando Ortiz Letelier. Militante comunista, historiador y profesor.

Luis Pino Moyano[1].

 En este profesor nacido en Puerto Montt el año 1922 se puede ver encarnada esa unión forjada al acero entre el académico y el militante, en la cual, si bien es cierto, la tarea de la militancia era la prioritaria, puesto que lo más importante para estos actores, los historiadores marxistas, era llevar a cabo las tareas que condujeran a la toma del poder, el rol intelectual no fue dejado de lado, muy por el contrario, fue ejercido con mucho profesionalismo, lo que podrá verse en los antecedentes biográficos que las siguientes líneas presentarán.

  1. La vida en la que se funden la intelectualidad y la militancia.

Desde Puerto Montt este joven estudiante viajó a Santiago, en 1943, para llevar a cabo sus estudios de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, estudios que suspendió por un tiempo debido a la enfermedad y deceso de su padre. Al retomar sus estudios, se graduó de manera brillante, con una tesis titulada: “El Movimiento Obrero en Chile (1891-1919). Antecedentes”[2]. Era el año 1956. En ese mismo año, su maestro, Hernán Ramírez Necochea, publicaba su libro “Historia del Movimiento Obrero en Chile”.

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[1] Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Este artículo forma parte de una investigación mayor desarrollada por el Núcleo Temático de Investigación: “Desarrollo de la historiografía marxista chilena hasta el golpe militar de 1973”, dirigido por las académicas Ana López Dietz y Paula Raposo Quintana.

[2] Orlando Millas, en su prólogo al libro de Ramírez Necochea, “Origen y formación del Partido Comunista de Chile”, refiere a la obra de Ortiz con el título de “La Cuestión Social en Chile. Antecedentes. 1891-1919”. Millas, Orlando. “El tema y la significación de esta obra”. Ramírez Necochea, Hernán. Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Moscú, Editorial Progreso, 1984, p. 5.


La dictadura de Pinochet y su configuración de Estado Nacional.

Hablar de Pinochet y su régimen, y esto lo digo de manera muy personal, es un ejercicio complejo, por decir lo menos. Son muchos los sentimientos, emociones y juicios que ya han sido concebidos, individual y colectivamente, con respecto al ya extinto militar y su obra, que (re)pensar y poner el resultado de ello en un registro escrito, a uno lo hace sentir, como si estuviera en una selva escabrosa. Lo que, desde luego, no impide el análisis ni la crítica. La idea de este ensayo es analizar la configuración del Estado Nacional, realizada por la dictadura de Pinochet, teniendo como base el discurso del General en Chacarillas, el 9 de Julio de 1977[1], el que en mí opinión, re-une los lineamientos generales de dicho proceso. Todo esto, siguiendo la lógica habermasiana, de la cual me declaro un advenedizo, a partir de la lectura del texto: “Teoría de la acción comunicativa”[2]. Por ende, ideas-conceptos tales como: racionalidad, irracionalidad, “mundo de la vida”, mito, retrato, imágenes, entre otras, surgirán con fuerza, constituyéndose en el sustento de la reflexión.

La alocución realizada por Pinochet en Chacarillas, nos deja entrever ciertas premisas, que nos permiten señalar que estamos frente a la construcción y configuración, no sólo de Estado ni de organización político-administrativa, sino también, de una “nueva” racionalidad, que construye un “mundo de la vida”, con certezas y eficiencias. “Mundo de la vida”, que no sólo es aceptado y vivido por colaboradores y simpatizantes, sino que ha sido transversal al país, luego de la imposición forzosa de dicha racionalidad. Esto como resultado claro de la dictadura militar, la que al decir de Tomás Moulian, produjo el “sangriento parto” del Chile actual, produciendo un nuevo “orden, afirmado sobre el terror”[3].

Pero ese “orden racional”, fue construido y fundamentado, si se quiere, a partir de un mito, o del conjunto de ellos. Este, es definido, por la historiadora María Angélica Illanes, como: “mito de la diferencia”[4]. Es interesante notar, que para la reflexión de Habermas, el mito cobra una importancia fundamental. Habermas, toma una definición de Godelier, para explicar lo que es el mito. Godelier señala que el mito: “construye un gigantesco juego de espejos en el cual la recíproca imagen del hombre y del mundo se refleja hasta el infinito y continuamente se compone y recompone en el prisma de la naturaleza y cultura”[5]. Este imaginario, reflejado en el mito, es construido “por medio de la formación de analogías las causas y poderes invisibles que generan y regulan al mundo no humano (naturaleza) y al mundo humano (cultura) revisten atributos humanos, esto es, se presentan espontáneamente al hombre como seres dotados de conciencia, de voluntad, de autoridad y de poder, es decir como seres análogos al hombre que, sin embargo, se distinguen de él en que saben lo que él no sabe, hacen lo que no puede hacer, controlan lo que él no puede controlar y que, en consecuencia, se distinguen de él en que le son superiores”[6]. Teniendo presente esta conceptualización del mito, y volviendo a Illanes, el “mito de la diferencia” es el “orden institucional en sí”, lo que ha permitido, y permite hablar, de la “excepcionalidad” y “superioridad” chilena en el concierto latinoamericano. Esta construcción mítica, “el mito portaliano”, fue realizada por Francisco A. Encina, en la década de los ’20 y ’30, y otros historiadores y estudiosos, los que valoran y ensalzan la construcción de estado nacional, sustentada en un ordenamiento autoritario y republicano[7]. Para esta historiadora, este mito, “como todo mito, sirvió para construir una determinada identidad política refundacional, capaz incluso de otorgar sentido y articular proyectos disímiles; es decir, fue útil para establecer, en una época de convulsión histórica, aquellas seguridades y certidumbres necesarias, tanto para el resguardo del ideario conservador, como también para garantizar la opción político-institucional de las fuerzas del cambio. He aquí la paradoja, quizás sólo comprensible desde una perspectiva mitológica”[8]. Esta construcción mítica, ha originado la aparición de otros mitos, entre los que se cuentan: “el padre de la patria”, “la anarquía post-independencia”, “Portales, constructor de Estado”, “el valiente roto chileno”, “la pacificación de la Araucanía”, “la dictadura de Balmaceda”. En resumen, Illanes decreta que la historia chilena ha sido “una invención narrativa pura y sin mancha”[9]. Para Illanes, el mayor “cuento mítico”, que es propio del siglo XX, es la prescindencia política de las Fuerzas Armadas[10]. Pero los hechos han demostrado que: “las fuerzas armadas entraron al primer plano del escenario político del siglo XX. Emergieron cada vez que decidieron ‘salvar la patria’ –ya bajo designios nacionalistas, fascistoides y/o electoral populistas…”[11].

Es de esta construcción mítica en la que Pinochet se fundamenta. La elección de la fecha de la alocución no es casualidad: 9 de Julio, día en el que se conmemora la “inmolación”, “patriotismo” y “coraje” de los setenta y siete héroes jóvenes de La Concepción. De hecho, se intenta ligar el momento. Se celebra el “Día de la Juventud”, momento en el cual, setenta y siete jóvenes, adherentes al gobierno militar, toman simbólicamente el lugar de estos “héroes”, para coadyuvar en la tarea de construcción del Estado de nuevo cuño. Vale decir, que la afirmación de la dictadura, por ende su legitimidad, radica en la sangre de los héroes, de los cuales las Fuerzas Armadas se consideran herederos fidedignos. Esto lleva a Pinochet a decir que: “la patria y los valores permanentes están por encima cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”. Estos valores patrióticos se habrían visto trastocados por el gobierno de la Unidad Popular y su “amenaza totalitarista y comunista”. Frente a esta amenaza, la ciudadanía habría lanzado un “llamado angustioso” al que los militares habrían prestado oído, “regando con su sangre”, cayendo en la lucha “por la liberación de Chile”. El grito de La Concepción se volvería a repetir: “¡Los chilenos no se rinden jamás!”. Era la lucha nacional contra el internacionalismo marxista-leninista. Esta lucha obedece al carácter de los chilenos. Pinochet habla del “temple de nuestra raza” y de la “fibra de nuestra nacionalidad”, los cuales incentivan a “los chilenos de verdad” a alzarse en beneficio de la dignidad y la soberanía nacional. El 11 de septiembre de 1973, sería el primer paso en la construcción del sueño de una “patria libre, unida, grande y soberana”. Pero este hecho, que da pie a la “liberación” de Chile, se origina en algo que trasciende a la humanidad. Y es que el golpe de Estado, ha sido, para el General, la “difícil e irrenunciable misión” colocada en los hombros de los institutos armados, nada más y nada menos, que, “por Dios y la historia”. Al ser de esta manera, la construcción de Estado en Chile, no es otra cosa que la obra de Dios, en la persona de sus “siervos”, los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, los que a su vez, son encabezados por el mesías-redentor: Augusto Pinochet. Por lo tanto, las personas que llevan a cabo esta labor son puestas en condiciones supra-humanas. Trascienden a los tiempos y a las épocas, por ello, tienen la sapiencia para captar y el poder para actuar conforme a “valores morales”, “eternos”, “anidados en el alma nacional”. Y ellos se saben en esa labor mesiánica. La construcción de este nuevo Estado, es la estructuración proyectiva del porvenir de Chile, que no es otra cosa, que seguir la “senda trazada” hacia “la luz”. Por lo cual, y Pinochet no tiene ningún empacho en decirlo, el “volver atrás”, a la antigua democracia, es caminar hacia “las penumbras de la esclavitud”. Hay dos frases de Pinochet, con las que concluye el discurso, que fortalecen esta tesis. En la primera, Pinochet, señala que su confianza está puesta en Dios, en el pueblo de Chile, sumergido en el peso de la noche[12] de la obediencia servil, y “en nuestras Fuerzas Armadas y de Orden que, con patriotismo, hoy guían sus destinos; y, “el futuro de Chile está en vosotros, cuya grandeza estamos labrando[13]. Los chilenos son meros espectadores de la escena de la conformación nacional, puesto que no son libres. Puede sonar a “anarquismo”, pero la libertad verdadera, en mí opinión, es la ausencia de la ley. Y cuando son otros los que guían destino y labran nuestra grandeza nos posicionan en la esfera de la esclavitud. Si ellos, se colocan en la posición de instrumentos divinos, los ciudadanos son rebajados a una condición infra-humana. Ellos asisten al presente y futuro que trazan otros. Y al tener un designio, una mirada teleológica, que emana de “lo alto”, nos encaminan a las veredas del progreso, a las que difícilmente llegaríamos mediante nuestras capacidades humanas.

Toda esta construcción mítica, que yo, desde mí posición, considero injusta, destructora, alienante, inhumana, hasta irrisoria y ridícula, no deja de ser una construcción racional, y por ende, puede constituirse en un piso sobre el cual se funda la construcción del “nuevo” Estado. Esto, y en primera instancia, porque el mito es un retrato imaginario de lo real.. Para Habermas, un retrato proporciona “un ángulo de mira bajo el que la persona representada aparece de una determinada manera…Del mismo modo, las imágenes del mundo fijan el marco categorial en cuyo seno todo lo que acaece en el mundo puede interpretarse de determinada manera como algo. Y al igual que los retratos, tampoco las imágenes del mundo pueden ser verdaderas o falsas”[14]. Un retrato, al igual que una imagen, en el mundo habermasiano, simplemente, es. Ahora bien, esta tesis se ve reforzada habla de la paradoja de la irracionalidad que, a la vez, es racionalidad. Él argumenta: “Quien sistemáticamente se engaña sobre sí mismo se está comportando irracionalmente, pero quien es capaz de dejarse ilustrar sobre su irracionalidad, no solamente dispone de la racionalidad de un agente capaz de juzgar y actuar racionalmente con arreglo a fines, de la racionalidad de un sujeto moralmente lúcido y digno de confianza en asuntos práctico-morales, de la racionalidad de un sujeto sensible en sus valoraciones y estéticamente capaz, sino también de la fuerza de comportarse reflexivamente frente a su propia subjetividad y penetrar las coacciones irracionales a que pueden estar sistemáticamente sometidas sus manifestaciones cognitivas, sus manifestaciones práctico-morales y sus manifestaciones práctico-estéticas”[15]

Esta construcción irracional-racional, ha permitido la configuración de Estado, que opera bajo la lógica de lo que Habermas llama el “mundo de la vida”, este, según lo planteado en clases, que emana del pensamiento del filósofo y sociólogo alemán, se refiere a la dimensión simbólica de la sociedad. Es el “mundo de la vida” el que permite a los individuos y adoptar a los grupos “orientaciones racionales de acción”[16]. Esta orientación, viabiliza, a quienes comparten ése “mundo de la vida”, la posibilidad de configurar racionalmente sus vidas[17]. Esta racionalidad para Habermas posee una serie de signos que la identifican: afirmaciones fundadas, acciones eficientes, acciones reguladas por normas y autorrepresentaciones específicas[18]. Los dos últimos signos, corresponden a la ampliación de la racionalidad realizada por Habermas. No está demás decir, que el proyecto de construcción de un Estado de nuevo cuño, impulsado por la dictadura, opera bajo las lógicas de la racionalidad, tal y como Habermas lo plantea. De hecho, en nuestra reflexión de la fundamentación mítica de dicho programa, se habló de las autorrepresentaciones específicas, las que son racionales, al operar bajo valores culturales[19]. Es decir, el mito es el reflejo de una cultura que valora sobremanera el orden, sus héroes, la divinidad  y la tradición. Eso permite hablar de la “raza chilena” y, no sólo eso, establecer un juicio de valor al hablar del “chileno de verdad”, uno que al igual que la señalética de detención frente a los trenes, para, mira y escucha, pero no actúa. Esto porque es obediente al destino que ha trazado Dios. Y si no lo ve de esa manera, “por lo menos”, es obediente al destino trazado a la sombra de las bayonetas. Si bien es cierto, Habermas plantea que las “coacciones” no son racionales, en este caso, bajo la lógica de Pinochet, opera racionalmente en el tejido que el mismo ha diseñado. En primer lugar, porque opera con afirmaciones fundadas, las que, a su vez, actúan “bajo la normativa vigente”, lo que de por sí, es un acto racional[20]. El ejemplo que podríamos ocupar, es lo relativo a la violación de los Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos, por definición, son universales, inalienables, imprescriptibles e inamniestables. Pero Pinochet, y el “mundo de la vida” que configura y vive, hacen que lo vea de otra manera. El dictador menciona en su discurso, que ha rechazado un crédito externo, porque como condición, un país debía supervisar la situación de los derechos humanos en Chile. Frente a eso, Pinochet señala que la dignidad nacional no se “tranza” ni se “hipoteca”. Además, dice que la historia y la idiosincrasia chilena han sido forjadas en el respeto de la dignidad del hombre. Lo que sucedía en Chile, eran “limitaciones excepcionales”, impuestas a “ciertos derechos” en forma “transitoria”. La causa de esta ruptura es la “agresión marxista-leninista” que conduciría, indefectiblemente, hacia la anarquía. Esta actitud, fundamenta Pinochet, es contraria a una actitud “débil o demagógica frente al terrorismo”, lo cual, en sus propias palabras, es “complicidad por omisión, con una de las formas más brutales de violación de los derechos humanos”. En otras palabras, se considera esta ruptura violenta, la del golpe, como un “complemento duro”, “pero, necesario”, que permita “asegurar la liberación nacional”, “proyectar horizontes de paz y progreso” para el presente y futuro de Chile y, fundamentalmente, dar vida a un nuevo régimen político-institucional. Es decir, los crímenes de lesa humanidad, entre ellos, terrorismo de Estado, asesinato de centenares de opositores políticos, desaparición de muchos de ellos, torturas masivas y sistemáticas; todos estos actos humanos repugnantes, fueron hechos bajo la gran inspiración de salvar al país, de lo que el General Leigh denominó el “cáncer marxista”. Vale decir, esto se efectuó por el bien supremo de la patria. Dichos crímenes son, entonces, un mal menor. Ante esto, María Angélica Illanes señala: “El golpe militar de 1973 y la ferocidad desatada ante nuestros ojos estupefactos, corresponde al momento histórico es que estos otrora perros guardianes de rebaño, se transforman en lobos soltados al descampo de la patria, haciendo del día noche y del ciudadano libre un malhechor”[21]. No podemos llamar a lo bueno, malo o a lo malo, bueno. La destrucción física, moral o espiritual de otros seres humanos, que no son otra cosa que hermanos terrenos, no puede ser justificada con nada. Ningún horror justifica las atrocidades que se cometieron. Ninguno. El problema es que este pensamiento se ha asentado en la mentalidad de muchos chilenos, quienes a pesar de los informes Rettig y Valech, siguen creyendo que el golpe y la dictadura fueron un pronunciamiento legítimo de un sector de la sociedad. Y no sólo eso, dicho “pronunciamiento”, trajo éxito y estabilidad al país. Pero, ¿a costo de qué o quiénes? Nuestro sistema social, político y económico está asentado sobre miles de cuerpos de chilenos y ha sido regado con su sangre. Sangre a torrentes, resultado vivo y tangible de la violencia y la represión. Ahora bien, lo terrible del asunto, es que no sólo sería racional por el hecho de tener fundamentación, sino que, además, por haber actuado bajo la normativa vigente. Se violaron los derechos humanos, pero todo fue justificado bajo la legalidad establecida por quienes ostentaban la condición de jueces y partes. Y no sólo eso, en un arrebato de poder cuasi-omnímodo, lo borraron, con otras leyes. No sólo cumplieron labores mesiánicas al “salvar” a Chile del “caos y tinieblas” que se avecinaban, sino también, tienen el poder de re-orientar la historia y poner los “puntos finales”, donde ellos creen que lo amerita.

Todo lo anterior, se resume bajo una tesis que argumenta y solidifica la posición. Pinochet dijo: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. ¿Necesita esto de más comentarios? Si ustedes creen que sí, yo creo que el estómago no da para tanto. Bueno, es sólo mí opinión.

A la vez, la construcción de este “nuevo” Estado, es racional, porque posee acciones eficientes. Vale decir, que plantean una proyección que puede ser evaluada de manera objetiva y técnica. De hecho,la Dictadurada origen a un tipo de político y lo posiciona en las esferas de poder. Me refiero al tecnócrata. Esto se hace latente en una de las cualidades que posee la “nueva democracia” creada por Pinochet y compañía y, que veremos más adelante.

La importancia del discurso en Chacarillas, radica en que es aquí, donde Pinochet, presenta los “pasos fundamentales para avanzar en el proceso institucional del país”. Frente a esto, el 11 de septiembre del ’73, no sólo significa el derrocamiento de un gobierno “ilegítimo y fracasado”, sino, el término de un régimen político-institucional “ya agotado”, lo que comporta el “imperativo de construir uno nuevo”. Pinochet habla de una “obra eminentemente creadora”, pero “enraizada en la tradición nacional”. Esta obra deberá seguir, para ello, el “sendero del derecho”, el cual es resultado de la “evolución social” y su consecuente armonía, la cual debe co-existir con una nueva norma jurídica objetiva e impersonal, las que deben dar paso a una “nueva democracia”. ¿Cómo debiera ser ella, según Pinochet? Da una serie de cualidades “infaltables” en ella: “autoritaria”, “protegida”, “integrada”, “tecnificada” y “de auténtica participación social”[22]. Es autoritaria, porque posee una autoridad “fuerte y vigorosa”, que hace “imperar el orden jurídico”. Es protegida porque el Estado se encuentra comprometido con la libertad y dignidad del hombre y con los valores esenciales de la nacionalidad. De ahí emana una de las frases anteriormente vista: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. Es integradora, porque busca “robustecer” “el objetivo nacional” y “los objetivos permanentes de la nación”. Esta democracia busca la unidad de “la gran familia de ella”. Por ello, niega “la lucha de clases”, puesto que no existe ni debe existir. Esta negación, es también una negación por decreto[23]. Ahora bien, esta negación es hecha a lo que, comúnmente, algunos significan por “lucha de clases”. Esta lectura tiende a pensar a los marxistas como violentos, lo que daría cuenta de la “única” forma de llegar al poder: la fuerza. Pero el término no se refiere a eso. Marx, junto a Engels en el Manifiesto Comunista, al señalar que la historia de la humanidad ha sido una constante lucha de clases, se está refiriendo a la contradicción relacional, en términos sociales y económicos, que se han dado en la misma. En definitiva, estamos hablando de desigualdad, lo que es contradictorio, sobre todo, en sociedades liberales, o en todas las que propugnan la igualdad entre los seres humanos. La negación de esta lucha, es la negación de la clase, y cuando no existe clase, en tanto que diferenciación, ¿hacia qué orientar la política? ¿A dónde iremos, si ya no hay pobres ni oprimidos? En buena hora no existieran. Pero cuando es producto de una negación, vale decir, de una mentira, o de una verdad a medias, o lisa y llanamente, de una omisión, el futuro que emane de eso no puede ser muy auspicioso que digamos. Es Tecnificada, porque inserta la ciencia y la técnica en la discusión política, a través de los tecnócratas. Ellos buscan como aporte: “reducir el debate ideológico”, teniendo como sustento el “aporte de los más capaces”, en busca de “dar estabilidad al sistema”. Y, al final, de auténtica participación social. Esta se fundamenta en el principio de subsidiariedad. Ahora bien, se lleva a efecto, mediante la libertad económica, la cual, según Pinochet, se puede lograr “impedir la asfixia de las personas por la férula de un Estado omnipotente”. En este punto, una de las ideas fundamentales, es la del derecho a la propiedad, la que según Büchi, está por sobre los derechos vagos, como el del medioambiente.

Para llegar a ese proceso, habría que entenderlo, como uno en forma gradual, con tres pasos. Recuperación, del poder político integralmente asumido por las Fuerzas Armadas. Transición, en la que se pasaría de colaboración a la participación. Y al final, la etapa de Normalidad o consolidación, en la cual el poder es ejercido directamente por la civilidad, aunque las Fuerzas Armadas, cautelan las bases de la institucionalidad y la seguridad nacional. En el momento que habla en Chacarillas, Pinochet habla de que Chile está en la etapa de Recuperación yla Transición, debe comenzar antes de Diciembre del ’80, al  ser redactadala Constitución del ’80.

Cuando hablamos de Transición, estamos hablando, en términos estrictos, de “tránsito” o “paso de un estado a otro”. Pinochet, aunque suene irrisorio, dijo acerca de la Transición: “Así como los marxistas llaman pasar del sistema burgués a través de la dictadura del proletariado, nosotros también tenemos que pasar, y no se puede escapar, por la dictadura de la democracia, aun cuando no les gusta a algunos”[24]. Quizá este sea uno de los términos más repetidos en la política nacional. La estamos viviendo, o no, es la pregunta. Sí y no, dependiendo de la transición a la que nos referimos. Ya no vivimos la de Pinochet, desde el regreso a la democracia. Desde ese momento, se vive la normalidad o consolidación. Es decir, vivimos el Estado a la imagen y semejanza de Pinochet, sustentado en el mismo mito y en las mismas imágenes. Vale decir, nuestra democracia, es hija de la “nueva” creada por Pinochet, cuya definición desglosamos y contestamos. En cambio, hay una transición que comenzó, pero que no ha terminado y, al parecer, no ha avanzado mucho. Se trata de la Transición diseñada por la Concertación de Partidos por la Democracia. Un tránsito sin fin, “eterno”. Muchas veces, la gente gritó: “¡y va caer!, grito que se multiplicaba de voz en voz. Luego, con los gobiernos de la Concertación, no faltó acto por hacer, en el que alguien no gritara: ¡y ya cayó!… Pero seguimos, y seguiremos así, mientras no nos preguntó ¿para qué cayó? Insisto, vivimos en el Chile de Pinochet, diseñado, cortado y confeccionado por el militar. ¿Por qué no se ha hecho nada? Creo que hay dos razones. La primera tiene que ver con la “amnesia social”, la que es resultado de verdades “en la medida de lo posible”. Patricio Aylwin, en una ocasión señaló: “El pasado no se puede reconstruir. Ni podemos devolverle la vida a los muertos ni devolverle el trabajo a los que lo perdieron… El pasado se fue. Qué le vamos a hacer. Las injusticias la cometieron otros”[25]. Pero la más importante, en mi opinión, es la incapacidad, teórica y práctica, del movimiento político-social y artístico que configure una verdadera democracia, participativa, en la cual, la soberanía resida en los trabajadores. Esta idea la sintetizó el MAPU en un manifiesto: “la fortaleza de Pinochet reside en nuestra debilidad”[26] .

Frente a esto, tenemos dos armas para comenzar nuestra construcción: la memoria y la acción. Con respecto a la memoria, Gabriel Salazar señala: “No es tiempo de obediencia mecánica, sino de responsable desobediencia civil. Porque es tiempo de proyectar un país desde dentro y para dentro. Desde nosotros mismos y para nosotros mismos. Legítimamente. Igualitariamente. Sin mentirnos. Porque la soberanía sólo exige obedecerse a sí misma. Es autónoma, como el sol”[27]. Sobre la acción Foucault, dice lo siguiente: “Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas ‘absolutamente absolutos’, es porque, tras todas las aceptaciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan”[28].

Autonomía y sublevación… Es hora de comenzar a trabajar con ellas, para construir un país mejor. Al fin y al cabo, no tenemos nada que perder, excepto nuestras cadenas. En cambio tenemos un mundo entero por ganar[29].

 Luis Pino Moyano.

Santiago, Primavera de 2007.


[1] Contador, Ana María. Continuismo y discontinuismo en Chile. Selección de discursos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalvo, Salvador Allende y Augusto Pinochet. (Santiago: Bravo y Allende Editores, 1989).

[2] Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Tomo 1: Racionalidad de la acción y racionalización social. (Madrid: Taurus Ediciones, 1998), pp. 15-43; 69-110.

[3] Moulian, Tomás. Chile Actual: Anatomía de un mito. (Santiago: Lom Ediciones y Universidad Arcis, 1997), pp. 151, 171.

[4] Illanes, María Angélica. La Batalla de la Memoria. Ensayos históricos de nuestro siglo. Chile 1900-2000. (Santiago: Grupo Editorial Planeta, 2002), pp. 163-175. Correspondiente a la intervención en la presentación  del libro de Luis Moulian y Gloria Guerra, Frei, biografía de un estadista utópico, Santiago, 2000. El ensayo es intitulado en el libro de Illanes como: La Caída del Mito de la Diferencia.

[5] Citado por Habermas. Op. Cit., p. 74.

[6] Ibídem, p. 75.

[7] Entre las obras que reflexionan con respecto a dicha construcción están: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2005) y Loyola, Manuel y Grez, Sergio (compiladores). Los proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX. (Santiago: Ediciones Universidad Raúl Silva Henríquez, 2002).

[8] Illanes. Op. Cit., p. 166.

[9] Ibídem, p. 172.

[10] Ibídem, p. 172.

[11] Ibídem, p. 173.

[12] La frase entre las comas es mía. El concepto peso de la noche, fue elaborada por Diego Portales en su carta a Joaquín Tocornal. Valparaíso, 16 de Julio de 1832.

[13] Las acentuaciones son mías.

[14] Habermas. Op. Cit., p. 89.

[15] Ibídem, p. 41.

[16] Ibídem, p. 70.

[17] Ibídem, p. 71.

[18] Ibídem, p. 33, 34.

[19] Ibídem, p. 39.

[20] Ibídem, p. 38.

[21] Illanes. Op. Cit., p. 175.

[22] Compárese con lo planteado por Portales, en uno de sus textos epistolarios: “La república es el sistema que hay que adoptar, pero ¿sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes”. Citado en: De Ramón, Armando. Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000). (Santiago: Catalonia Ltda.., 2003), p. 73.

[23] El artículo 8 de la Constitución de 1980 rezaba: “Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito o contrario al ordenamiento institucional de la República”. En: Constitución Política de la República de Chile. (Santiago: División Nacional de Comunicación Social, Octubre de 1980), p. 3.

[24] Revista Cauce, 10 de septiembre de 1985. En: Correa, Sofía (et. al). Historia del siglo XX chileno. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2001), p. 322.

[25] Aylwin, Patricio, en: La Época, 6 de Agosto de 1993, p. 1. Citado por: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile: La historia reversa de la legitimidad. Proposiciones, Nº 24, Santiago, 1994, p. 92.

[26] Un Camino para Chile. Manifiesto del MAPU a los trabajadores y al pueblo. III pleno nacional en la clandestinidad. Marzo de 1980.

[27] Salazar, Gabriel. Proyectando país globalizado tras 220 años de vida “independiente” (o la revolución del hijo pródigo). En: Moulian, Tomás (Coordinador). Construir el Fututo. Aproximaciones a proyectos de país. Volumen 1. Colección Escafandra. (Santiago: LOM Ediciones, 2002), p. 203.

[28] Citado a modo de epígrafe en: Arancibia, Juan P. Extraviar a Foucault. (Santiago: Ediciones Palinodia, 2005), p. 7.

[29] Marx, Karl y Engels, Friedrich. El Manifiesto Comunista. (Buenos Aires: Centro Editor de Cultura, 2006), p. 94.

*Este fue un trabajo realizado en la cátedra de Comunidad y Sociedad, dictado por el Profesor Marcos Águirre (2007).


Elementos teóricos y metodológicos para estudiar a los partidos políticos y las militancias.

Clase magistral de la profesora Cristina Moyano Barahona en las IV Jornadas de Historia Política, organizadas por el Taller de Historia Política de la Universidad de Valparaíso, el miércoles 20 de octubre de 2010.


Memoria Rebelde, por SubVerso.

Canción de hip-hop de Subverso que da cuenta del bicentenario del estado-nación, planteando una re-lectura de la historia chilena.


Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana.

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Por Luis Emilio Recabarren.

 Algunas Palabras

Quiero trazar con expresiones sinceras los pensamientos que en mí se albergan sobre el siglo transcurrido bajo el régimen de la República, y procuraré que estas expresiones sean el retrato de la verdad, es decir, de la verdad como yo la comprendo, como yo la siento, ya que desgraciadamente existen diferencias para apreciar la verdad.

Esta conferencia que voy a desarrollar no es, ni puede ser, el fruto de expresiones antojadizas; es el resultado de reflexiones y de observaciones hechas durante cerca de un cuarto de siglo en medio de una vida llena de miserias y mirando en todos sus contornos miserias de todas clases.

No tengo valor moral para contrariar mis sentimientos y por esto yo no puedo bosquejar aquí otras cosas que expresiones de la vida vivida por el proletariado al cual pertenezco, comparándole a la vida vivida por la burguesía y hasta dónde es posible verla.

De sobra comprendo que mi conferencia, por ahora, va a encontrar muchos escollos, porque el modo de apreciar el desarrollo de la historia de un pueblo, es diferente, según sean las personas que le juzguen. Sin embargo, espero y confío en vuestra benevolencia, en vuestra cultura, en vuestro espíritu de observación y de estudio, que habréis de oír o de leer estas páginas tolerando bondadosamente la disconformidad que ellas arrojen con respecto a vuestro modo de pensar.

Hablar o escribir en sentido contrario a lo que parece pensar toda una nación o su mayoría, puede ser audacia y suele clasificarse de maldad. Mas, quien cree sinceramente que vive en la verdad no debe sentirse cohibido ni esclavizado para decir a sus semejantes lo que siente, sobre todo cuando esto se hace dentro del debido respeto para todos. Yo miro y veo por todas partes, generales alegrías y entusiasmos al acercarse cualquier ocasión de festividades, y yo en mi ser, en lo intimo de mi ser, no siento ni siquiera el contagio de esa alegría ni de ese entusiasmo. Más bien siento tristeza.

Y siento tristeza porque creo que aquellos que sienten alegrías viven en el mundo de las ilusiones, muy lejos de la verdad. Disculpadme si acaso hago mal en decir esto.

Hoy todo el mundo habla de grandezas y de progresos y les pondera y les ensalza considerando todo esto como propiedad común disfrutable por todos.

Yo quiero también hablar de esos progresos y de esas grandezas, pero me permitiréis que los coloque en el sitio que corresponde y que saque a la luz todas las miserias que están olvidadas u ocultas o que por ser ya demasiado comunes no nos preocupamos de ellas.

Esta conferencia va dividida en tres capítulos y un resumen para tratar por separado la situación del proletariado y la burguesía en el transcurso del siglo, en el orden social, político y económico.

Entremos, pues, en materia.

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Segunda Declaración de Historiadores en apoyo al pueblo mapuche.

Con dolor e indignación, los historiadores e historiadoras que suscribimos esta declaración, constatamos que la interpelación que le hiciéramos a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, en enero de 2008, en torno a acoger las demandas históricas del pueblo mapuche no sólo no ha sido escuchada, sino que, por el contrario, el cerco represivo y mediático se ha intensificado. Prueba de ello es el asesinato el miércoles 12 de agosto del joven comunero mapuche Jaime Mendoza Collío. Queremos, en consecuencia, ratificar ante el pueblo chileno y la comunidad internacional lo señalado hace un año y medio atrás.

1. Rechazamos la militarización del Gulumapu (territorio histórico del pueblo mapuche), la instauración de un régimen permanente de vigilancia y terror policial, el encarcelamiento y procesamiento de comuneros mapuches y el cobarde asesinato de Jaime Mendoza Collío.

2. Consideramos que situaciones de esta naturaleza tienen una larga génesis histórica, que arrancó con el proceso de conquista y ocupación militar de la Araucanía por las huestes españolas en el siglo XVI, cuando empezó el proceso de usurpación de las tierras indígenas. Si bien la resistencia mapuche logró contener durante los siglos coloniales y en las primeras décadas republicanas el avance invasor, durante lasegunda mitad del siglo XIX, a medida que el Estado nacional chileno se consolidaba, nuevamente la clase dominante fijó sus ojos en esos territorios, desplegando la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, que culminó con el despojo violento de las tierras del pueblo mapuche y su confinamiento en reducciones que han perpetuado su pobreza, marginación y discriminación hasta nuestros días.

3. Desde entonces la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales no ha cesado aunque se ha manifestado de manera diversa y ha conocido avances y retrocesos según los momentos históricos. Comenzando con la constitución de las primeras organizaciones mapuches (mutualistas y culturales) a comienzos del siglo XX hasta las actuales recuperaciones de tierras, pasando por la participación en partidos políticos, el levantamiento de Ranquil de 1934 (en alianza con campesinos pobres chilenos) y las “corridas de cerco” de los años de la Reforma Agraria, se puede observar una notable continuidad histórica en las demandas de tierra, justicia y libertad de este pueblo.

4. En los últimos años las reivindicaciones históricas mapuches han sido enfrentadas por el Estado de Chile de manera esencialmente judicial y policial, criminalizando sus luchas y negándose al reconocimiento de su autonomía como pueblo. Esto se ha traducido en una creciente militarización de la Araucanía, la aplicación de la Ley Antiterrorista, heredada de la dictadura militar, y el cerco mediático oficial respecto de la realidad que se vive en ese territorio.

5. Los principales agentes del Estado, al igual que las autoridades regionales y locales de la Araucanía, los partidos políticos representados en el Parlamento, las organizaciones empresariales y la mayoría de los medios de comunicación social han patrocinado o avalado esta ofensiva represiva contra las comunidades mapuches, guardando un silencio cómplice o deformando groseramente lo que está ocurriendo.

6. Esta situación requiere un drástico cambio de política del Estado de Chile, que debe asumir un reconocimiento pleno de la diversidad de pueblos originarios existente en nuestro país, lo que implica, entre otros puntos, la autonomía política de las comunidades indígenas, la devolución de sus tierras arbitrariamente usurpadas en base al “derecho de Conquista” y el pleno respeto de los Derechos Humanos de sus integrantes.

7. Frente a la justicia de las demandas históricas del pueblo mapuche y teniendo presente el actual escenario represivo que el Estado chileno ha configurado en la Araucanía, manifestamos nuestra más profunda solidaridad con el pueblo mapuche y advertimos a las autoridades de gobierno que la violencia desatada por la policía en la región sólo legitima el derecho a la autodefensa de aquellos históricamente agredidos.

Santiago de Chile, 19 de agosto de 2009.

Sergio Grez Toso, Universidad de Chile.

Igor Goicovic Donoso, Universidad de Santiago de Chile.

Julio Pinto Vallejos, Universidad de Santiago de Chile.

Jorge Pinto Rodríguez, Universidad de La Frontera (Temuco).

Patrick Puigmail, Universidad de Los Lagos (Osorno).

Milton Godoy Orellana, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, Universidad Diego Portales.

Augusto Samaniego Mesías, Universidad de Santiago de Chile.

Margarita Iglesias Saldaña, Universidad de Chile.

Alberto Díaz Araya, Universidad de Tarapacá (Arica).

Pablo Aravena Núñez, Universidad de Valparaíso.

Alejandra Brito, Universidad de Concepción.

Manuel Loyola, Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez.

Pedro Rosas Aravena, Universidad ARCIS.

Luis Corvalán Márquez, Universidad de Valparaíso.

Nelson Castro, Universidad de Valparaíso.

Sergio Caniuqueo Huircapán, Comunidad de Historiadores Mapuche.

Luis Vitale Cometa, Universidad de Chile.

Claudia Videla, Universidad de Chile.

Karen Alfaro Monsalve, Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa (Concepción).

Pablo Artaza Barrios, Universidad de Chile.

Alexis Meza Sánchez, Universidad ARCIS.

Patricio Quiroga Zamora, Universidad de Valparaíso.

Claudio Robles, Universidad Austral de Chile (Valdivia).

Beatriz Areyuna Ibarra, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Mario Valdés Vera, Universidad ARCIS (Concepción).

Leonardo León Solís, Universidad de Chile.

Claudio Pérez Silva, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

César Leyton Robinson, Universidad de Chile.

Manuel Fernández Gaete, Universidad Bolivariana (Los Ángeles).

Ivette Lozoya López, Universidad de Santiago de Chile.

Marcos Fernández Labbé, Universidad Alberto Hurtado.

César Cerda Albarracín, Universidad Tecnológica Metropolitana.

Alberto Harambour Ross, Universidad Diego Portales.

Pedro Canales Tapia, Universidad Pedro de Valdivia (La Serena).

Daniel Palma, Universidad ARCIS.

Eduardo Palma, Universidad de Chile.

Claudio Barrientos, Universidad Diego Portales.

José Luis Martínez Cereceda, Universidad de Chile.

Francis Goicovich, Universidad de Chile.

Jorge Iturriaga, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Juri Carvajal Bañados, Universidad de Chile.

Juan Carlos Gómez Leyton, Universidad ARCIS.

Marcelo Mella Polanco, Universidad de Santiago de Chile.

Eduardo Cruzat C., Universidad ARCIS (Cañete).

Cristina Moyano Barahona, Universidad de Santiago de Chile.

Sebastián Leiva, Universidad ARCIS.

Lucía Valencia Castañeda, Universidad de Santiago de Chile.

Rodrigo Sánchez, Universidad de Chile.

Fabio Moraga Valle, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Robinson Silva Hidalgo, Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa (Concepción).

Juan Guillermo Muñoz, Universidad de Santiago de Chile.

Carolina Andaur Marín, Universidad de Talca.


Declaración Comunidad de Historiadores Mapuche.

Desde lo más profundo de nuestro corazón expresamos nuestra pena e ira ante el cobarde asesinato de nuestro peñi JAIME FACUNDO MENDOZA COLLIO, por parte de Carabineros de Chile. Institución que, junto al propio Estado y clase política chilena, ha quedado históricamente impune ante la muerte, tortura y permanente vulneración de derechos humanos de personas mapuche.

Observamos con estupor cómo carabineros ha asesinado impunemente a Alex Lemun y Matías Catrileo, este último también muerto cobardemente por la espalda durante un legítimo proceso de recuperación territorial. Existe impunidad cuando se reprime a mansalva y el resultado termina con más de un centenar de heridos a perdigones, personas fracturadas por el uso de fuerza desmedida, niños traumatizados por los continuos allanamientos a sus casas en las comunidades. Sin contar con la cantidad indeterminada de montajes policiales, que van desde la manipulación de evidencias, testigos encubiertos, robo de madera, por nombrar algunas de las muchas irregularidades de las cuales han sido participe carabineros, en complicidad con el Ministerio Público y el Ministerio del Interior, avaladas con las querellas que ha interpuesto el Estado, principalmente la intendencia e invocando a las leyes de Seguridad Interior del Estado y Antiterrorista.

El proceso de recuperación territorial del cual participaba nuestro peñi MENDOZA COLLIO, es expresión del legítimo derecho a recuperar el territorio que históricamente fue nuestro hasta la Invasión del Estado Chileno. Derecho que le cabe a cualquier persona mapuche. Su asesinato es un acto repugnante de amedrentamiento, expresión del Terrorismo de Estado.

A esta altura resulta una farsa la actitud de quienes criticaron (o dicen haber criticado) el Terrorismo de Estado y hoy lo aplican para profundizar el despojo, el saqueo y el colonialismo. Sindicamos a Bachelet y su gobierno como los principales responsables de lo ocurrido, por haber permitido que se prolongue el genocidio hacia nuestro pueblo y no haber atendido a la naturaleza de nuestras reivindicaciones, favoreciendo, por otro lado, el despliegue y las acciones sin contrapeso de los agentes del modelo Neoliberal que nos mantiene oprimidos. Bachelet pasará a la historia como la presidenta mujer que dejo en la impunidad los asesinatos de nuestros weichafe. Perez Yoma como un fascista, que al igual que su padre, cree que los problemas sociales se solucionan matando a las personas o entregando migajas mediante políticas y programas indigenistas. Y Rosende, fiel representante de una derecha que hoy se esconde al interior de la concertación. Qué hablar de las autoridades regionales, ante su nula capacidad de sentarse con las comunidades para dialogar, sin duda guiados por sus ineptos asesores en materia indígena. Un punto a parte nos merece Egaña y su carácter de Alto Comisionado, pues solo figurará en la historia como una pobre maniobra distractiva de propaganda en los medios de comunicación y el escenario internacional.

Ahora la historia mapuche no la escriben los perros falderos Concertacionistas, hoy en cada comunidad se están levantando pu weupife pu inakefe, retomando nuestros relatos, reconstruyendo nuestra historia de autonomía y libredeterminación. Aquella que el colonialismo truncó y que por más represión y clientelismo multicultural, volveremos a reconstruir. Ya no es privilegio de la Academia Universitaria el relato de nuestro pasado. Sin embargo agradecemos a todas las personas, a los historiadores y cientistas sociales chilenos que han demostrado su solidaridad con nuestro pueblo y un compromiso con la verdad histórica.

No pasamos por alto el hecho que cada vez que uno de los nuestros ha sido asesinado por agentes del estado, la clase política chilena (concertación y derecha principalmente), junto a los mandos policiales se hacen parte de un silencio cómplice y complacido de los grupos económicos. Toman posición para justificar la represión, la violencia y la muerte contra nuestro pueblo, traduciéndose en la implementación de iniciativas políticas distractivas e inoficiosas como la creación de la figura del Comisionado Presidencial inmediatamente posterior al asesinato de Matías Catrileo. En este sentido entendemos el reciente anuncio del gobierno de Bachelet de enviar a la región una Comisión Especial compuesta por el mismo Comisionado Presidencial y la Ministra de Planificación, entre otros.

Estos datos de nuestra historia reciente nos obligan lograr una coordinación mínima en torno a un plan de acción común como pueblo, donde la movilización social como mecanismo de presión para avanzar hacia la conquista de nuestros derechos colectivos sea la base de un necesario acuerdo.

Saludamos y respaldamos a todos aquellos peñi y lamngen que continúan en la lucha, que le dan mayor sentido al sacrificio de nuestros mártires. Del mismo modo nos hacemos parte de la pena que sufre hoy la familia de nuestro peñi JAIME FACUNDO MENDOZA COLLIO.

Comunidad de Historiadores Mapuche

Wajmapu, Nación Mapuche

Pablo Mariman Quemenado

José Millalen Paillal

Rodrigo Levil Chicahual

Héctor Nahuelpan Moreno

Sergio Caniuqueo Huircapan

Tomado de http://ukhamawa.blogspot.com


Discursos de Salvador Allende el 11 de Septiembre de 1973.

Santiago de Chile, Martes 11 de Septiembre de 1973.

7:55 A.M. Radio Corporación

Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero Presidente de la República.

8:15 A.M.

Trabajadores de Chile:

Les habla el Presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la Provincia de Valparaíso. He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar la instrucciones que emanan de la Presidencia. Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el Palacio de La Moneda defendiendo el Gobierno de los Trabajadores. Tengan la certeza que haré respetar la voluntad del pueblo que me entregara el mando de la nación hasta el 4 de Noviembre de 1976. Deben permanecer atentos en sus sitios de trabajo a la espera de mis informaciones. Las fuerzas leales respetando el juramento hecho a las autoridades, junto a los trabajadores organizados, aplastarán el golpe fascista que amenaza a la Patria.

8:45 A.M.

Compañeros que me escuchan:

La situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en que participan la mayoría de las Fuerzas Armadas. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras dichas el año 1971, se las digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo. Si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en La Moneda inclusive a costa de mi propia vida.

9:03 A.M. Radio Magallanes

En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato conciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra… rota la doctrina de las Fuerzas Armadas.

El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

9:10 AM

Amigos míos. Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros.

Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.

La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños.

Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha.

Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


TERCER MANIFIESTO DE HISTORIADORES: La Dictadura Militar y el Juicio de la Historia.

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I ¿Qué es el Juicio de la Historia?

Ante la muerte de Augusto Pinochet, numerosas personalidades públicas y medios de comunicación han declarado que la evaluación definitiva de su persona y su dictadura la hará el Juicio de la Historia. La mayoría de los seguidores de Pinochet, por ejemplo, piensan que ese juicio debe basarse en el óptimo estado actual de la economía chilena, lo que prueba la grandeza de su obra. Para la mayoría de sus víctimas y detractores, en cambio, ese juicio no puede sino fundarse en los crímenes, robos y abusos perpetrados por su dictadura, lo que prueba el origen deleznable del sistema que dejó en herencia.

Lo que resulta evidente, es que su dictadura dividió una vez más a la sociedad chilena en ganadores (beneficiados por ella) y perdedores (las víctimas y los perjudicados por el mercado). También es evidente que el Juicio Histórico posterior a eso no puede sino estar dividido. ¿Puede el Juicio de la Historia escindirse en perspectivas contrapuestas? ¿Puede ser un factor que reproduce el conflicto? ¿Qué es y cómo debe ser un real y legítimo Juicio de la Historia?

Es lógico pensar que, si la historia la hacen los hombres y las mujeres, la rectificación de los procesos históricos que se tornan anómalos y conflictivos la tienen que realizar los mismos hombres y mujeres. Pero ¿de qué modo? Desde luego: todos ellos, pero no divididos en ganadores (endémicos) y en perdedores (de siempre), sino en comunidad. Es decir: como ciudadanía en actitud de ejercer colectivamente su Poder Constituyente. De ser así, se deriva de eso que, si la mayoría de los chilenos está invocando el Juicio de la Historia, el único modo legítimo y racional de llevarlo a cabo es recuperando el principio supremo de la soberanía ciudadana. Recuperación que es factible cuando el mismo proceso histórico que se vive va en esa dirección.

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A propósito del 18.

 

Estamos a sólo horas de un nuevo 18 de Septiembre… en las calles comienzan a enarbolarse las banderas, desde los negocios sale el olor a las empanadas, “está buena la carne”, señala el comercial de una de las tantas empresas monopólicas del país… Hoy, comienza la temporada de fondas, y los periodistas hacen votos por ver a la Bachelet bailar un pie de cueca… y es que las tradiciones son importantes, dicen.

Todo eso, con el propósito de celebrar “nuestras” fiestas patrias… el 18, celebramos el “Día de la Independencia” y el 19, las “glorias de nuestro ejército”.

Partamos por la primera de las celebraciones. Pongámonos de pie… resuenan trompetas… “Día de la Independencia”. ¿Independencia? ¿De quién? Si nosotros vemos la historia, notaremos que la guerra de emancipación es un conflicto elitario. Es la lucha entre una misma clase. Es la lucha de la aristocracia criolla contra la aristocracia peninsular. También se nos señala a través de la historia, que es un proceso multicausal. ¿Cuáles son esas causas? Todas son causas que rodean, de una manera u otra, a la aristocracia. La fundamental, es que los criollos han sido dejados de lado, no eran tomados en cuenta para los cargos más importantes de la colonia hispánica. Sólo podían tener acceso algunos puestos de mediana importancia en el cabildo. Otra de las causas… el daño que habían producido algunas medidas económicas de la dinastía borbona, en la precaria industria “nacional”. ¿Quiénes son los dañados? Ellos. En especial, la aristocracia criolla. A ellos se les alzó los impuestos, ellos perdieron plata con la sobresaturación de mercaderías y la consecuente falta de circulante, y ellos fueron las víctimas del contrabando de los delincuentes del camino, de piratas y corsarios. Ellos son las víctimas del mal gobierno de García Carrasco… lo que se soluciona con su derrocamiento, y con la puesta de Mateo de Toro y Zambrano. Veamos a ese personaje. Un caballero anciano, 83 años, realista, manejable por su frágil memoria. Cómo será, que la prensa de farándula de la época (un chistecito no le hace mal a nadie), señalaba que el Conde de la Conquista (cargo comprado), se quedaba con la opinión del último que le hablaba. Ese fue el hombre que “dirigió” el cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1810. El principal acuerdo de esa reunión, en la que participaron los vecinos más virtuosos (concepto muy común en “La República” de Platón) y honorables de la ciudad de Santiago, fue el juramento de lealtad al rey Fernando VII, apresado por las fuerzas napoleónicas. Y ahí está el meollo del asunto… renació una concepción medieval, con respecto a la monarquía absoluta española. El concepto es más o menos así: Dios había delegado el poder al pueblo español, y el rey les gobernaba mediante el pueblo… Dios lo había querido así. Con el rey cautivo, el poder residió en el pueblo, evidentemente estamos hablando de la aristocracia, que por la defensa de sus intereses inauguró Juntas de Gobierno. Y así comienza la lucha de “nuestra” independencia. Lucha que cuando concluye con la batalla en los llanos del Maipo (1818), deja en el poder a un hijo de esta aristocracia, que asume un poder plenipotenciario… inauguró un gobierno republicano, pero en el cual el Director Supremo ejercía un poder cuasi-monárquico. Los libros de historia oficial, no muestran a los rotos. Y es que el “bajo pueblo” debía ser moralizado, disciplinado, enseñado. Por lo mismo, Portales, señala que la democracia es el “gobierno de los ilusos”… por eso, la necesidad de un gobierno autoritario y centralizador. A fines del siglo XIX, comienzan a surgir una serie de movimientos sociales (sindicales, mancomúnales, políticas)… Es ahí, donde sale a la luz, “el viejo topo de la historia” (Marx)… Pero, es una salida a la luz, desde la colonia en adelante, ese bajo pueblo fue oprimido, reprimido, humillado, subyugado. Entonces, el 18 celebramos la Independencia de una clase, la que ostenta el poder, no la del país.

Vueeeeeeelta! Llega el 19. La Parada Militar. Esa que nos hace recordar que estamos celebrando las glorias del Ejército. De ese que ha sido “siempre vencedor, jamás vencido”. ¿A quién ha vencido? No sólo a españoles, peruanos y bolivianos… con el que ha sido infranqueable es con el “enemigo interno”. Esa victoria la logró masacrando, aplastando a sangre y fuego a nuestros compatriotas, a sus compatriotas, en 1830, en 1851-1852, en 1859, en 1891, en 1901, en 1903, 1905, 1906, 1907, 1934, 1946, 1957, 1962, 1967, 1969, y desde 1973 a 1989, entre otras. No importaba… eran los pipiolos, “liberales rojos” y finalmente, eran los marxistas… qué importaban eran los “humanoides”. Lo fue aplastando a sangre y fuego a nuestros antepasados mapuches, en lo que los siúticos denominan pacificación de la Araucanía. Qué pacificación, fue una ocupación violenta. Es ese ejército, que nació para defender al pueblo, que está manchado con la sangre de sus hermanos.

Y esto no es lo que algunos elocuentes llaman “del pasado”. O lo que otros, un poquito más inteligentes, nos invitan a estudiar en su contexto. ¿Qué contexto? Nuestra nación fue forjada con el mal endémico de la desigualdad, del autoritarismo. Tenemos una democracia que ha sido tutelada por la sombra de las bayonetas. Las clases más bajas siguen siendo reprimidas, tal vez, no por las fuerzas policiales o militares, pero si por la exclusión. Es que como dijera María Angélica Illanes, el gobierno está más preocupado de construir una república, no una democracia. Por eso, escuchamos a la presidenta hablar de la importancia de los símbolos patrios, símbolos que tienen derechos (“nadie tiene el derecho de destruirlos”). Pero esos símbolos ¿a quiénes representan? A ellos. A los triunfadores.

Es tiempo, en los cuales debemos preocuparnos más de construir una verdadera democracia, que borre las exclusiones políticas, económicas y sociales. Es tiempo que la Independencia, nos alcance a todos, no sólo con las empanadas y la carne (tipo “pan y circo” romanos), sino la independencia de verdad. La que signifique nuestra autodeterminación, una verdadera soberanía popular. Y que cuando logremos eso, podamos cuidarlo con dientes y uñas, de aquellos que siempre nos han querido someter. Sólo ahí, los que no vivimos para el tiempo del gobierno popular, respiraremos, por vez primera, los aires de la libertad.

Puente Alto, 15 de septiembre de 2006.

Luis Pino Moyano.


Pensando en voz alta sobre “Los archivos del Cardenal”.

Hace un par de años atrás, Canal 13 puso en la pantalla la serie Los 80, la que, sin dudas, fue un éxito en sintonía. A propósito de ella hubo muchas conversaciones, motivados por los recuerdos y emociones de quienes vivimos en esa década. Fue una serie que hizo que hombres y mujeres, en el seno de sus hogares, se sentaran juntos frente a un televisor. Si bien es cierto, durante toda la serie hubo alusiones a lo político, el año pasado dicho contenido se explicitó, poniendo en escena la militancia activa de un joven frentista, Gabriel, quien tiene una relación sentimental con Claudia Herrera (Loreto Aravena). De hecho, Gabriel (Mario Horton) en el capítulo final de la temporada, fue sorprendido por un operativo de la CNI del cual sobrevive ajusticiando a uno de los integrantes del aparato represor. Claudia tiene que pasar a la clandestinidad. Final abierto. Final que dejó varias cosas en la palestra. Entre ellas, el poder performativo del lenguaje fílmico. Gabriel era un joven apuesto a quien nadie que veía la serie esperaba que muriera. Era algo así como “el jovencito de la película”. Eso rebota en la causa. Porque probablemente muchos televidentes, que anhelaban que Gabriel sobreviviera no estuvieron y/o no están de acuerdo con la causa propiciada por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Pero de una u otra forma, dicha causa política era legitimida en la figura de Gabriel. Su disparo ajustició, no asesinó.

Televisión Nacional de Chile, siguiendo el camino trazado por la serie Los 80, captando a su “público cautivo”, pone en escena la serie Los archivos del Cardenal. Desde que comenzó a publicitarse impactó a los televidentes. De hecho, en la hora convulsa que atravesamos socialmente, varios, que estaban en veredas lisas y cómodas durante el período dictatorial sacaron sus voces para señalar su molestia frente a esta representación. El senador Carlos Larraín, de Renovación Nacional, en las semanas previas al estreno televisivo de la serie señaló: la serie toma hechos que ocurrieron exactamente hace 40 años, pero que tiene connotación política evidente; la izquierda como víctima, y eso es lo que le da pábulo para actuar en política con cierto sentido de superioridad”[1]. Las palabras del senador resultan ser una publicidad a la inversa para la serie, precisamente por su “connotación política evidente”. El problema es que los medios televisivos, todos los días, transmiten una serie de programas con contenidos que no tienen “connotación política evidente”, para gran parte del público seducido por la imagen o por rostros que para muchos son creíbles. Esto hace recordar lo señalado por Pierre Bourdieu quien señaló que La televisión es un universo en el que se tiene la impresión de que los agentes sociales, por más que aparenten importancia, libertad, autonomía, e incluso a veces gocen de un aura extraordinaria (basta con leer las revistas de televisión), son títeres de unas exigencias que hay que describir, de una estructura que hay que liberar de su ganga y sacar a la luz”[2]. Es ese contenido menos evidente el peligroso, en tanto se presenta como la verdad y no como una interpretación de la realidad.

Los archivos del Cardenal explícita el contenido político. Las imágenes, los conceptos, la música, todo el constructo escénico nos hace saber qué veremos antes de que la serie sea estrenada. Tal vez no conozcamos la trama de la obra de ficción, pero conocemos el tramado histórico en el cual subyace. De hecho, en el primer capítulo nos encontramos con el caso de los “Hornos de Lonquén”, en el cual se encontraron los restos de quince hombres entre 15 y 51 años. En las imágenes del próximo capítulo  se muestra la expropiación de la bandera chilena con la que se juró la independencia, acto político realizado por el MIR.

Si me pidieran sintetizar en dos conceptos el primer capítulo de la serie, tendría que decir: víctima y miedo. No es la víctima conceptualizada por Larraín, sino más bien, es la víctima de la tortura, el asesinato, la desaparición. Y es que la Vicaría de la Solidaridad fue clave a la hora de impulsar la defensa contra las violaciones a los Derechos Humanos. La víctima, en sí misma, es humana, lo que le escinde de su militancia política. Como humano no debió sufrir los rigores de la dictadura. Claramente, se debe reconocer la tarea de las iglesias, sobre todo de la Iglesia Católica, que oficialmente no se puso del lado del gobierno (como en el caso argentino, por ejemplo), defendiendo a los que sufren, la búsqueda del establecimiento de “verdad y justicia” (ambos ideales bíblicos) y, además, condenando la acción represiva impulsada por el régimen de facto. Esa fue una mano potente alzada en defensa de los familiares de ejecutados, torturados y desaparecidos. ¡Qué duda cabe! Pero si hacemos una  mirada crítica a dicho proceso, tenemos que decir que dicha esencialización, centrada en la figura del ser humano, olvida al militante. Como esencialización es ahistórica. Olvida que quienes murieron, fueron torturados o desaparecieron fueron llevados a dicha situación de manera forzosa por encarnar al enemigo interno, ése que atentaba contra el orden establecido por la clase dominante. Lo que, en otras palabras, olvida o deja en segundo plano, el proyecto histórico que buscaban concretizar. Y es que no podemos ponerle palabras al dolor, representado genialmente por Los archivos del Cardenal, pero si algo estaba “lleno de palabras” y de sentido, era la causa y las luchas encabezadas por el movimiento político-social de izquierdas en la larga jornada, que, entre otros logros, llevó a Salvador Allende al gobierno.

Por otro lado, decíamos que en el primer capítulo de la serie nos encontramos con el miedo. Y es el miedo ante la “seriedad de la muerte”. Muchos optaron por el silencio, por cerrar sus ojos y tapar sus oídos para no ver lo que sucedía afuera de sus mundos particulares. El miedo, desde la otra vereda, se ve en el secreto, en el cuidado que se debe tener con la información. Y es que cualquiera puede ser un sapo. Eso queda graficado de manera elocuente en la escena en la que Ramón Sarmiento (Benjamín Vicuña) conversa con su amigo carabinero, que participó en la detención y ejecución de un amigo común, Luis Emilio, nieto de la nana de Ramón. El uniformado le señala que lo último que le dice Luis Emilio fue: “me estai palanqueando”. Y antes de cualquier condena moral (¡participó en el asesinato de su amigo!) le señala a Ramón: “ya no se puede confiar en los amigos”. Ese miedo, construido por la teatralidad terrorista, es, sin duda, la obra más sólida de la dictadura. El miedo traspasa los límites del 11 de marzo de 1990. Actúa como dijera Max Weber: “una cantidad suficiente de bayonetazos en el momento preciso genera la cultura del temor, que dura más tiempo que el bayonetazo”.

Es prematuro establecer juicios sobre la serie Los archivos del Cardenal, luego de ver su primer capítulo, por lo que estas líneas deben ser tenidas como pensamientos en voz alta. Como interrogantes que se dilucidarán cuando conozcamos el tramado en su totalidad. A lo largo de las semanas veremos si a los conceptos de víctima y miedo, se suman las de militancia y proyecto histórico. Por el momento, agradecemos a Televisión Nacional de Chile por poner al aire Los archivos del Cardenal, porque renueva nuestras razones para conversar, reflexionar y debatir sobre nuestro pasado reciente y, porque llega en un momento de nuestra historia en el cual las calles se llenan de gritos y colores, por la emergencia de luchas contra el orden construido por la dictadura, potenciado por los gobiernos de la Concertación y radicalizado y legitimado por el actual gobierno. Es la reflexión sobre nuestro pasado-presente, unida a la acción política y social las que coadyuvan a la destrucción del miedo y nos permiten proyectar un mejor futuro.

Luis Pino Moyano.


[1] “Carlos Larraín pataleó en La Moneda por ‘Los archivos del Cardenal’”. The Clinic. 13 de julio de 2011. Disponible en: http://www.theclinic.cl/2011/07/13/carlos-larrain-pataleo-en-la-moneda-por-los-archivos-del-cardenal/ (revisada el 22 de julio de 2011).

[2] Bourdieu, Pierre. Sobre la televisión. Barcelona, Editorial Anagrama, 1997, p. 53.


El Primer año de Allende, según Eric Hobsbawm.

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 Que el traspaso constitucional del poder y una transición pacífica al socialismo son posibles ha sido admitido por los marxistas teóricamente desde que Marx lo puso por escrito en 1872. La perspectiva de semejante transición, empero, permanece sombría.

Los escritos marxistas al respecto son escasos y abstractos, probablemente porque casi no hay experiencias prácticas relevantes para esa discusión. Hasta el momento ninguna economía socialista ha llegado a existir, si no a través de transferencias violentas o inconstitucionales del poder. Esto hace del caso de Chile hoy [septiembre de 1971] algo bastante único. Hasta noviembre de 1970, cuando Salvador Allende asumió la presidencia, los casos que podían pretender ser transiciones legales al socialismo pertenecían a tres tipos, todos igualmente inútiles como precedentes. Primero, hay montones de ejemplos de transferencias del poder, pacíficas o no, a gobiernos socialdemócratas o laboristas. Desafortunadamente, ninguno de ellos hizo ningún intento para introducir el socialismo y la mayoría ni siquiera quería hacerlo. Segundo, tenemos los frentes populares de los años ’30… [Pero] de hecho, el objetivo político inmediato de tales gobiernos fue defensivo –hacer retroceder la marea del fascismo- y muy rara vez tuvieron la oportunidad de ir más allá de eso… Tercero, hubo gobiernos de unión antifascista que surgieron de la lucha contra Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial en muchos países europeos… Sin embargo, aún si no consideramos la lucha armada a partir de la cual estos regímenes emergieron, el rápido quiebre de los frentes antifascistas nacionales e internacional acabaron muy pronto con esta perspectiva… Por ello la situación en el Chile de Allende no tiene precedentes. No puede haber ninguna duda de que la meta del gobierno de la Unidad Popular es el socialismo…

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Declaración Pública (Primera declaración de Historiadores a favor del pueblo mapuche).

En presencia de los gravísimos acontecimientos acaecidos últimamente en la Araucanía, que han significado la virtual militarización del territorio histórico del pueblo mapuche, la instauración de un régimen permanente de vigilancia y terror policial y el asesinato del joven estudiante y comunero Matías Catrileo Quezada por miembros del cuerpo de Carabineros de Chile, y ante la indiferencia de las principales autoridades del Estado frente a la huelga de hambre de los prisioneros políticos mapuches, los historiadores e historiadoras abajo firmantes declaramos:

1.- Los hechos mencionados tienen una larga génesis histórica, que arrancó con el proceso de conquista y ocupación militar de la Araucanía por las huestes españolas en el siglo XVI, cuando empezó el proceso de usurpación de las tierras indígenas. Si bien la resistencia mapuche logró contener durante los siglos coloniales y en las primeras décadas republicanas el avance invasor, durante la segunda mitad del siglo XIX, a medida que el Estado nacional chileno se consolidaba, nuevamente la clase dominante fijó sus ojos en esos territorios, desplegando la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, que culminó con el despojo violento de las tierras del pueblo mapuche y su confinamiento en reducciones que han perpetuado su pobreza, marginación y discriminación hasta nuestros días.

2.- Desde entonces la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales no ha cesado aunque se ha manifestado de manera diversa y ha conocido avances y retrocesos según los momentos históricos. Comenzando con la constitución de las primeras organizaciones mapuches (mutualistas y culturales) a comienzos del siglo XX hasta las actuales recuperaciones de tierras, pasando por la participación en partidos políticos, el levantamiento de Ranquil de 1934 (en alianza con campesinos pobres chilenos) y las “corridas de cerco” de los años de la Reforma Agraria, se puede observar una notable continuidad histórica en las demandas de tierra, justicia y libertad de este pueblo.

3.- En los últimos años las reivindicaciones históricas mapuches han sido enfrentadas por el Estado de Chile de manera esencialmente judicial y policial, criminalizando sus luchas y negándose al reconocimiento de su autonomía como pueblo. Esto se ha traducido en una creciente militarización de la Araucanía, la aplicación de la Ley Antiterrorista, heredada de la dictadura militar, y el cerco mediático oficial respecto de la realidad que se vive en ese territorio.

4.- Los principales agentes del Estado, al igual que las autoridades regionales y locales de la Araucanía, los partidos políticos representados en el Parlamento, las organizaciones empresariales y la mayoría de los medios de comunicación social han patrocinado o avalado esta ofensiva represiva contra las comunidades mapuches, guardando un silencio cómplice o deformando groseramente lo que está ocurriendo.

5.- Esta situación requiere un drástico cambio de política del Estado de Chile, que debe asumir un reconocimiento pleno de la diversidad de pueblos originarios existente en nuestro país, lo que implica, entre otros puntos, la autonomía política de las comunidades indígenas, la devolución de sus tierras arbitrariamente usurpadas en base al “derecho de Conquista” y el pleno respeto de los Derechos Humanos de sus integrantes.

Santiago, 10 de enero de 2008.

– Sergio Grez Toso, Director Magíster de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, académico de la Universidad de Chile.

- Igor Goicovic Donoso, académico de la Universidad Santiago de Chile.

- Julio Pinto Vallejos, académico de la Universidad Santiago de Chile.

- Alexis Meza Sánchez, Director de Currículum de la Universidad ARCIS, miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale”.

- Pablo Marimán Quemenado, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

- Sebastián Leiva, académico de la Universidad ARCIS.

- Carmen González Martínez, académica de la Universidad de Murcia, España.

- Rolando Álvarez Vallejos, académico Universidad de la ARCIS, investigador del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz.

- Karen Alfaro Monsalve, académica de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

- Daniel Palma Alvarado, académico de las universidades ARCIS y Alberto Hurtado.

- Patricio Herrera González, académico de la Universidad de Valparaíso.

- Alicia Salomone, académica de la Universidad de Chile.

- Mario Valdés Vera, coordinador Carrera de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, Bío-Bío.

- José Luis Cifuentes Toledo, académico de las universidades ARCIS (Bío-Bío) y Bolivariana de Los Ángeles.

- Gabriel Salazar Vergara, Premio Nacional de Historia, académico de la Universidad de Chile.

- Felipe A. Lagos Rojas, Magíster © en Estudios Latinoamericanos.

- Alex Díaz Villouta, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

- Claudia Zapata, académica de la Universidad de Chile.

- Marcos Fernández Labbé, académico de la Universidad Alberto Hurtado.

- José Luis Martínez Cereceda, Director de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

- Ricardo Vargas Morales, académico de la universidades ARCIS Bío-Bío y Bolivariana sede Los Ángeles.

- Eduardo Cruzat C., académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

- Margarita Iglesias Saldaña, Directora de Relaciones Internacionales de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

- Milton Godoy Orellana, académico de las univesidades de La Serena y Academia de Humanismo Cristiano.

- Fabio Moraga Valle, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

- Eduardo Godoy Sepúlveda, profesor del Preuniversitario Popular y Solidario Luis Emilio Recabarren González, Pedro Aguirre Cerda, Santiago.

- Alberto Díaz Araya, académico de la Universidad Bolivariana sede Iquique.

- Pablo Artaza Barrios, académico de la Universidad de Chile.

- Francis Goicovic, académico de la Universidad de Chile.

- Pablo Aravena Núñez, Jefe de Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de Viña del Mar.

- Nancy Fernández Mella, académica de la Universidad de Talca.

- Mario Garcés Durán, académico de la Universidad de Santiago de Chile, Director de ECO, Educación y Comunicaciones.

- Elisabet Prudant Soto, ayudante de la Escuela de Historia Universidad Diego Portales.

- María Angélica Illanes, académica de la Universidad Austral, Valdivia.

- Pedro Rosas Aravena, Director de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.

- Simón Castillo Fernández, Magíster © en Historia, Universidad de Chile.

- Carlos Vivallos Espinoza, Investigador CONICYT/Fondecyt de la Universidad de Concepción.

- Luis Corvalán Márquez, académico de las universidades de Santiago de Chile (USACH) y de Valparaíso.

- Raúl Núñez Muñoz, académico de la Universidad de Los Lagos.

- Augusto Samaniego, Director del Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile.

- Alberto Harambour Ross, académico de la Universidad ARCIS.

- Jorge Magasich, académico del Institut des Hautes Études des Communications Sociales, Bruselas, Bélgica.

- Carlos Ruiz Rodríguez, académico de la Universidad de Santiago de Chile.

- Jaime Insunza Becker, Vice-rector Académico de la Universidad ARCIS.

- Carlos Sandoval Ambiado, académico de las universidades Bolivariana y del Mar.

- Juan Carlos Gómez Leyton, Director del Doctorado en Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad ARCIS.

- Beatriz Areyuna Ibarra, Jefa de la Carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

- Hernán Venegas Valdebenito, académico de la Universidad de Santiago.

- Manuel Fernández Gaete, Director Sede Los Ángeles de la Universidad Bolivariana.

- Leonardo León Solís, académico de la Universidad de Chile.

- Miguel Rojas-Mix, Doctor honoris causa de la Universidad de Santiago de Chile y de otras universidades de América y Europa.

- Jorge Rivas Medina, Magíster © en Historia de la Universidad de Santiago de Chile.

- Pedro Canales Tapia, académico de la Universidad Pedro de Valdivia, La Serena.

- Marcela Cubillos Poblete, Directora de la Escuela de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de La Serena.

- María Valeria Frindt Carretón, profesora de Historia del Arte e Historia del Diseño.

- Leonardo Mazzei de Grazia, académico de la Universidad de Concepción.

- Claudio Robles Ortiz, académico de la Universidad de Concepción.

- Iván Ljubetic, investigador del Centro de Extensión Luis Emilio Recabarren.

- Alejandra Brito Peña, académica Universidad de Concepción.

- Claudio Pérez, académico Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.

- Luis Jara Urrea, profesor de Historia y Geografía, Secretario CUT provincial Concepción.

- Juan Guillermo Muñoz Correa, académico de la Universidad de Santiago de Chile.

- Pedro Bravo Elizondo, académico de la Wichita State University, Estados Unidos.

- Cristián Castro, doctorando en Historia de la Universidad de California, Estados Unidos.

- Luis Alegría Licuime, académico de las universidades ARCIS y Academia de Humanismo Cristiano.

- Rogelio Alegría Herrera, académico de la Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.

- Carolina Andaur Marín, Doctoranda en Historia, El Colegio de México.

- Nelson Castro Flores, académico de la Universidad de Valparaíso.

- Enrique Fernández Darraz, historiador y Doctor en Sociología por el Instituto de Sociología de la Universidad Libre de Berlín.

- Patrick Puigmail, académico de la Universidad de Los Lagos, Osorno.

- Jorge Benítez, Coordinador Académico de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.

- José del Pozo, académico de la Université de Québec, Montreal, Canadá.


1890-1907: DE UNA HUELGA GENERAL A OTRA. CONTINUIDADES Y RUPTURAS DEL MOVIMIENTO POPULAR EN CHILE.

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Sergio Grez Toso.

Hemos escogido los años de 1890 y 1907 como puntos de observación de la evolución del movimiento popular en nuestro país durante la época del cambio de siglo y de la matanza de la escuela Santa María de Iquique, por tratarse de dos momentos de gran significado, dos hitos simbólicos de su historia.

Nuestra ponencia intentará trazar una caracterización general del movimiento popular en ambos instantes, y entregar algunos elementos explicativos de su desarrollo entre esas fechas.

El panorama que se proyectará no será tarapaqueño sino nacional (con el riesgo de etnocentrismo que ello implica), lo cual subraya su carácter general y la necesidad de contar con estudios monográficos que permitan avanzar en la construcción de una visión más rica y detallada que, dando cuenta de las diferencias regionales y locales, las integre en una perspectiva de conjunto nacional.

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LA GUERRA PREVENTIVA: ESCUELA SANTA MARÍA DE IQUIQUE. LAS RAZONES DEL PODER.

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Sergio Grez Toso.

INTRODUCCIÓN

¿Por qué se masacró a los huelguistas en Iquique el 21 de diciembre de 1907?

¿Cuál fue el sentido de la operación militar ordenada por el poder contra los obreros instalados en la Escuela Santa María y en la Plaza Manuel Montt?

Según Eduardo Devés, autor del principal estudio sobre este luctuoso acontecimiento, además de existir una contradicción de intereses entre los salitreros y el fisco, de un lado, y los trabajadores del otro, las autoridades estaban convencidas que los miles de obreros chilenos, peruanos y bolivianos que habían bajado desde la Pampa y unido su movimiento reivindicativo al de sus compañeros iquiqueños, constituían una amenaza real o potencial para la seguridad de la ciudadanía, para sus vidas y propiedades[1]. La negativa de los pampinos de abandonar la Escuela Santa María confirmaba a los ojos de las autoridades que eran un peligro real y que no iban a subordinarse a las exigencias patronales[2]. La suerte estaba echada.

Partiendo de esta interpretación, ampliamente probada por la investigación de su autor, quisiera ahondar en las motivaciones que tuvieron los dirigentes del Estado responsables de la masacre a través del análisis de sus comunicaciones y de las explicaciones que dieron a la opinión pública. Al mismo tiempo, intentaré avanzar una breve reflexión acerca del sentido general de este acto represivo en el contexto de los debates sobre la “cuestión social” en vísperas del Centenario de la Independencia de Chile.

Luego de una sucinta revisión de los hechos que condujeron al ametrallamiento de los trabajadores, analizaremos las justificaciones de los principales agentes del Estado más directamente involucrados en estos sucesos.

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Informe Valech: Perspectiva desde la historia.

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por Gabriel Salazar

No hay duda que el dramático testimonio de 28.000 chilenos torturados (que pudieron ser 100.000 si hubieran declarado todos los que vivieron de un modo u otro esa experiencia) en casi 1.200 recintos bajo control militar o policial, es una verdad que está siendo diluida al lado de afuera de la historia.

Recortar, parcelar, ocultar partes o toda la memoria de esas violaciones, es un crimen cívico que más tarde o más temprano verá renacer, en actitud justiciera, la memoria de los hechos. Pues el recuerdo colectivo de los crímenes contra el pueblo puede adormecerse, pero nunca extinguirse. Del Informe Valech han dicho diversos personeros públicos –con solemnes ademanes de autoridad– que tiene gran valor “ético”, pero ningún valor “judicial”. Lo cual equivale a decir que, según lo primero, ese Informe tiene virtudes que son, en cierto modo, anestésicas (tranquiliza conciencias de superficie) y que, de acuerdo a lo segundo, carece de utilidad práctica para hacer justicia (implicando que la única justicia es la que dictaminan los jueces).

Se comprende que, al convertir el Informe Valech en una verdad puramente ‘ética’, se le catapulta a la alta esfera de los valores trascendentales, donde, en medio de gestos compungidos, se podrían extinguir o sublimar las responsabilidades concretas que en ese Informe se denuncian. Y que, por otro lado, al aplicarle el trámite de la trabajosa verdad ‘judicial’, se le reduce a un gesto sin capacidad para producir sentencias y penalidades. Por un lado o por otro, por tanto, el Informe Valech está siendo empujado para entrar en la posteridad sólo como una elegante invitación para reconocer vagas responsabilidades ‘institucionales’ (general Cheyre), o anónimas responsabilidades ‘individuales’ (jefe de la Armada), o para emitir ‘mea culpas’ a nombre de la humanidad (políticos), o exhortaciones a dolerse de víctimas y victimarios (jefe de la Iglesia Católica), o dignos lavados de manos para quedar libres de toda “connivencia” (Corte Suprema).

No hay duda que el dramático testimonio de 28.000 chilenos torturados (que pudieron ser 100.000 si hubieran declarado todos los que vivieron de un modo u otro esa experiencia) en casi 1.200 recintos bajo control militar o policial, es una verdad que está siendo diluida al lado de afuera de la historia. Que está siendo despojada, en esencia, de su historicidad. Más aun: de su contenido político. ¿Y a nombre de qué? ¿A nombre, acaso, de los derechos humanos y soberanos de la ciudadanía? ¿O a nombre del encubrimiento y salvaguarda de los poderes fácticos que han modelado y controlado (y siguen controlando) el destino de la Nación?

¿Por qué, incluso, se pretende mantener oculto por 50 años los nombres de los que torturaron por sus propias manos y de los que, por su propia mente, permitieron y supervisaron la aplicación sistemática de la técnica política y militar de torturar? ¿Por qué publicar la verdad relativa a la víctima y no la relativa al victimario, por qué cercenar una verdad en la que están unidos ambos, los dos, indisolublemente, en los hechos, en los significados y en la posteridad?

Los testimonios recogidos en el Informe Valech, además de su valor ético o judicial, tienen el enorme valor de ser testimonios ciudadanos y, como tales, son testimonios nacionales. Y éstos no se validan sólo en ámbito ilimitado de lo ético o en el ámbito limitado de lo judicial, sino en el ámbito dinámico y expansivo de lo histórico y, sobre todo, de lo político.

Los historiadores sabemos que las certezas ciudadanas constituyen verdades históricas. Y que los testimonios del Informe Valech tienen ese carácter, lo prueba el hecho de que nadie ha osado dudar de ellos. Todos han debido desfilar ante ellos y reverenciar su verdad, pues ésta tiene la majestad soberana de la memoria histórica. Por esto, da lo mismo que sirvan para alimentar procesos judiciales o no (sin embargo, su contenido de verdad colectiva debiera tener peso judicial), porque su destino real es activar procesos históricos y políticos, que es donde se ejercitan los derechos de todos y adquiere sentido real la soberanía ciudadana (que a su vez está por encima de toda ley positiva, venga ésta de un consenso ciudadano previo, o de mano de un dictador).

Por esto mismo, es un delito de lesa soberanía asumir los testimonios nacionales por parcialidades, doliéndose junto a las víctimas pero apartando y ocultando a los victimarios carnales y políticos, individuales e institucionales, que violaron los derechos humanos y ciudadanos. Recortar, parcelar, ocultar partes o toda la memoria de esas violaciones, es un crimen cívico que más tarde o más temprano verá renacer, en actitud justiciera, la memoria de los hechos. Pues el recuerdo colectivo de los crímenes contra el pueblo puede adormecerse, pero nunca extinguirse.

¿Y cuáles podrían ser las tareas históricas y políticas que se desprenden de los testimonios ciudadanos del Informe Valech? Tentativamente, tres: 1) dejar a la luz, plenamente expuestos, a todos los responsables materiales y políticos de las violaciones cometidas a los derechos humanos y ciudadanos de los chilenos; responsables individuales e institucionales (las instituciones no son otra cosa que un conjunto de individuos que administran un mismo estatuto, que ellos mismos u otros han establecido); 2) juzgar cívica, histórica y políticamente a las instituciones involucradas en esas violaciones: las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, la clase política y otras agencias con poder fáctico, que no sólo desde 1973, sino desde el siglo XIX, han venido actuando no para desplegar la soberanía ciudadana y la unidad de los chilenos, sino para limitarla y victimizar a unos en beneficio de otros; 3) potenciar en todos sus aspectos el poder ciudadano, a objeto de controlar, juzgar y sustituir permanentemente las instituciones y los individuos que no actúen en línea con la verdadera voluntad, necesidades e intereses de la comunidad nacional.

El Informe Valech, en tanto testimonio histórico ciudadano, no puede ser administrado sólo por las instituciones del Estado. Ni por los mismos poderes que en ese Informe se denuncian y que hoy, reverenciándose los unos a los otros, tratan de escamotear de ese Informe su proyección histórica y política (el “mea culpa” implica, para las víctimas, deshistorizar el pasado, y su par: el “nunca más”, deshistorizar el presente). Se trata de la verdad histórica de la sociedad civil, que debe ser asumida por ésta, y por nadie más.

La Historia de Chile indica que este Informe es una oportunidad para que esa sociedad civil, el pueblo mismo, comience a romper la ya excesivamente larga tradición según la cual los poderes fácticos son los únicos que pueden administrar (regular, recortar, ocultar, escamotear) las verdades contenidas en la memoria histórica de la gran mayoría de los chilenos.

Gabriel Salazar. Historiador y vicepresidente del área identidad cultural de Corporación Representa.

Tomado de El Mostrador.


La Moneda, 12 de septiembre de 1973.

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Las fotografías fueron tomadas el día después que los Hawker Hunter arrasaran con el Palacio de La Moneda.

Tomado de Revista Qué Pasa


Discurso de Salvador Allende en las Naciones Unidas (4 de diciembre de 1972).

Señor presidente, señoras y señores delegados:

Agradezco el alto honor que se me hace al invitarme a ocupar esta tribuna, la más representativa del mundo y el foro más importante y de mayor trascendencia en todo lo que atañe a la humanidad. Saludo al señor secretario general de las Naciones Unidas, a quien tuvimos el agrado de recibir en nuestra patria las primeras semanas de su mandato, y a los representantes de más de 130 países que integran la Asamblea.

A usted, señor presidente, proveniente de un país con el cual nos unen lazos fraternales y a quien personalmente apreciamos cuando encabezó la delegación de la República Popular de Polonia a la tercera UNCTAD, junto con rendir homenaje a su alta investidura, deseo agradecerle sus palabras tan significativas y calurosas.

Vengo de Chile, un país pequeño, pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida. Un país con una clase obrera unida en una sola organización sindical, donde el sufragio universal y secreto es el vehículo de definición de un régimen multipartidista, con un Parlamento de actividad ininterrumpida desde su creación hace 160 años, donde los tribunales de justicia son independientes del Ejecutivo, en que desde 1833 sólo una vez se ha cambiado la carta constitucional, sin que ésta prácticamente jamás haya dejado de ser aplicada. Un país donde la vida pública está organizada en instituciones civiles, que cuenta con Fuerzas Armadas de probada formación profesional y de hondo espíritu democrático. Un país de cerca de diez millones de habitantes que en una generación ha dado dos premios Nobel de Literatura, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, ambos hijos de modestos trabajadores. En mi patria, historia, tierra y hombre se funden en un gran sentimiento nacional.

Pero, Chile es también un país cuya economía retrasada ha estado sometida e inclusive enajenada a empresas capitalistas extranjeras, que ha sido conducido a un endeudamiento externo superior a los cuatro mil millones de dólares, cuyo servicio anual significa más del 30% del valor de sus exportaciones; un país con una economía extremadamente sensible ante la coyuntura externa, crónicamente estancada e inflacionaria, donde millones de personas han sido forzadas a vivir en condiciones de explotación y miseria, de cesantía abierta o disfrazada.

Hoy vengo aquí porque mi país está enfrentado a problemas que en su trascendencia universal son objeto de la permanente atención de esta Asamblea de las Naciones Unidas: la lucha por la liberación social, el esfuerzo por el bienestar y el progreso intelectual, la defensa de la personalidad y dignidad nacionales.

La perspectiva que tenía ante sí mi patria, como tantos otros países del Tercer Mundo, era un modelo de la modernización reflejo, que los estudios técnicos y la realidad más trágica coinciden en demostrar que está condenado a excluir de las posibilidades de progreso, bienestar y liberación social a más y más millones de personas, relegándolas a una vida subhumana. Modelo que va a producir mayor escasez de viviendas, que condenará a un número cada vez más grande de ciudadanos a la cesantía, al analfabetismo, a la ignorancia y a la miseria fisiológica.

La misma perspectiva, en síntesis, que nos ha mantenido en una relación de colonización o dependencia. Que nos ha explotado en tiempos de guerra fría, pero también en tiempos de conflagración bélica y también en tiempos de paz. A nosotros, los países subdesarrollados, se nos quiere condenar a ser realidades de segunda clase, siempre subordinadas.

Éste es el modelo que la clase trabajadora chilena, al imponerse como protagonista de su propio devenir, ha resuelto rechazar, buscando en cambio un desarrollo acelerado, autónomo y propio, transformando revolucionariamente las estructuras tradicionales.

El pueblo de Chile ha conquistado el gobierno tras una larga trayectoria de generosos sacrificios, y se encuentra plenamente entregado a la tarea de instaurar la democracia económica, para que la actividad productiva responda a necesidades y expectativas sociales, y no a intereses de lucro particular. De modo programado y coherente, la vieja estructura apoyada en la explotación de los trabajadores y en el dominio por una minoría de los principales medios de producción, está siendo superada. En su reemplazo surge una nueva estructura dirigida por los trabajadores que, puesta al servicio de los intereses de la mayoría, está sentando las bases de un crecimiento que implica desarrollo auténtico, que involucra a todos los habitantes, y no margina a vastos sectores de conciudadanos a la miseria y relegación social.

Los trabajadores están desplazando a los sectores privilegiados del poder político y económico, tanto en los centros de labor, como en las comunas y en el Estado. Éste es el contenido revolucionario del proceso que está viviendo mi país, de superación del sistema capitalista y de apertura hacia el socialismo.

La necesidad de poner al servicio de las enormes carencias del pueblo la totalidad de nuestros recursos económicos, iba a la par con la recuperación para Chile de su dignidad. Debíamos acabar con la situación de que nosotros, los chilenos, debatiéndonos contra la pobreza y el estancamiento, tuviéramos que exportar enormes sumas de capital en beneficio de la más poderosa economía de mercado del mundo. La nacionalización de los recursos básicos constituía una reivindicación histórica. Nuestra economía no podía tolerar por más tiempo la subordinación que implicaba tener más de 80% de sus exportaciones en manos de un reducido grupo de grandes compañías extranjeras que siempre han antepuesto sus intereses a las necesidades de los países en los cuales lucran. Tampoco podíamos aceptar la lacra del latifundio, los monopolios industriales y comerciales, el crédito de beneficios de unos pocos, las brutales desigualdades en la distribución del ingreso.

El camino revolucionario que Chile está siguiendo, el cambio de la estructura del poder que estamos llevando a cabo, el progresivo papel directivo que en ella asumen los trabajadores, la recuperación nacional de las riquezas básicas, la liberación de nuestra patria de la subordinación a las potencias extranjeras, son la culminación de un largo período de nuestra historia, de esfuerzo por imponer las libertades políticas y sociales, de heroica lucha de varias generaciones de obreros y campesinos por organizarse como fuerza social, para conquistar el poder político y desplazar a los capitalistas del poder económico.

Su tradición, su personalidad, su conciencia revolucionaria, permiten al pueblo chileno impulsar el proceso hacia el socialismo fortaleciendo las libertades cívicas, colectivas e individuales, respetando el pluralismo cultural e ideológico. El nuestro es un combate permanente por la instauración de las libertades sociales, de la democracia económica, mediante el pleno ejercicio de las libertades políticas.

La voluntad democrática de nuestro pueblo ha asumido el desafío de impulsar el proceso revolucionario dentro de los marcos de un Estado de Derecho altamente institucionalizado, que ha sido flexible a los cambios y que hoy está frente a la necesidad de ajustarse a la nueva realidad socioeconómica.

Hemos nacionalizado las riquezas básicas. Hemos nacionalizado el cobre. Lo hemos hecho por decisión unánime del Parlamento, donde los partidos de gobierno están en minoría. Queremos que todo el mundo lo entienda claramente: no hemos confiscado las empresas extranjeras de la minería del cobre. Eso sí, de acuerdo con disposiciones constitucionales, reparamos una injusticia histórica, al deducir de la indemnización las utilidades por ellas percibidas más allá de un 12% anual, a partir de 1955.

Las utilidades que habían obtenido en el transcurso de los últimos quince años algunas de las empresas nacionalizadas eran tan exorbitantes, que al aplicárseles como límite de utilidad razonable el 12% anual, esas empresas fueron afectadas por deducciones de significación.

Tal es el caso, por ejemplo, de una filial de Anaconda Company, que entre 1955 y 1970 obtuvo en Chile una utilidad promedio del 21,5% anual sobre su valor libro, mientras las utilidades de Anaconda en otros países alcanzaban sólo un 3,6% al año. Ésa es la situación de una filial de Kennecott Copper Corporation que, en el mismo período, obtuvo en Chile una utilidad promedio del 52,8% anual, llegando en algunos años a utilidades tan increíbles como el 106 % en 1967, el 113 % en 1968 y más del 205% en 1969.

El promedio de las utilidades de Kennecott en otros países alcanzaba, en la misma época, a menos de 10% anual. Sin embargo, la aplicación de la norma constitucional ha determinado que otras empresas cupríferas no fueran objeto de descuentos por concepto de utilidades excesivas, ya que sus beneficios no excedieron el límite razonable del 12% anual.

Cabe destacar que en los años inmediatamente anteriores a la nacionalización, las grandes empresas del cobre habían iniciado planes de expansión, los que en gran medida han fracasado y para los cuales no aportaron recursos propios, no obstante las grandes utilidades que percibían y que financiaron a través de créditos externos. De acuerdo con las disposiciones legales, el Estado chileno ha debido hacerse cargo de esas deudas, las que ascienden a la enorme cifra de más de 727 millones de dólares. Hemos empezado a pagar incluso deudas que una de estas empresas había contraído con Kennecott, su compañía matriz en Estados Unidos.

Estas mismas empresas, que explotaron el cobre chileno durante muchos años, sólo en los últimos cuarenta y dos años se llevaron, en ese lapso, más de cuatro mil millones de dólares de utilidad, en circunstancias que su inversión inicial no subió de treinta millones. Un simple y doloroso ejemplo, un agudo contraste: en mi país hay seiscientos mil niños que jamás podrán gozar de la vida en términos normalmente humanos, porque en sus primeros ocho meses de existencia no recibieron la cantidad elemental de proteínas. Cuatro mil millones de dólares transformarían totalmente a Chile. Sólo parte de esa suma, aseguraría proteínas para siempre a todos los niños de mi patria.

La nacionalización del cobre se ha hecho observando escrupulosamente el ordenamiento jurídico interno, y con respeto a las normas del derecho internacional, el cual no tiene por qué ser identificado con los intereses de las grandes empresas capitalistas.

Éste es, en síntesis, el proceso que mi patria vive, que he creído conveniente presentar ante esta asamblea, con la autoridad que nos da el que estamos cumpliendo con rigor las recomendaciones de las Naciones Unidas y apoyándonos en el esfuerzo interno como base del desarrollo económico y social.

Aquí, en este foro, se ha aconsejado el cambio de las instituciones y de las estructuras atrasadas: la movilización de los recursos nacionales, naturales y humanos; la redistribución del ingreso; dar prioridad a la educación y a la salud, así como a la atención de los sectores más pobres de la población. Todo esto es parte esencial de nuestra política y se halla en pleno proceso de ejecución.

Por eso resulta tanto más doloroso tener que venir a esta tribuna a denunciar que mi país es víctima de una grave agresión.

Habíamos previsto dificultades y resistencias externas para llevar a cabo nuestro proceso de cambios, sobre todo frente a la nacionalización de nuestros recursos naturales. El imperialismo y su crueldad tienen un largo y ominoso historial en América Latina y está muy cerca la dramática y heroica experiencia de Cuba. También lo está la del Perú, que ha debido sufrir las consecuencias de su decisión de disponer soberanamente de su petróleo.

En plena década del 70, después de tantos acuerdos y resoluciones de la comunidad internacional, en los que se reconoce el derecho soberano de cada país de disponer de sus recursos naturales en beneficio de su pueblo; después de la adopción de los pactos internacionales sobre derechos económicos, sociales y culturales, y de la estrategia para el segundo decenio del desarrollo, que solemnizaron tales acuerdos, somos víctimas de una nueva manifestación del imperialismo. Más sutil, más artera y terriblemente eficaz, para impedir el ejercicio de nuestros derechos de Estado soberano.

Desde el momento mismo en que triunfamos electoralmente el 4 de septiembre de 1970, estamos afectados por el desarrollo de presiones externas de gran envergadura, que pretendió impedir la instalación de un gobierno libremente elegido por el pueblo, y derrocarlo desde entonces. Que ha querido aislarnos del mundo, estrangular la economía y paralizar el comercio del principal producto de exportación: el cobre. Y privarnos del acceso a las fuentes de financiamiento internacional.

Estamos conscientes de que cuando denunciamos el bloqueo financiero-económico que nos agrede, tal situación aparece difícil de ser comprendida con facilidad por la opinión pública internacional y aun por algunos de nuestros compatriotas. Porque no se trata de una agresión abierta que haya sido declarada sin embozo ante la faz del mundo. Por el contrario, es un ataque siempre oblicuo, subterráneo, pero no por eso menos lesivo para Chile.

Nos encontramos frente a fuerzas que operan en la penumbra, sin bandera, con armas poderosas, apostadas en los más variados lugares de influencia.

Sobre nosotros no pesa ninguna prohibición de comerciar. Nadie ha declarado que se propone un enfrentamiento con nuestra nación. Parecería que no tenemos más enemigos que los propios y naturales adversarios políticos internos. No es así. Somos víctimas de acciones casi imperceptibles, disfrazadas generalmente con frases y declaraciones que ensalzan el respeto a la soberanía y a la dignidad de nuestro país. Pero nosotros conocemos en carne propia la enorme distancia que hay entre dichas declaraciones y las acciones específicas que debemos enfrentar.

No estoy aludiendo a cuestiones vagas. Me refiero a problemas concretos que hoy aquejan a mi pueblo y que van a tener repercusiones económicas aún más graves en los meses próximos.

Chile, como la mayor parte de los países del Tercer Mundo, es muy vulnerable frente a la situación del sector externo de su economía. En el transcurso de los últimos doce meses, el descenso de los precios internacionales del cobre ha significado al país, cuyas exportaciones alcanzan a poco más de mil millones de dólares, la pérdida de ingresos de aproximadamente 200 millones de dólares, mientras los productos, tanto industriales como agropecuarios, que debemos importar, han experimentado fuertes alzas, algunos de ellos hasta un 60 por ciento.

Como casi siempre, Chile compra a precios altos y vende a precios bajos.

Ha sido justamente en estos momentos, de por sí difíciles para nuestra balanza de pagos, cuando hemos debido hacer frente, entre otras, a las siguientes acciones simultáneas destinadas al parecer a tomar revancha del pueblo chileno por su decisión de nacionalizar el cobre.

Hasta la iniciación de mi gobierno, Chile percibía por concepto de préstamos otorgados por organismos financieros internacionales, tales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, un monto de recursos cercano a 80 millones de dólares al año. Violentamente, estos financiamientos han sido interrumpidos.

En el decenio pasado, Chile recibía préstamos de la Agencia para el Desarrollo Internacional del gobierno de los Estados Unidos (AID), por un valor de 50 millones de dólares.

No pretendemos que esos préstamos sean restablecidos. Estados Unidos es soberano para otorgar cooperación, o no, a cualquier país. Sólo queremos señalar que la drástica suspensión de esos créditos, ha significado constricciones importantes en nuestra balanza de pagos.

Al asumir la presidencia, mi país contaba con líneas de crédito a corto plazo de la banca privada norteamericana, destinadas al financiamiento de nuestro comercio exterior, por cerca de 220 millones de dólares. En breve plazo, se ha suspendido de estos créditos un monto de alrededor de 190 millones de dólares, suma que hemos debido pagar al no renovarse las respectivas operaciones.

Como la mayor parte de los países de América Latina, Chile, por razones tecnológicas y de otro orden, debe efectuar importantes adquisiciones de bienes de capital en Estados Unidos. En la actualidad, tanto los financiamientos de proveedores como los que ordinariamente otorga el Eximbank para este tipo de operaciones, nos han sido también suspendidos, encontrándonos en la anómala situación de tener que adquirir esta clase de bienes con pago anticipado, lo cual presiona extraordinariamente sobre nuestra balanza de pagos.

Los desembolsos de préstamos contratados por Chile con anterioridad a la iniciación de mi gobierno con agencias del sector público de Estados Unidos, y que se encontraban entonces en ejecución, también se han suspendido. En consecuencia, tenemos que continuar la realización de los proyectos correspondientes, efectuando compras al contado en el mercado norteamericano, ya que, en plena marcha de las obras, es imposible reemplazar la fuente de las importaciones respectivas. Pero para ello, se había previsto que el financiamiento proviniera de organismos del gobierno norteamericano.

Como resultado de acciones dirigidas en contra del comercio del cobre en los países de Europa Occidental, nuestras operaciones de corto plazo con bancos privados de ese continente basadas fundamentalmente en cobranzas de ventas de este metal, se han entorpecido enormemente. Esto ha significado la no renovación de líneas de crédito por más de 200 millones de dólares, y la creación de un clima que impide el manejo normal de nuestras compras en tales países, así como distorsiona agudamente todas nuestras actividades en el campo de las finanzas externas.

Esta asfixia financiera de proyecciones brutales, dadas las características de la economía chilena, se ha traducido en una severa limitación de nuestras posibilidades de abastecimiento de equipos, de repuestos, de insumos, de productos alimenticios, de medicamentos. Todos los chilenos estamos sufriendo las consecuencias de estas medidas, las que se proyectan en la vida diaria de cada ciudadano y naturalmente, también, en la política interna.

Lo que he descrito significa que se ha desvirtuado la naturaleza de los organismos internacionales, cuya utilización como instrumentos de la política bilateral de cualquiera de sus países miembros, por poderosos que sean, es jurídica y moralmente inaceptable. Significa presionar a un país económicamente débil. Significa castigar a un pueblo por su decisión de recuperar sus recursos básicos. Significa una forma de intervención en los asuntos internos de un país. Esto es a lo que denominamos imperialismo.

Señores delegados, ustedes lo saben y no pueden dejar de recordarlo: todo esto ha sido repetidamente condenado por resoluciones de las Naciones Unidas.

No sólo sufrimos el bloqueo financiero, también somos víctimas de una clara agresión. Dos empresas que integran el núcleo central de las grandes compañías transnacionales, que clavaron sus garras en mi país, la International Telegraph and Telephone Company y la Kennecott Copper Corporation, se propusieron manejar nuestra vida política.

La ITT, gigantesca corporación cuyo capital es superior al presupuesto nacional de varios países latinoamericanos juntos, y superior inclusive al de algunos países industrializados, inició, desde el momento mismo en que se conoció el triunfo popular en la elección de septiembre de 1970, una siniestra acción para impedir que yo ocupara la primera magistratura.

Entre septiembre y noviembre del año mencionado, se desarrollaron en Chile acciones terroristas planeadas fuera de nuestras fronteras, en colusión con grupos fascistas internos, las que culminaron con el asesinato del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, hombre justo, gran soldado, símbolo del constitucionalismo de las Fuerzas Armadas de Chile.

En marzo del año en curso, se revelaron los documentos que denuncian la relación entre esos tenebrosos propósitos y la ITT. Esta última ha reconocido que inclusive hizo en 1970 sugerencias al gobierno de Estados Unidos para que interviniera en los acontecimientos políticos de Chile. Los documentos son auténticos.

Posteriormente, el mundo se enteró con estupor, en julio último, de distintos aspectos de un nuevo plan de acción que la misma ITT presentara al gobierno norteamericano, con el propósito de derrocar a mi gobierno en el plazo de seis meses. Tengo aquí el documento, fechado en octubre de 1971, que contiene los 18 puntos que constituían ese plan. Proponía el estrangulamiento económico, el sabotaje diplomático, crear el pánico en la población, el desorden social, para que al ser sobrepasado el gobierno, las Fuerzas Armadas fueran impulsadas a quebrar el régimen democrático e imponer una dictadura.

En los mismos momentos en que la ITT proponía ese plan, sus representantes simulaban negociar con mi gobierno una fórmula para la adquisición, por el Estado chileno, de la participación de la ITT en la Compañía de Teléfonos de Chile. Desde los primeros días de mi administración, habíamos iniciado conversaciones para adquirir la empresa telefónica que controlaba la ITT, por razones de seguridad nacional.

Personalmente, recibí en dos oportunidades a altos ejecutivos de esa empresa. En las discusiones mi gobierno actuaba de buena fe: la ITT en cambio, se negaba a aceptar el pago de un precio fijado de acuerdo con una tasación de expertos internacionales. Ponía dificultades para la solución rápida y equitativa, mientras subterráneamente intentaba desencadenar una situación caótica en el país.

La negativa de la ITT a aceptar un acuerdo directo y el conocimiento de sus arteras maniobras, nos han obligado a enviar al Congreso un proyecto de ley de nacionalización.

La decisión del pueblo chileno de defender el régimen democrático y el progreso de la revolución, la lealtad de las Fuerzas Armadas hacia su patria y sus leyes, han hecho fracasar estos siniestros intentos.

Señores delegados: Acuso ante la conciencia del mundo a la ITT de pretender provocar en mi patria una guerra civil. Esto es lo que nosotros calificamos de acción imperialista.

Chile está ahora ante un peligro cuya solución no depende solamente de la voluntad nacional, sino que de una vasta gama de elementos externos. Me estoy refiriendo a la acción emprendida por la Kennecott Copper. Acción que, como expresó la semana pasada el ministro de Minas e Hidrocarburos del Perú en la reunión ministerial del Consejo Internacional de Países Exportadores de Cobre (CIPEC), trae a la memoria del pueblo revolucionario del Perú un pasado de oprobio del que fuera protagonista la International Petroleum Co., expulsada definitivamente del país por la revolución. Nuestra Constitución establece que las disputas originadas por las nacionalizaciones, deben ser resueltas por un tribunal que, como todos los de mi país, es independiente y soberano en sus decisiones. La Kennecott Copper aceptó esta jurisdicción y durante un año litigó ante este tribunal. Su apelación fue denegada y entonces decidió utilizar su gran poder para despojarnos de los beneficios de nuestras exportaciones de cobre y presionar contra el gobierno de Chile.

Llegó en su osadía hasta a demandar, en septiembre último, el embargo del precio de dichas exportaciones ante los tribunales de Francia, de Holanda y de Suecia. Seguramente lo intentará también en otros países. El fundamento de estas acciones no puede ser más inaceptable, desde cualquier punto de vista jurídico y moral.

La Kennecott pretende que tribunales de otras naciones, que nada tienen que ver con los problemas o negocios que existan entre el Estado chileno y la compañía Kennecott Copper, decidan que es nulo un acto soberano de dicho Estado, realizado en virtud de un mandato de la más alta jerarquía, como es el dado por la Constitución Política, y refrendado por la unanimidad del pueblo chileno.

Esa pretensión choca contra principios esenciales del derecho internacional, en virtud de los cuales los recursos naturales de un país, sobre todo cuando se trata de aquellos que constituyen su vida, le pertenecen y pueden disponer libremente de ellos. No existe una ley internacional aceptada por todos, o en este caso, un tratado específico que así lo acuerde. La comunidad mundial, organizada bajo los principios de las Naciones Unidas, no acepta una interpretación del derecho internacional subordinada a los intereses del capitalismo, que lleve a los tribunales de cualquier país extranjero a amparar una estructura de relaciones económicas al servicio de aquél. Si así fuera, se estaría vulnerando un principio fundamental de la vida internacional: el de no intervención en los asuntos internos de un Estado, como expresamente lo reconoció la tercera UNCTAD.

Estamos regidos por el derecho internacional, aceptado reiteradamente en las Naciones Unidas, en particular en la resolución 1803 de la Asamblea General: normas que acaba de reforzar la Junta de Comercio y Desarrollo, precisamente teniendo como antecedente la denuncia que mi país formuló contra Kennecott. La resolución respectiva, junto con reafirmar el derecho soberano de todos los países a disponer, libremente, de sus recursos naturales, declara que: En aplicación de este principio, las nacionalizaciones que los Estados llevan a cabo para rescatar estos recursos son expresión de una facultad soberana, por lo que corresponde a cada Estado fijar las modalidades de tales medidas y las disputas que puedan suscitarse con motivo de ellas son de recurso exclusivo de sus tribunales, sin perjuicio de lo dispuesto en la resolución 1803 de la Asamblea General.

Ésta, excepcionalmente, permite la intervención de jurisdicciones extra nacionales, siempre que exista acuerdo entre Estados soberanos y otras partes interesadas.

Es la única tesis aceptable en las Naciones Unidas. Es la única que está conforme con su filosofía y sus principios. Es la única que puede proteger el derecho de los débiles contra el abuso de los fuertes.

Como no podía ser de otra manera, hemos obtenido en los tribunales de París, el levantamiento del embargo que pesaba sobre el valor de una exportación de nuestro cobre. Seguiremos defendiendo sin desmayo la exclusiva competencia de los tribunales chilenos, para conocer de cualquier diferendo relativo a la nacionalización de nuestro recurso básico. Para Chile, esto no es sólo una importante materia de interpretación jurídica: es un problema de soberanía. Señores delegados: es mucho más, es un problema de supervivencia.

La agresión de la Kennecott causa perjuicios graves a nuestra economía. Solamente las dificultades directas impuestas a la comercialización del cobre han significado a Chile, en dos meses, pérdidas de muchos millones de dólares. Pero eso no es todo. Ya me he referido a los efectos vinculados al entorpecimiento de las operaciones financieras de mi país con la banca de Europa Occidental. Evidente es, también, el propósito de crear un clima de inseguridad ante los compradores de nuestro principal producto de exportación, lo que no logrará.

Hacia allá se dirigen, en este momento, los designios de esta empresa imperialista, porque no puede esperar que, en definitiva, ningún poder político o judicial prive a Chile de lo que legítimamente le pertenece.

Busca doblegarnos. ¡Jamás lo conseguirá!

La agresión de las grandes empresas capitalistas pretende impedir la emancipación de las clases populares. Representa un ataque directo contra los intereses económicos de los trabajadores.

Señores delegados: El chileno es un pueblo que ha alcanzado la madurez política para decidir, mayoritariamente, el reemplazo del sistema económico capitalista por el socialista.

Nuestro régimen político ha contado con instituciones suficientemente abiertas para encauzar esta voluntad revolucionaria sin quiebres violentos. Me hago un deber en advertir a esta asamblea que las represalias y el bloqueo dirigidos a producir contradicciones y deformaciones económicas encadenadas, amenazan con repercutir sobre la paz y convivencia internas. No lo lograrán. La inmensa mayoría de los chilenos sabrá resistirlas en actitud patriótica y digna.

Lo dije al comienzo: la historia, la tierra y el hombre nuestro se funden en un gran sentido nacional.

Ante la tercera UNCTAD tuve la oportunidad de referirme al fenómeno de las corporaciones transnacionales, y destaqué el vertiginoso crecimiento de su poder económico, influencia política y acción corruptora. De ahí la alarma con que la opinión mundial debe reaccionar ante semejante realidad. El poderío de estas corporaciones es tan grande, que traspasa todas las fronteras.

Sólo las inversiones en el extranjero de las compañías estadounidenses, que alcanzan hoy a los 32.000 millones de dólares, crecieron entre 1950 y 1970 a un ritmo de diez por ciento al año, mientras las exportaciones de este país aumentaron sólo a un cinco por ciento. Sus utilidades son fabulosas y representan un enorme drenaje de recursos para los países en desarrollo.

Sólo en un año, estas empresas retiraron utilidades del Tercer Mundo que significaron transferencias netas en favor de ellas de 1.723 millones de dólares, 1.013 millones de América Latina, 280 de Africa, 366 del Lejano Oriente y 64 del Medio Oriente. Su influencia y su ámbito de acción están trastocando las prácticas del comercio entre los Estados, de transferencia tecnológica, de transmisión de recursos entre las naciones y las relaciones laborales.

Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. Éstos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -políticas, económicas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada.

Pero las grandes empresas transnacionales no sólo atentan contra los intereses genuinos de los países en desarrollo, sino que su acción avasalladora e incontrolada se da también en los países industrializados donde se asientan. Ello ha sido denunciado en los últimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha originado una investigación en el propio Senado norteamericano. Ante este peligro, los pueblos desarrollados no están más seguros que los subdesarrollados. Es un fenómeno que ya ha provocado la creciente movilización de los trabajadores organizados, incluyendo a las grandes entidades sindicales que existen en el mundo. Una vez más, la actuación solidaria internacional de los trabajadores, deberá enfrentarse a un adversario común: el imperialismo.

Fueron estos actos los que, principalmente, decidieron al Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, a raíz de la denuncia presentada por Chile, a aprobar en julio pasado por unanimidad una resolución disponiendo la convocatoria de un grupo de personalidades mundiales para que estudien la función y los efectos de las corporaciones transnacionales en el proceso de desarrollo, especialmente de los países en desarrollo y sus repercusiones en las relaciones internacionales, y que presente recomendaciones para una acción internacional apropiada.

El nuestro no es un problema aislado ni único. Es la manifestación local de una realidad que nos desborda, que abarca el continente latinoamericano y al Tercer Mundo. Con intensidad variable, con peculiaridades singulares, todos los países periféricos expuestos a algo semejante.

El sentido de solidaridad humana que impera en los países desarrollados debe sentir repugnancia porque un grupo de empresas lleguen a poder interferir impunemente en el engranaje más vital de la vida de una nación, hasta perturbarlo totalmente.

El portavoz del grupo africano, al anunciar en la Junta de Comercio y Desarrollo, hace algunas semanas, la posición de estos países frente a la denuncia que hizo Chile por la agresión de la Kennecott Copper declaró que su grupo se solidarizaba plenamente con Chile, porque no se trataba de una cuestión que afectara sólo a una nación, sino que potencialmente a todo el mundo en desarrollo. Estas palabras tienen un gran valor, porque significan el reconocimiento de todo un continente de que, a través del caso chileno, está planteada una nueva etapa de la batalla entre el imperialismo y los países débiles del Tercer Mundo.

La batalla por la defensa de los recursos naturales es parte de la batalla que libran los países del Tercer Mundo para vencer el subdesarrollo. La agresión que nosotros padecemos hace parecer ilusorio el cumplimiento de las promesas hechas en los últimos años en cuanto a una acción de envergadura para superar el estado de atraso y de necesidad de las naciones de África, Asia y América Latina. Hace dos años esta Asamblea General, con ocasión del vigésimo quinto aniversario de la creación de las Naciones Unidas, proclamó en forma solemne la estrategia para el segundo decenio del desarrollo.

Por ella, todos los Estados miembros de la organización se comprometieron a no omitir esfuerzos para transformar, a través de medidas concretas, la actual injusta división internacional del trabajo y para colmar la enorme brecha económica y tecnológica que separa a los países opulentos de los países en vías de desarrollo.

Estamos comprobando que ninguno de estos propósitos se convierte en realidad. Al contrario, se ha retrocedido.

Así, los mercados de los países industrializados han continuado tan cerrados como antes para los productos básicos de los países en desarrollo, especialmente los agrícolas, y aún aumentan los indicios de proteccionismo; los términos del intercambio se siguen deteriorando. El sistema de preferencias generalizadas para las exportaciones de nuestras manufacturas y semimanufacturas, no ha sido puesto en vigencia por la nación cuyo mercado ofrecía mejores perspectivas, dado su volumen, y no hay indicios de que lo sea en un futuro inmediato.

La transferencia de recursos financieros públicos, lejos de llegar al 0,7% de producto nacional bruto de las naciones desarrolladas, ha bajado del 0,34 al 0,24%. El endeudamiento de los países en desarrollo, que ya era enorme a principios del presente año, ha subido en pocos meses de 70 a 75 mil millones de dólares.

Los cuantiosos pagos por servicios de deudas, que representan un drenaje intolerable para estos países, han sido provocados en gran medida por las condiciones y modalidades de los préstamos. Dichos servicios aumentaron en un 18% en 1970 y en un 20% en 1971, lo que es más del doble de la tasa media del decenio de 1960.

Éste es el drama del subdesarrollo y de los países que todavía no hemos sabido hacer valer nuestros derechos y defender, mediante una vigorosa acción colectiva, el precio de las materias primas y productos básicos, así como hacer frente a las amenazas y agresiones del imperialismo.

Señores delegados, les ruego meditar en nuestra realidad.

Somos países potencialmente ricos, vivimos en la pobreza. Deambulamos de un lugar a otro pidiendo créditos, ayuda, y, sin embargo, somos -paradoja propia del sistema económico capitalista- grandes exportadores de capitales.

América Latina, como componente del mundo en desarrollo, se integra en el cuadro que acabo de exponer. Junto con Asia, África y los países socialistas, ha librado en los últimos años muchas batallas para cambiar la estructura de las relaciones económicas y comerciales con el mundo capitalista, para substituir el injusto y discriminatorio orden económico y monetario creado en Bretton Woods, al término de la Segunda Guerra Mundial.

Cierto es que entre muchos países de nuestra región y los de los otros continentes en desarrollo, se comprueban diferencias en el ingreso nacional y aún las hay dentro de aquéllas donde existen varios países que podrían ser considerados como de menos desarrollo relativo entre los subdesarrollados.

Pero tales diferencias -que mucho se mitigan al compararlas con el producto nacional del mundo industrializado-, no marginan a Latinoamérica del vasto sector postergado y explotado de la humanidad.

Ya el consenso de Viña del Mar, en 1969, afirmó esas coincidencias y tipificó, precisó y cuantificó el atraso económico y social de la región, y los factores externos que determinan, destacando las enormes injusticias cometidas en su contra, bajo el disfraz de cooperación y ayuda. Porque en América Latina, grandes ciudades, que muchos admiran, ocultan el drama de cientos, de miles de seres que viven en poblaciones marginales, producto de un pavoroso desempleo y subempleo: esconden las desigualdades profundas entre pequeños grupos privilegiados y las grandes masas cuyos índices de nutrición y de salud no superan a los de Asia y de África, que casi no tienen acceso a la cultura.

Es fácil comprender por qué nuestro continente latinoamericano registra una alta mortalidad infantil y un bajo promedio de vida, si se tiene presente que en él faltan 28 millones de viviendas, el 56 por ciento de su población está subalimentada, hay más de 100 millones de analfabetos y semianalfabetos, 13 millones de cesantes y más de 50 millones con trabajos ocasionales. Más de 20 millones de latinoamericanos no conocen la moneda, ni siquiera como medio de intercambio.

Ningún régimen, ningún gobierno ha sido capaz de resolver los grandes déficit de vivienda, trabajo, alimentación y salud. Por el contrario, éstos se acrecientan año a año con el aumento vegetativo de la población. De continuar esta situación ¿qué ocurrirá cuando seamos más de 600 millones de habitantes a fines de siglo?

Tal realidad es aún más cruda en Asia y África, cuyo ingreso per cápita es más bajo y cuyo proceso de desarrollo acusa mayor debilidad.

No siempre se percibe que el subcontinente latinoamericano, cuyas riquezas potenciales son enormes, ha llegado a ser el principal campo de acción del imperialismo económico en los últimos 30 años. Datos recientes del Fondo Monetario Internacional nos informan que la cuenta de inversiones privadas de los países desarrollados en América Latina arroja un déficit en contra de ésta de 10 millones de dólares entre 1960 y 1970. En una palabra, esta suma constituye un aporte neto de capitales de esta región al mundo opulento, en diez años.

Chile se siente profundamente solidario con América Latina, sin excepción alguna. Por tal razón, propicia y respeta estrictamente la política de no intervención y de autodeterminación que aplicamos en el plano mundial. Estimulamos fervorosamente el incremento de nuestras relaciones económicas y culturales. Somos partidarios de la complementación y de la integración de nuestras economías. De ahí que trabajemos con entusiasmo dentro del cuadro de la ALALC y, como primer paso, por la formación del Mercado Común de los Países Andinos, que nos une con Bolivia, Colombia, Perú y Ecuador.

América Latina deja atrás la época de las protestas. Necesidades y estadísticas contribuyeron a robustecer su toma de conciencia. Han sido destruidas por la realidad, las fronteras ideológicas. Han sido quebrados los propósitos divisionistas y aislacionistas, y surge el afán de coordinar la ofensiva y la defensa de los intereses de los pueblos en el continente, y con los demás países en desarrollo.

Chile no está solo, no ha podido ser aislado ni de América Latina ni del resto del mundo. Por el contrario, ha recibido infinitas muestras de solidaridad y de apoyo. Para derrotar los intentos de crear en torno nuestro un cerco hostil, se conjugaron el creciente repudio al imperialismo, el respeto que merecen los esfuerzos del pueblo chileno y la respuesta a nuestra política de amistad con todas las naciones del mundo.

En América Latina, todos los esquemas de cooperación o integración económica y cultural de que formamos parte, en el plano regional y subregional, han continuado vigorizándose a ritmo acelerado, y dentro de ellos nuestro comercio ha crecido considerablemente, en particular con Argentina, México y los países del Pacto Andino.

No ha sufrido trizaduras la coincidencia de los países latinoamericanos, en foros mundiales y regionales, para sostener los principios de libre determinación sobre los recursos naturales. Y frente a los recientes atentados contra nuestra soberanía, hemos recibido fraternales demostraciones de total solidaridad. A todos, nuestro reconocimiento.

Cuba socialista, que sufre los rigores del bloqueo, nos ha entregado sin reservas, permanentemente, su adhesión revolucionaria.

En el plano mundial, debo destacar muy especialmente que desde el primer momento hemos tenido a nuestro lado, en actitud ampliamente solidaria, a los países socialistas de Europa y de Asia. La gran mayoría de la comunidad mundial nos honró con la elección de Santiago como sede de la tercera UNCTAD y ha acogido con interés nuestra invitación para albergar la próxima conferencia mundial sobre el Derecho del Mar, que reitero en esta oportunidad.

La reunión a nivel ministerial de los países no alineados, celebrada en Georgetown, Guyana, en septiembre último, nos expresó públicamente su decidido respaldo frente a la agresión de que somos objeto por la Kennecott Cooper.

El CIPEC, organismo de coordinación establecido por los principales países exportadores de cobre: Perú, Zaire, Zambia y Chile, reunido recientemente en Santiago a solicitud de mi gobierno, a nivel ministerial, para analizar la situación de agresión en contra de mi patria creada por la Kennecott, acaba de adoptar varias resoluciones y recomendaciones trascendentales a los Estados. Ellas constituyen un apoyo sin reservas a nuestra posición y un importante paso dado por países del Tercer Mundo para defender el comercio de sus productos básicos.

Estas resoluciones serán seguramente material de importante debate en la Segunda Comisión. Sólo quiero citar aquí la categórica declaración de que todo acto que impida o entrabe el ejercicio del derecho soberano de los países a disponer libremente de sus recursos naturales, constituye agresión económica, que desde luego los actos de la compañía Kennecott contra Chile son agresión económica y, por lo tanto, acuerdan suspender con ella toda relación económica y comercial, y que las disputas sobre indemnizaciones en caso de nacionalización, son de exclusiva competencia de los Estados que las decretan.

Pero lo más significativo es que se acordó crear un mecanismo permanente de protección y solidaridad en relación al cobre. Esos mecanismos, junto con la OMPEP que opera en el campo petrolero, son el embrión de lo que debiera ser una organización de todos los países del Tercer Mundo para proteger y defender todos los productos básicos, tanto los mineros e hidrocarburos como los agrícolas.

La gran mayoría de los países de Europa Occidental, desde el extremo norte con los países escandinavos hasta el extremo sur, con España, ha incrementado su cooperación con Chile y nos ha significado su comprensión. Ésta nos fue evidenciada en el proceso de renegociación de nuestra deuda.

Y, por último, hemos visto con emoción la solidaridad de la clase trabajadora mundial, expresada por sus grandes centrales sindicales y manifestada en actos de hondo significado, como fue la negativa de los obreros portuarios de El Havre y Rotterdam a descargar el cobre de Chile, cuyo pago ha sido arbitrario e injustamente embargado.

Señor presidente, señores delegados: He centrado mi exposición en la agresión a Chile y en los problemas latinoamericanos y mundiales que a ella se conectan, ya sea en su origen o en sus efectos. Quisiera ahora referirme brevemente a otras cuestiones que interesan a la comunidad internacional.

No voy a mencionar todos los problemas mundiales que están en el temario de esta asamblea. No tengo la pretensión de avanzar soluciones sobre ellos. Esta asamblea está trabajando afanosamente desde hace más de dos meses en definir y acordar medidas adecuadas. Confiamos en que el resultado de esta labor será fructífero. Mis observaciones serán de carácter general y reflejan preocupaciones del pueblo chileno.

Con ritmo acelerado se transforma el cuadro de la política internacional que hemos vivido desde la posguerra, y ello ha producido una nueva correlación de fuerzas. Han aumentado y se han fortalecido centros de poder político y económico. En el caso del mundo socialista, cuya influencia ha crecido notablemente, su participación en las más importantes decisiones de política en el campo internacional es cada vez mayor. Es mi convicción que no podrán transformarse las relaciones comerciales y el sistema monetario internacionales -aspiración compartida por los pueblos-, si no participan plenamente en ese proceso todos los países del mundo y, entre ellos, los del área socialista. La República Popular China, que alberga en sus fronteras a casi un tercio de la humanidad, ha recuperado, después de un largo e injusto ostracismo, el lugar que es el suyo en el foro de las negociaciones multilaterales y ha entablado nexos diplomáticos y de intercambio con la mayoría de los países del mundo.

Se ha ampliado la Comunidad Económica Europea con el ingreso del Reino Unido de Gran Bretaña y otros países, lo que le da un peso mayor en las decisiones, sobre todo en el campo económico.

El crecimiento económico del Japón ha alcanzado una velocidad portentosa.

El mundo en desarrollo económico está adquiriendo cada día mayor conciencia de sus realidades y de sus derechos. Exige justicia y equidad en el trato y que se reconozca el lugar que le corresponde en el escenario mundial. Motores de esta transformación han sido, como siempre, los pueblos, en su progresiva liberación para convertirse en sujetos de la historia. La inteligencia del hombre ha impulsado vertiginosos progresos de la ciencia y de la técnica. La persistencia y el vigor de la política de coexistencia pacífica, de independencia económica y de progreso social que han promovido las naciones socialistas, ha contribuido decisivamente al alivio de las tensiones que dividieron al mundo durante más de veinte años y ha determinado la aceptación de nuevos valores en la sociedad y en las relaciones internacionales.

Saludamos los cambios que traen promesas de paz y de prosperidad para muchos pueblos, pero exigimos que participen de ellas la humanidad entera. Desgraciadamente, estos cambios han beneficiado sólo en grado mezquino al mundo en desarrollo. Éste sigue tan explotado como antes. Distante cada vez más de la civilización del mundo industrializado. Dentro de él bullen nobles aspiraciones y justas rebeldías, que continuarán estallando con fuerza creciente.

Manifestamos complacencia por la superación de la guerra fría y por el desarrollo de acontecimientos alentadores: las negociaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos, tanto respecto al comercio como al desarme; la concertación de tratados entre la República Federal Alemana, la Unión Soviética y Polonia; la inminencia de la Conferencia de Seguridad Europea; las negociaciones entre los dos Estados alemanes y su ingreso prácticamente asegurado a las Naciones Unidas; las negociaciones entre los gobiernos de la República Popular Democrática de Corea y de la República Coreana, para nombrar los más promisorios. Es innegable que en el área internacional hay treguas, acuerdos, disminuciones de la situación explosiva.

Pero hay demasiados conflictos no resueltos, que exigen la voluntad de concordia de las partes, o la colaboración de la comunidad internacional y de las grandes potencias. Continúan activas las agresiones y disputas en diversas partes del mundo: el conflicto en el Medio Oriente, el más explosivo de todos, donde todavía no ha podido obtenerse la paz, según lo han recomendado resoluciones de los principales órganos de las Naciones Unidas, entre ellas la resolución 242 del Consejo de Seguridad; el asedio y la persecución contra Cuba; la explotación colonial; la ignominia del racismo y del apartheid; el ensanchamiento de la brecha económica y tecnológica entre países ricos y pobres.

No hay paz para Indochina, pero tendrá que haberla. Llegará la paz para Vietnam. Tiene que llegar porque ya nadie duda de la inutilidad de esta guerra monstruosamente injusta, que persigue un objetivo tan irrealizable en estos días como es imponer, a pueblos con conciencia revolucionaria, políticas que no pueden compartir porque contrarían su interés nacional, su genio y su personalidad.

Habrá paz. Pero, ¿qué deja esta guerra tan cruel, tan prolongada y tan desigual? El saldo, tras tantos años de lucha cruenta, son sólo la tortura de un pueblo admirable en su dignidad, millones de muertos y de huérfanos, ciudades enteras desaparecidas, cientos de miles de hectáreas de tierras asoladas, sin vida vegetal posible; la destrucción ecológica; la sociedad norteamericana conmovida; miles de hogares sumidos en el pesar por la ausencia de los suyos. No se siguió la ruta de Lincoln.

Esta guerra deja también muchas lecciones. Que el abuso de la fuerza desmoraliza al que la emplea y produce profundas dudas en su propia conciencia social. Que la convicción de un pueblo que defiende su independencia lo lleva al heroísmo y lo hace capaz de resistir la violencia material del más gigantesco aparato militar y económico.

El nuevo cuadro político crea condiciones favorables para que la comunidad de las naciones haga, en los años venideros, un gran esfuerzo destinado a dar renovada vida y dimensión al orden internacional.

Dicho esfuerzo deberá inspirarse en los principios de la Carta y en otros que la comunidad ha ido agregando, por ejemplo: los de la UNCTAD. Como lo hemos dicho, tres conceptos fundamentales que presiden las responsabilidades entregadas a las Naciones Unidas debieran servirle de guía: el de la seguridad colectiva económico-social y el del respeto universal a los derechos fundamentales del hombre, incluyendo los de orden económico, social y cultural, sin discriminación alguna.

Damos particular importancia a la tarea de afirmar la seguridad económica colectiva, en la cual tanto han insistido recientemente Brasil y el secretario general de las Naciones Unidas.

Como paso importante en esta dirección, la organización mundial cuanto antes debiera hacer realidad la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, fecunda idea que llevó el Presidente de México, Luis Echeverría, a la tercera UNCTAD. Como el ilustre mandatario del país hermano, creemos que no es posible un orden justo y un mundo estable en tanto no se creen obligaciones y derechos que protejan a los Estados débiles.

La acción futura de la colectividad de naciones debe acentuar una política que tenga como protagonista a todos los pueblos. La Carta de las Naciones Unidas fue concebida y presentada en nombre de nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas.

La acción internacional tiene que estar dirigida a servir al hombre que no goza de privilegios sino que sufre y labora: al minero de Cardiff, como al fellah de Egipto, al trabajador que cultiva el cacao en Ghana o en Costa de Marfil como al campesino del altiplano en Sudamérica; al pescador en Java, como al cafetalero de Kenya o de Colombia. Aquélla debiera alcanzar a los mil millones de seres postergados a los que la colectividad tiene la obligación de incorporar al actual nivel de la evolución histórica y reconocerle el valor y la dignidad de persona humana, como contempla el preámbulo de la Carta.

Es tarea impostergable para la comunidad internacional asegurar el cumplimiento de la estrategia para el segundo decenio del desarrollo y poner este instrumento a tono con las nuevas realidades del Tercer Mundo, y con la renovada conciencia de los pueblos.

La disminución de la cooperación y el entendimiento exigen y permiten simultáneamente reconvertir las gigantescas actividades destinadas a la guerra en otras que impongan, como nueva frontera, atender las inconmensurables carencias de todo orden de más de dos tercios de la humanidad. De modo tal que los países más desarrollados aumenten su producción y empleo en asociación con los reales intereses de una auténtica comunidad internacional.

La presente asamblea deberá concretar la realización de la Conferencia Mundial para establecer el llamado derecho del mar; es decir, un conjunto de normas que regulen de modo global todo lo referente al uso y explotación del vasto espacio marino, comprendiendo su subsuelo. Es ésta una tarea grandiosa y promisoria para las Naciones Unidas, porque estamos frente a un problema del cual recién la humanidad, como un todo, adquiere conciencia y aún muchas situaciones establecidas pueden conciliarse perfectamente con el interés general. Quiero recordar que cupo a los países del extremo sur de América Latina -Ecuador, Perú y Chile-, iniciar hace justo 20 años esta toma de conciencia, que culminará con la adopción de un tratado sobre el derecho al mar. Es imperativo que ese tratado incluya el principio aprobado por la tercera UNCTAD sobre los derechos de los Estados ribereños a los recursos dentro de su mar jurisdiccional y, al mismo tiempo, cree los instrumentos y los mecanismos para que el espacio marino extra-jurisdiccional sea patrimonio común de la humanidad y sea explotado en beneficio de todos por una autoridad internacional eficaz.

He traído hasta aquí la voz de mi país, que está unido frente a las presiones externas. Un país que pide comprensión. La merece, porque siempre ha respetado los principios de autodeterminación y ha observado estrictamente el de no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Nunca se ha apartado del cumplimiento de sus obligaciones internacionales y ahora cultiva relaciones amistosas con todos los países del orbe. Cierto es que con algunos tenemos diferencias, pero no hay ninguna que no estemos dispuestos a discutir, utilizando para ello los instrumentos multilaterales o bilaterales que hemos suscrito. Nuestro respeto a los tratados es invariable.

Señores delegados:

He querido reafirmar así, enfáticamente, que la voluntad de paz y cooperación universales es una de las características dominantes del pueblo chileno. De ahí la resuelta firmeza con que defenderá su independencia política y económica y el cumplimiento de sus decisiones colectivas, democráticamente adoptadas en el ejercicio de su soberanía.

En menos de una semana acaban de ocurrir hechos que convierten en certeza nuestra confianza de que venceremos pronto en la lucha entablada para alcanzar dichos objetivos: el fallo del tribunal de París, levantando el embargo decretado respecto al valor de la venta de nuestro cobre; la franca, directa y cálida conversación sostenida con el distinguido presidente del Perú, Velasco Alvarado, quien reiteró públicamente la solidaridad plena de su país con Chile ante los atentados que acabo de denunciar ante ustedes; los acuerdos del CIPEC que ya cité, y mi visita a México.

Me faltan palabras para describir la profundidad, la firmeza, la espontaneidad y la elocuencia del apoyo que nos fue brindado por el gobierno y el pueblo mexicano. Recibí tales demostraciones de adhesión del presidente Echeverría, del Parlamento, las universidades y sobre todo del pueblo -expresándose en forma multitudinaria-, que la emoción todavía me embarga y me abruma por su infinita generosidad.

Vengo reconfortado porque, después de estas experiencias, sé ahora, con certidumbre absoluta, que la conciencia de los pueblos latinoamericanos acerca de los peligros que nos amenazan a todos, ha adquirido una nueva dimensión, y que ellos están convencidos que la unidad es la única manera de defenderse de este grave peligro.

Cuando se siente el fervor de cientos de miles y miles de hombres y mujeres, apretándose en las calles y plazas para decir con decisión y esperanza: Estamos con ustedes, no cejen, ¡vencerán!, toda duda se disipa, toda angustia se desvanece. Son los pueblos, todos los pueblos al sur del río Bravo, que se yerguen para decir ¡basta!, ¡basta! a la dependencia, ¡basta! a las presiones, ¡basta! a las intervenciones; para afirmar el derecho soberano de todos los países en desarrollo a disponer libremente de sus recursos naturales.

Existe una realidad hecha voluntad y conciencia en más de 250 millones de seres que exigen ser oídos y respetados.

Cientos de miles y miles de chilenos me despidieron con fervor al salir de mi Patria y me entregaron el mensaje que he traído a esta Asamblea mundial. Estoy seguro que ustedes, representantes de las naciones de la tierra, sabrán comprender mis palabras. Es nuestra confianza en nosotros lo que incrementa nuestra fe en los grandes valores de la Humanidad, en la certeza de que esos valores tendrán que prevalecer, no podrán ser destruidos.


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