Cristianismo, Socialismo y Revolución. El Movimiento Cristianos por el Socialismo (Chile, 1971-1973).

 

Reunión de Fidel Castro, en su visita a Chile, con los 80 sacerdotes de Cristianos por el Socialismo. Fotografía tomada de la revista Punto Final. Año VI, Nº 146, martes 7 de diciembre de 1971, p. 51.

Reunión de Fidel Castro, en su visita a Chile, con los 80 sacerdotes de Cristianos por el Socialismo. Fotografía tomada de la revista Punto Final. Año VI, Nº 146, martes 7 de diciembre de 1971, p. 51.

 

RESUMEN.

Este artículo presenta un análisis, desde el estudio de los Nuevos Movimientos Sociales, sobre Cristianos por el Socialismo, durante los años 1971 a 1973. La lectura que se hace de este movimiento, que es expresión del diálogo cristiano-marxista, centra su mirada en los elementos que constituyen un movimiento social: el cambio social al que se aspira, las estructuras de movilización, las oportunidades y restricciones políticas, y los marcos de acción colectiva.

PALABRAS CLAVES: Cristianismo, marxismo, nuevos movimientos sociales, revolución.

El artículo puede leerse acá.

 

Teoría, violencia política y romanticismo revolucionario de la mano en la construcción de poder popular (1965-1974). Algunas reflexiones en torno al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Miguel y Edgardo.

Resumen del Trabajo: A lo largo de la historia de izquierda chilena se han manifestado una serie de contradicciones y convergencias. En este vivir en tensión, emerge a la escena política el M.I.R. Esta ponencia presentará un análisis, enmarcado en la primera etapa de este partido político (1965-1974), promoviendo una relectura del pensamiento mirista, de su praxis política y, del “fuego vital” que empapaba y empoderaba a estos sujetos revolucionarios. Propongo una lectura del M.I.R. desde una perspectiva política y culturalista, lo que nos permitirá entenderlo, no sólo como un partido de férrea línea ideológica, sino como una comunidad de sujetos “amantes de la vida” que soñaron, trabajaron y lucharon por la construcción de un país mejor.

Esta ponencia fue presentada en la Primera Jornada de Historia de las Izquierdas en Chile, Izquierda y Construcción Democrática el 26 de Agosto de 2008, organizada por la Universidad de Santiago de Chile, el Instituto de Estudios Avanzados USACH, el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, la Universidad ARCIS, la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y la Universidad Cardenal Silva Henríquez.

 

Descargar el texto.

 

Recordar, conmemorar, un 8 de marzo.

mujeres-por-la-vida-1985

En un día como hoy, el mercado, esa magna construcción del capitalismo histórico, coopta una fecha que no tiene nada de feliz. No puede ser feliz la opresión y la explotación realizada por seres humanos a otros seres humanos. Explotación que está sustentada en la división del trabajo, que no sólo es de clase, sino también, sexual. Como diría Flora Tristán “el hombre oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. Ella es la proletaria del proletariado mismo”. Frente a ese ejercicio de explotación, es que en 1908 40.000 costureras, proletarias, se alzaron ocupando la herramienta política de la huelga. ¿Las razones? Mejores salarios (iguales a los de los hombres), reducción a las horas de trabajo (a 10 horas laborales), mejora en las condiciones higiénicas, capacitación y rechazo al trabajo infantil. ¿El resultado? Como en muchos lugares y en tantos momentos de la historia, recibieron la represión. Represión que terminó en la muerte. El 8 de marzo de 1908, en la ciudad de Nueva York, en la Cotton Textile Factory, 129 trabajadoras mueren quemadas al interior de su lugar de trabajo. Por ende, esto nada tiene que ver con flores, chocolates, ropas, joyas y mercanchifles al por mayor. Este es un momento para recordar y para conmemorar. Se trata de un acto de dignidad eminentemente político.

Por eso reconocemos, en esta hora, a la mujer obrera, aquella que supo de la devaluación de su trabajo, junto a la funcionalización de su útero en pos de (re)producir más mano de obra barata. Reconocemos a aquellas mujeres que desde el espacio privado, en su función de madres, han cobijado, educado, sostenido a sus hijas e hijas. Reconocemos a nuestras compañeras de vida, aquellas con quienes caminamos, como diría Benedetti, “codo a codo”, sabiendo que “somos mucho más que dos”. Reconocemos a todas aquellas mujeres que muy tempranamente, y más allá de cualquier silencio historiográfico y político, comenzaron a preguntarse por la liberación, entendiendo, como Olympe de Gouges en la Revolución Francesa, que como mujeres y ciudadanas tenían el derecho y el deber de subir a la tribuna, de la misma manera en que lo hacían al cadalso. Reconocemos a todas esas mujeres que lucharon por el voto de las mujeres, y con ello, de la posibilidad de participar de las discusiones y decisiones en el espacio público. Reconocemos a las mujeres obreras, a las campesinas, a las pobladoras, a las intelectuales, a las estudiantes, a todas quienes en el siglo pasado soñaron con la revolución socialista, comprometiéndose en las tareas de la liberación de los pobres del campo y la ciudad y que luego de golpes y exilios, se encontraron con la segunda ola del feminismo, dando cuenta de que quien propugna la revolución debe serlo hasta la más ínfima expresión de su vida. Reconocemos a aquellas madres y abuelas, que con una foto de sus esposos, hijos e hijas colgando en el pecho, extendieron el espacio privado y lo llevaron al público, clamando por justicia y libertad. Reconocemos a todas quienes siguen luchando para eliminar, de una vez por todas, la exclusión, las desigualdades de género, el maltrato en todas sus formas, la minusvaloración. Aquellas que siguen anhelando la democracia en el país y en la casa. Democracia que no es como la chata alegría que no sabemos si llegó o no, sino como el goce que transgrede mandatos culturales, prejuicios y sistemas opresivos. Goce que respira la libertad de ser, buscando como diría Gioconda Belli hace sólo unas horas atrás, “romper para siempre / el hielo, las tormentas / y derramar el verde de nuestros brazos y piernas / para abrazarlos / y destetar la historia / que ha querido mordernos”.

Puede parecer raro, para algunas y algunos, que un hombre lea estas palabras, en tanto representante de aquello que se busca romper: el patriarcado. Pero el patriarcado, en tanto la estructura de dominación de más larga duración en la historia de la humanidad, es el resultado de los hombres, pero no de todos los hombres. Es la construcción de los menos, que como ideología se nos vende como mandato cultural, como rol histórico, como lo correcto, como lo natural. Es parte de las ideas de la clase dominante, que se transforma en sentido común y nos conforma. Por ende, se trata de una batalla que también debemos dar, y que no requiere de negaciones que nos lleven a la pusilanimidad. Por el contrario, reconocernos en la explotación de cada humano y humana nos hace pasar de la otredad a la ipseidad. Del otro y la otra que es también un yo. Entendernos y estudiarnos sectorialmente ha conllevado tremendos aportes analíticos y proyectuales. Cómo no agradecer todos aquellos estudios que nos han hablado de, quienes Luis Vitale nominó como, “la mitad invisible de la historia”, de la cual, por sólo citar un ejemplo, el trabajo “Queremos votar en las próximas elecciones” de Edda Gaviola, Ximena Jiles, Lorella Lopresti y Claudia Rojas, es una obra precursora, que a la fecha sigue abriendo caminos. En ese sentido, el estudio de la particularidad nos ha traído mayores luces acerca de la globalidad. Pero la otra desfragmentación, aquella que conlleva a que la lucha de quienes son dominados y dominadas, por coerción o coacción, también sea “sectorial”, parcelada, reporta más dudas que certidumbres. Sobre todo cuando queda tanto por hacer. Elena Caffarena, gran luchadora feminista, cerca de sus cien años diría que “Nuestro objetivo no terminaba en obtener el derecho a concurrir a un acto electoral y manifestar una preferencia. Era también el derecho a ser candidatas, a ser elegidas, a expresar directamente las necesidades de las mujeres, y ampliar la base de la democracia en Chile que estaba reducida, por lo menos, a la mitad […] Sería un desatino no reconocer que hemos avanzado en esta batalla. Pero el riesgo de convertir en monumento a las mujeres que participamos en esta etapa, es creer, equivocadamente, que la tarea está concluida. En las casas y en las calles hay mujeres bastante más interesantes que yo, que están luchando todos los días y que tienen mucho que decir, de aquí para adelante”[*].

Debemos pugnar por luchar hasta derrotar la cultura de la dominación y todo lo que en pos de ella se construye, encontrándonos y caminando en aquello que lírica y bellamente Redolés llamó “Bello Barrio”, el lugar “donde tú vas con tu sueño y la ternura viva en los labios / Porque acá nadie discrimina a los que van con su sueño y la ternura viva en los labios”.

 

El Manzano, Cajón del Maipo, 8 de marzo de 2013.

Luis Pino Moyano

Lic. en Historia.


[*] Pamela Jiles. “Mi abuela cumple cien años”. Punto Final. Nº 593, 14 al 28 de marzo de 2003. Tomado de: http://www.puntofinal.cl/539/miabuela.htm (Revisada en marzo de 2013).

 

El origen de la violencia.

“Quería referirme un poco a la violencia. Porque este mes, compañeros, en la televisión, la violencia aparece con mucho ritmo, con mucha sonajera.

La violencia, rasgan vestiduras porque se quema una micro, pero yo no escuché a esa misma gente rasgar esas mismas vestiduras y gritar cuando se quemó a Rodrigo Rojas, no escuché ese mismo clamor, no escuché eso cuando dejaron a la niña –Carmen Gloria Quintana- quemada entera.

No escuché eso en la televisión, no escuché la misma vehemencia en la defensa del no a la violencia, no escuché eso cuando a los compañeros profesionales –un día como hoy- que fueron secuestrados en el colegio Latinoamericano, en pleno día. No escuché a la televisión diciendo: “¡¿Por qué secuestran a la gente, por Dios, qué está pasando?!”. No. Todos callados. No escuché nada cuando al día siguiente estas personas aparecieron muertas. No solamente muertas, sino ¡de-go-lla-das!

Yo les pregunto ¿De dónde viene la violencia? ¿Quiénes son los violentos? ¿Somos nosotros? ¿O son ellos, los poderosos, los ricos?

¡¿De dónde viene la violencia?!

Cuando la Unidad Popular tocó sus bienes, tocó sus minas, que dicen que el Todopoderoso se las dio a ellos, tocó el mar, tocó la tierra, las fábricas, solamente tocaron cosas, bienes, nunca se mató a ninguno de ellos ¿Qué pasó? ¡Estuvieron 17 años ¡asesinando gente! Haciendo desaparecer gente, quemando a los campesinos en hornos, allá en Lonquén.

¿Quiénes son los violentos? ¿De dónde viene la violencia?

¿Qué cosa más violenta que una persona tenga que vivir con 80 mil pesos, 100 mil pesos, 120 mil pesos en el mes? Y otros, por nombrar los que yo conozco, digamos, los senadores y los diputados, que los escoge la gente que vota -yo no voto porque no creo en el voto-, pero ¿Qué más violencia que esa?

¿Por qué uno tiene que vivir con un poquito, dejar a sus cabros chicos botados, porque tienen que salir los dos, el papá y la mamá a trabajar? ¿Por qué empujan a nuestra gente al consumo de drogas? ¿Por qué empujan a nuestra gente a la delincuencia en las poblaciones? ¡¿Por qué?!

Porque hay una desigualdad impresionante. Aquí están los ricos y los pobres. La clase media, pobre de ella, pero aquí están los ricos y los pobres.

¿Qué más violencia, compañeros, que el asesinato de mis hijos? Eran estudiantes, eran dirigentes, y en ese tiempo, como hoy día también, era muy peligroso ser joven y pensar. Porque lo que ellos quieren es que los jóvenes no piensen, quieren verlos botados, tirados en los pastos, borrachos, con droga, ganándose la plata fácil…

Así quieren vernos, pero los que piensan… son peligrosos.

¿Cómo mataron a mis hijos un 29 de marzo del ’85? A Eduardo salieron con armas de guerra a la calle a buscarlo. ¡Con armas de guerra andaban buscando a los hermanos Vergara! Lo mataron por la espalda inmediatamente de una ráfaga.

Rafael corría más rápido, porque él había entrado a las milicias y tenía más práctica y más ejercicio. Pero el Rafa volvió a donde estaba su hermano y trató de tocarlo. Ahí, los “valientes policías” le dieron una ráfaga a la altura de los glúteos, dejándolo parapléjico, y teniéndolo ya en sus manos, esposado, le pegó un tiro en la cabeza con el cañón afirmado en la nuca.

¡Ese es el principio del 29 de marzo! Un principio violento. ¿Quién empieza la violencia? ¿Quiénes son los violentos en este mundo entero? ¿Quiénes son los que dejan morirse de hambre en África a la gente mientras tienen guardados millones de dólares?

Alguien fue a la casa a decirme que quería limpiar la imagen del 29, porque el 29 de marzo es violento, porque los desmanes, porque la cosa, las bombas y las cuestiones… Mire, compañero, le dije: Yo no me voy a prestar para una cosa así, porque el 29 de marzo ha sido desde el comienzo -desde el asesinato brutal de mis hijos- violento. Y hemos hecho una respuesta violenta porque tenemos derecho a hacerlo.

Si nos pisotean, si nos matan, si hacen lo que quieren con nosotros, tenemos derecho a levantarnos y a defendernos. Y los 29 de marzo han sido todos violentos desde el principio hasta ahora. Y desde ahí que los chiquillos se enfrentan a peñascazos con los pacos. Y es por eso que les molesta, porque si hubiéramos hecho una romería calladitos en una sala, a nadie le hubiera molestado.

A ellos les molesta el desorden y la violencia porque ellos son los dueños del desorden y de la violencia. Nadie más puede hacer eso. Nosotros no tenemos derecho. ¡Nosotros tenemos que morir piola! ¡Callados! ¡Morirnos de hambre callados! Que nuestros hijos se prostituyan y callados. ¡Yo jamás voy a renunciar a la violencia de mis compañeros! De mis amigos, de los muchachos que yo conozco en la población, que durante todos estos años nos han acompañado. Que se han arriesgado, los han tomado presos, les han pegado, han perdido sus trabajos, han perdido el estudio.

Entonces, yo les digo desde mi corazón, los quiero así como son: Rebeldes, violentos. Honestos con ellos mismos. Los quiero porque ellos son los que nos han mantenido vivos a nosotros, todos estos años. Ellos son los que consiguieron que el sistema se fijara en nosotros y dijeran: “Ya, vamos a ver qué se puede hacer” y descubrieron que fue un asesinato, después de veintitantos años –cosa que nosotros sabíamos desde el principio-.

Por Luisa Toledo.

Estas palabras de Luisa Toledo, son un extracto de las que dijo en el Pedagógico este año (2012), y publicadas en El Ciudadano.

De dogmas, hombres nuevos, muerte y martirologio. La relación subterránea marxismo-cristianismo en Chile, 1960-70.

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Autor: Luis Pino Moyano.

Resumen: Esta comunicación presenta las “coincidencias de contenido” entre el  marxismo y el cristianismo en las décadas de 1960-70 en Chile. Dichas coincidencias, que se encuentran en lo subterráneo del discurso dan cuenta de la síntesis dialéctica, en la cual no sólo son superados y negados los elementos de la tesis más débil en términos cualitativos, sino que son  absorbidos por ella, dando continuidad a la contradicción. Centraremos  nuestra mirada en las categorías de hombre nuevo, sacrificio, muerte y  martirologio y en los sujetos históricos Salvador Allende y Miguel  Enríquez.

Palabras clave: Dogma, hombre nuevo, sacrificio, muerte, mártir / martirologio.

Publicación: 2011-12-03.

Tipo: Artículo original.

Formato: PDF.

Fuente: Revista Izquierdas 0718-5049 (2011) Num. 11.

Idioma: Español.

Derechos: De los autores.

Leer desde Revista iZQUIERDAS, pinchando aquí.

La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975.

“La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975″, es la tesis con la que obtuve el grado de Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Fue aprobada con distinción máxima, nota 7.0, por la profesora guía Cristina Moyano y por el profesor informante Igor Goicovic.

Pongo a disposición de ustedes mi tesis. Agradecería la lectura, comentarios e, inclusive, la difusión. Las únicas condiciones que coloco son: citar siempre su autoría y el lugar desde donde fue tomada y, no obtener ningún rédito comercial a partir de ella.

La forma de citarla es:

Luis Pino Moyano. La religión que busca no ser opio. La relación cristianismo-marxismo en Chile, 1968-1975. Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Santiago, 2011.

Descargar Tesis.

 

Luis Pino Moyano.

Franja política por el NO (Chile, 1988).

Subo este especial realizado por “Teleanálisis” que da cuenta de la lucha política realizada por la “Concertación de Partidos por el No”, sobre todo en su recordada acción propagandística.

 

Y, a modo de Bonus Track, subo cuatro spots de la campaña del Sí (en un sólo vídeo) que parodian algunos elementos de la propaganda opositora, buscando generar miedo en la población. Una buena muestra de lo que significa una “campaña del terror”.

Fernando Ortiz Letelier. Militante comunista, historiador y profesor.

Luis Pino Moyano[1].

 En este profesor nacido en Puerto Montt el año 1922 se puede ver encarnada esa unión forjada al acero entre el académico y el militante, en la cual, si bien es cierto, la tarea de la militancia era la prioritaria, puesto que lo más importante para estos actores, los historiadores marxistas, era llevar a cabo las tareas que condujeran a la toma del poder, el rol intelectual no fue dejado de lado, muy por el contrario, fue ejercido con mucho profesionalismo, lo que podrá verse en los antecedentes biográficos que las siguientes líneas presentarán.

  1. La vida en la que se funden la intelectualidad y la militancia.

Desde Puerto Montt este joven estudiante viajó a Santiago, en 1943, para llevar a cabo sus estudios de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, estudios que suspendió por un tiempo debido a la enfermedad y deceso de su padre. Al retomar sus estudios, se graduó de manera brillante, con una tesis titulada: “El Movimiento Obrero en Chile (1891-1919). Antecedentes”[2]. Era el año 1956. En ese mismo año, su maestro, Hernán Ramírez Necochea, publicaba su libro “Historia del Movimiento Obrero en Chile”.

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[1] Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Este artículo forma parte de una investigación mayor desarrollada por el Núcleo Temático de Investigación: “Desarrollo de la historiografía marxista chilena hasta el golpe militar de 1973”, dirigido por las académicas Ana López Dietz y Paula Raposo Quintana.

[2] Orlando Millas, en su prólogo al libro de Ramírez Necochea, “Origen y formación del Partido Comunista de Chile”, refiere a la obra de Ortiz con el título de “La Cuestión Social en Chile. Antecedentes. 1891-1919”. Millas, Orlando. “El tema y la significación de esta obra”. Ramírez Necochea, Hernán. Origen y formación del Partido Comunista de Chile. Moscú, Editorial Progreso, 1984, p. 5.

La dictadura de Pinochet y su configuración de Estado Nacional.

Hablar de Pinochet y su régimen, y esto lo digo de manera muy personal, es un ejercicio complejo, por decir lo menos. Son muchos los sentimientos, emociones y juicios que ya han sido concebidos, individual y colectivamente, con respecto al ya extinto militar y su obra, que (re)pensar y poner el resultado de ello en un registro escrito, a uno lo hace sentir, como si estuviera en una selva escabrosa. Lo que, desde luego, no impide el análisis ni la crítica. La idea de este ensayo es analizar la configuración del Estado Nacional, realizada por la dictadura de Pinochet, teniendo como base el discurso del General en Chacarillas, el 9 de Julio de 1977[1], el que en mí opinión, re-une los lineamientos generales de dicho proceso. Todo esto, siguiendo la lógica habermasiana, de la cual me declaro un advenedizo, a partir de la lectura del texto: “Teoría de la acción comunicativa”[2]. Por ende, ideas-conceptos tales como: racionalidad, irracionalidad, “mundo de la vida”, mito, retrato, imágenes, entre otras, surgirán con fuerza, constituyéndose en el sustento de la reflexión.

La alocución realizada por Pinochet en Chacarillas, nos deja entrever ciertas premisas, que nos permiten señalar que estamos frente a la construcción y configuración, no sólo de Estado ni de organización político-administrativa, sino también, de una “nueva” racionalidad, que construye un “mundo de la vida”, con certezas y eficiencias. “Mundo de la vida”, que no sólo es aceptado y vivido por colaboradores y simpatizantes, sino que ha sido transversal al país, luego de la imposición forzosa de dicha racionalidad. Esto como resultado claro de la dictadura militar, la que al decir de Tomás Moulian, produjo el “sangriento parto” del Chile actual, produciendo un nuevo “orden, afirmado sobre el terror”[3].

Pero ese “orden racional”, fue construido y fundamentado, si se quiere, a partir de un mito, o del conjunto de ellos. Este, es definido, por la historiadora María Angélica Illanes, como: “mito de la diferencia”[4]. Es interesante notar, que para la reflexión de Habermas, el mito cobra una importancia fundamental. Habermas, toma una definición de Godelier, para explicar lo que es el mito. Godelier señala que el mito: “construye un gigantesco juego de espejos en el cual la recíproca imagen del hombre y del mundo se refleja hasta el infinito y continuamente se compone y recompone en el prisma de la naturaleza y cultura”[5]. Este imaginario, reflejado en el mito, es construido “por medio de la formación de analogías las causas y poderes invisibles que generan y regulan al mundo no humano (naturaleza) y al mundo humano (cultura) revisten atributos humanos, esto es, se presentan espontáneamente al hombre como seres dotados de conciencia, de voluntad, de autoridad y de poder, es decir como seres análogos al hombre que, sin embargo, se distinguen de él en que saben lo que él no sabe, hacen lo que no puede hacer, controlan lo que él no puede controlar y que, en consecuencia, se distinguen de él en que le son superiores”[6]. Teniendo presente esta conceptualización del mito, y volviendo a Illanes, el “mito de la diferencia” es el “orden institucional en sí”, lo que ha permitido, y permite hablar, de la “excepcionalidad” y “superioridad” chilena en el concierto latinoamericano. Esta construcción mítica, “el mito portaliano”, fue realizada por Francisco A. Encina, en la década de los ’20 y ’30, y otros historiadores y estudiosos, los que valoran y ensalzan la construcción de estado nacional, sustentada en un ordenamiento autoritario y republicano[7]. Para esta historiadora, este mito, “como todo mito, sirvió para construir una determinada identidad política refundacional, capaz incluso de otorgar sentido y articular proyectos disímiles; es decir, fue útil para establecer, en una época de convulsión histórica, aquellas seguridades y certidumbres necesarias, tanto para el resguardo del ideario conservador, como también para garantizar la opción político-institucional de las fuerzas del cambio. He aquí la paradoja, quizás sólo comprensible desde una perspectiva mitológica”[8]. Esta construcción mítica, ha originado la aparición de otros mitos, entre los que se cuentan: “el padre de la patria”, “la anarquía post-independencia”, “Portales, constructor de Estado”, “el valiente roto chileno”, “la pacificación de la Araucanía”, “la dictadura de Balmaceda”. En resumen, Illanes decreta que la historia chilena ha sido “una invención narrativa pura y sin mancha”[9]. Para Illanes, el mayor “cuento mítico”, que es propio del siglo XX, es la prescindencia política de las Fuerzas Armadas[10]. Pero los hechos han demostrado que: “las fuerzas armadas entraron al primer plano del escenario político del siglo XX. Emergieron cada vez que decidieron ‘salvar la patria’ –ya bajo designios nacionalistas, fascistoides y/o electoral populistas…”[11].

Es de esta construcción mítica en la que Pinochet se fundamenta. La elección de la fecha de la alocución no es casualidad: 9 de Julio, día en el que se conmemora la “inmolación”, “patriotismo” y “coraje” de los setenta y siete héroes jóvenes de La Concepción. De hecho, se intenta ligar el momento. Se celebra el “Día de la Juventud”, momento en el cual, setenta y siete jóvenes, adherentes al gobierno militar, toman simbólicamente el lugar de estos “héroes”, para coadyuvar en la tarea de construcción del Estado de nuevo cuño. Vale decir, que la afirmación de la dictadura, por ende su legitimidad, radica en la sangre de los héroes, de los cuales las Fuerzas Armadas se consideran herederos fidedignos. Esto lleva a Pinochet a decir que: “la patria y los valores permanentes están por encima cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”. Estos valores patrióticos se habrían visto trastocados por el gobierno de la Unidad Popular y su “amenaza totalitarista y comunista”. Frente a esta amenaza, la ciudadanía habría lanzado un “llamado angustioso” al que los militares habrían prestado oído, “regando con su sangre”, cayendo en la lucha “por la liberación de Chile”. El grito de La Concepción se volvería a repetir: “¡Los chilenos no se rinden jamás!”. Era la lucha nacional contra el internacionalismo marxista-leninista. Esta lucha obedece al carácter de los chilenos. Pinochet habla del “temple de nuestra raza” y de la “fibra de nuestra nacionalidad”, los cuales incentivan a “los chilenos de verdad” a alzarse en beneficio de la dignidad y la soberanía nacional. El 11 de septiembre de 1973, sería el primer paso en la construcción del sueño de una “patria libre, unida, grande y soberana”. Pero este hecho, que da pie a la “liberación” de Chile, se origina en algo que trasciende a la humanidad. Y es que el golpe de Estado, ha sido, para el General, la “difícil e irrenunciable misión” colocada en los hombros de los institutos armados, nada más y nada menos, que, “por Dios y la historia”. Al ser de esta manera, la construcción de Estado en Chile, no es otra cosa que la obra de Dios, en la persona de sus “siervos”, los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, los que a su vez, son encabezados por el mesías-redentor: Augusto Pinochet. Por lo tanto, las personas que llevan a cabo esta labor son puestas en condiciones supra-humanas. Trascienden a los tiempos y a las épocas, por ello, tienen la sapiencia para captar y el poder para actuar conforme a “valores morales”, “eternos”, “anidados en el alma nacional”. Y ellos se saben en esa labor mesiánica. La construcción de este nuevo Estado, es la estructuración proyectiva del porvenir de Chile, que no es otra cosa, que seguir la “senda trazada” hacia “la luz”. Por lo cual, y Pinochet no tiene ningún empacho en decirlo, el “volver atrás”, a la antigua democracia, es caminar hacia “las penumbras de la esclavitud”. Hay dos frases de Pinochet, con las que concluye el discurso, que fortalecen esta tesis. En la primera, Pinochet, señala que su confianza está puesta en Dios, en el pueblo de Chile, sumergido en el peso de la noche[12] de la obediencia servil, y “en nuestras Fuerzas Armadas y de Orden que, con patriotismo, hoy guían sus destinos; y, “el futuro de Chile está en vosotros, cuya grandeza estamos labrando[13]. Los chilenos son meros espectadores de la escena de la conformación nacional, puesto que no son libres. Puede sonar a “anarquismo”, pero la libertad verdadera, en mí opinión, es la ausencia de la ley. Y cuando son otros los que guían destino y labran nuestra grandeza nos posicionan en la esfera de la esclavitud. Si ellos, se colocan en la posición de instrumentos divinos, los ciudadanos son rebajados a una condición infra-humana. Ellos asisten al presente y futuro que trazan otros. Y al tener un designio, una mirada teleológica, que emana de “lo alto”, nos encaminan a las veredas del progreso, a las que difícilmente llegaríamos mediante nuestras capacidades humanas.

Toda esta construcción mítica, que yo, desde mí posición, considero injusta, destructora, alienante, inhumana, hasta irrisoria y ridícula, no deja de ser una construcción racional, y por ende, puede constituirse en un piso sobre el cual se funda la construcción del “nuevo” Estado. Esto, y en primera instancia, porque el mito es un retrato imaginario de lo real.. Para Habermas, un retrato proporciona “un ángulo de mira bajo el que la persona representada aparece de una determinada manera…Del mismo modo, las imágenes del mundo fijan el marco categorial en cuyo seno todo lo que acaece en el mundo puede interpretarse de determinada manera como algo. Y al igual que los retratos, tampoco las imágenes del mundo pueden ser verdaderas o falsas”[14]. Un retrato, al igual que una imagen, en el mundo habermasiano, simplemente, es. Ahora bien, esta tesis se ve reforzada habla de la paradoja de la irracionalidad que, a la vez, es racionalidad. Él argumenta: “Quien sistemáticamente se engaña sobre sí mismo se está comportando irracionalmente, pero quien es capaz de dejarse ilustrar sobre su irracionalidad, no solamente dispone de la racionalidad de un agente capaz de juzgar y actuar racionalmente con arreglo a fines, de la racionalidad de un sujeto moralmente lúcido y digno de confianza en asuntos práctico-morales, de la racionalidad de un sujeto sensible en sus valoraciones y estéticamente capaz, sino también de la fuerza de comportarse reflexivamente frente a su propia subjetividad y penetrar las coacciones irracionales a que pueden estar sistemáticamente sometidas sus manifestaciones cognitivas, sus manifestaciones práctico-morales y sus manifestaciones práctico-estéticas”[15]

Esta construcción irracional-racional, ha permitido la configuración de Estado, que opera bajo la lógica de lo que Habermas llama el “mundo de la vida”, este, según lo planteado en clases, que emana del pensamiento del filósofo y sociólogo alemán, se refiere a la dimensión simbólica de la sociedad. Es el “mundo de la vida” el que permite a los individuos y adoptar a los grupos “orientaciones racionales de acción”[16]. Esta orientación, viabiliza, a quienes comparten ése “mundo de la vida”, la posibilidad de configurar racionalmente sus vidas[17]. Esta racionalidad para Habermas posee una serie de signos que la identifican: afirmaciones fundadas, acciones eficientes, acciones reguladas por normas y autorrepresentaciones específicas[18]. Los dos últimos signos, corresponden a la ampliación de la racionalidad realizada por Habermas. No está demás decir, que el proyecto de construcción de un Estado de nuevo cuño, impulsado por la dictadura, opera bajo las lógicas de la racionalidad, tal y como Habermas lo plantea. De hecho, en nuestra reflexión de la fundamentación mítica de dicho programa, se habló de las autorrepresentaciones específicas, las que son racionales, al operar bajo valores culturales[19]. Es decir, el mito es el reflejo de una cultura que valora sobremanera el orden, sus héroes, la divinidad  y la tradición. Eso permite hablar de la “raza chilena” y, no sólo eso, establecer un juicio de valor al hablar del “chileno de verdad”, uno que al igual que la señalética de detención frente a los trenes, para, mira y escucha, pero no actúa. Esto porque es obediente al destino que ha trazado Dios. Y si no lo ve de esa manera, “por lo menos”, es obediente al destino trazado a la sombra de las bayonetas. Si bien es cierto, Habermas plantea que las “coacciones” no son racionales, en este caso, bajo la lógica de Pinochet, opera racionalmente en el tejido que el mismo ha diseñado. En primer lugar, porque opera con afirmaciones fundadas, las que, a su vez, actúan “bajo la normativa vigente”, lo que de por sí, es un acto racional[20]. El ejemplo que podríamos ocupar, es lo relativo a la violación de los Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos, por definición, son universales, inalienables, imprescriptibles e inamniestables. Pero Pinochet, y el “mundo de la vida” que configura y vive, hacen que lo vea de otra manera. El dictador menciona en su discurso, que ha rechazado un crédito externo, porque como condición, un país debía supervisar la situación de los derechos humanos en Chile. Frente a eso, Pinochet señala que la dignidad nacional no se “tranza” ni se “hipoteca”. Además, dice que la historia y la idiosincrasia chilena han sido forjadas en el respeto de la dignidad del hombre. Lo que sucedía en Chile, eran “limitaciones excepcionales”, impuestas a “ciertos derechos” en forma “transitoria”. La causa de esta ruptura es la “agresión marxista-leninista” que conduciría, indefectiblemente, hacia la anarquía. Esta actitud, fundamenta Pinochet, es contraria a una actitud “débil o demagógica frente al terrorismo”, lo cual, en sus propias palabras, es “complicidad por omisión, con una de las formas más brutales de violación de los derechos humanos”. En otras palabras, se considera esta ruptura violenta, la del golpe, como un “complemento duro”, “pero, necesario”, que permita “asegurar la liberación nacional”, “proyectar horizontes de paz y progreso” para el presente y futuro de Chile y, fundamentalmente, dar vida a un nuevo régimen político-institucional. Es decir, los crímenes de lesa humanidad, entre ellos, terrorismo de Estado, asesinato de centenares de opositores políticos, desaparición de muchos de ellos, torturas masivas y sistemáticas; todos estos actos humanos repugnantes, fueron hechos bajo la gran inspiración de salvar al país, de lo que el General Leigh denominó el “cáncer marxista”. Vale decir, esto se efectuó por el bien supremo de la patria. Dichos crímenes son, entonces, un mal menor. Ante esto, María Angélica Illanes señala: “El golpe militar de 1973 y la ferocidad desatada ante nuestros ojos estupefactos, corresponde al momento histórico es que estos otrora perros guardianes de rebaño, se transforman en lobos soltados al descampo de la patria, haciendo del día noche y del ciudadano libre un malhechor”[21]. No podemos llamar a lo bueno, malo o a lo malo, bueno. La destrucción física, moral o espiritual de otros seres humanos, que no son otra cosa que hermanos terrenos, no puede ser justificada con nada. Ningún horror justifica las atrocidades que se cometieron. Ninguno. El problema es que este pensamiento se ha asentado en la mentalidad de muchos chilenos, quienes a pesar de los informes Rettig y Valech, siguen creyendo que el golpe y la dictadura fueron un pronunciamiento legítimo de un sector de la sociedad. Y no sólo eso, dicho “pronunciamiento”, trajo éxito y estabilidad al país. Pero, ¿a costo de qué o quiénes? Nuestro sistema social, político y económico está asentado sobre miles de cuerpos de chilenos y ha sido regado con su sangre. Sangre a torrentes, resultado vivo y tangible de la violencia y la represión. Ahora bien, lo terrible del asunto, es que no sólo sería racional por el hecho de tener fundamentación, sino que, además, por haber actuado bajo la normativa vigente. Se violaron los derechos humanos, pero todo fue justificado bajo la legalidad establecida por quienes ostentaban la condición de jueces y partes. Y no sólo eso, en un arrebato de poder cuasi-omnímodo, lo borraron, con otras leyes. No sólo cumplieron labores mesiánicas al “salvar” a Chile del “caos y tinieblas” que se avecinaban, sino también, tienen el poder de re-orientar la historia y poner los “puntos finales”, donde ellos creen que lo amerita.

Todo lo anterior, se resume bajo una tesis que argumenta y solidifica la posición. Pinochet dijo: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. ¿Necesita esto de más comentarios? Si ustedes creen que sí, yo creo que el estómago no da para tanto. Bueno, es sólo mí opinión.

A la vez, la construcción de este “nuevo” Estado, es racional, porque posee acciones eficientes. Vale decir, que plantean una proyección que puede ser evaluada de manera objetiva y técnica. De hecho,la Dictadurada origen a un tipo de político y lo posiciona en las esferas de poder. Me refiero al tecnócrata. Esto se hace latente en una de las cualidades que posee la “nueva democracia” creada por Pinochet y compañía y, que veremos más adelante.

La importancia del discurso en Chacarillas, radica en que es aquí, donde Pinochet, presenta los “pasos fundamentales para avanzar en el proceso institucional del país”. Frente a esto, el 11 de septiembre del ’73, no sólo significa el derrocamiento de un gobierno “ilegítimo y fracasado”, sino, el término de un régimen político-institucional “ya agotado”, lo que comporta el “imperativo de construir uno nuevo”. Pinochet habla de una “obra eminentemente creadora”, pero “enraizada en la tradición nacional”. Esta obra deberá seguir, para ello, el “sendero del derecho”, el cual es resultado de la “evolución social” y su consecuente armonía, la cual debe co-existir con una nueva norma jurídica objetiva e impersonal, las que deben dar paso a una “nueva democracia”. ¿Cómo debiera ser ella, según Pinochet? Da una serie de cualidades “infaltables” en ella: “autoritaria”, “protegida”, “integrada”, “tecnificada” y “de auténtica participación social”[22]. Es autoritaria, porque posee una autoridad “fuerte y vigorosa”, que hace “imperar el orden jurídico”. Es protegida porque el Estado se encuentra comprometido con la libertad y dignidad del hombre y con los valores esenciales de la nacionalidad. De ahí emana una de las frases anteriormente vista: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. Es integradora, porque busca “robustecer” “el objetivo nacional” y “los objetivos permanentes de la nación”. Esta democracia busca la unidad de “la gran familia de ella”. Por ello, niega “la lucha de clases”, puesto que no existe ni debe existir. Esta negación, es también una negación por decreto[23]. Ahora bien, esta negación es hecha a lo que, comúnmente, algunos significan por “lucha de clases”. Esta lectura tiende a pensar a los marxistas como violentos, lo que daría cuenta de la “única” forma de llegar al poder: la fuerza. Pero el término no se refiere a eso. Marx, junto a Engels en el Manifiesto Comunista, al señalar que la historia de la humanidad ha sido una constante lucha de clases, se está refiriendo a la contradicción relacional, en términos sociales y económicos, que se han dado en la misma. En definitiva, estamos hablando de desigualdad, lo que es contradictorio, sobre todo, en sociedades liberales, o en todas las que propugnan la igualdad entre los seres humanos. La negación de esta lucha, es la negación de la clase, y cuando no existe clase, en tanto que diferenciación, ¿hacia qué orientar la política? ¿A dónde iremos, si ya no hay pobres ni oprimidos? En buena hora no existieran. Pero cuando es producto de una negación, vale decir, de una mentira, o de una verdad a medias, o lisa y llanamente, de una omisión, el futuro que emane de eso no puede ser muy auspicioso que digamos. Es Tecnificada, porque inserta la ciencia y la técnica en la discusión política, a través de los tecnócratas. Ellos buscan como aporte: “reducir el debate ideológico”, teniendo como sustento el “aporte de los más capaces”, en busca de “dar estabilidad al sistema”. Y, al final, de auténtica participación social. Esta se fundamenta en el principio de subsidiariedad. Ahora bien, se lleva a efecto, mediante la libertad económica, la cual, según Pinochet, se puede lograr “impedir la asfixia de las personas por la férula de un Estado omnipotente”. En este punto, una de las ideas fundamentales, es la del derecho a la propiedad, la que según Büchi, está por sobre los derechos vagos, como el del medioambiente.

Para llegar a ese proceso, habría que entenderlo, como uno en forma gradual, con tres pasos. Recuperación, del poder político integralmente asumido por las Fuerzas Armadas. Transición, en la que se pasaría de colaboración a la participación. Y al final, la etapa de Normalidad o consolidación, en la cual el poder es ejercido directamente por la civilidad, aunque las Fuerzas Armadas, cautelan las bases de la institucionalidad y la seguridad nacional. En el momento que habla en Chacarillas, Pinochet habla de que Chile está en la etapa de Recuperación yla Transición, debe comenzar antes de Diciembre del ’80, al  ser redactadala Constitución del ’80.

Cuando hablamos de Transición, estamos hablando, en términos estrictos, de “tránsito” o “paso de un estado a otro”. Pinochet, aunque suene irrisorio, dijo acerca de la Transición: “Así como los marxistas llaman pasar del sistema burgués a través de la dictadura del proletariado, nosotros también tenemos que pasar, y no se puede escapar, por la dictadura de la democracia, aun cuando no les gusta a algunos”[24]. Quizá este sea uno de los términos más repetidos en la política nacional. La estamos viviendo, o no, es la pregunta. Sí y no, dependiendo de la transición a la que nos referimos. Ya no vivimos la de Pinochet, desde el regreso a la democracia. Desde ese momento, se vive la normalidad o consolidación. Es decir, vivimos el Estado a la imagen y semejanza de Pinochet, sustentado en el mismo mito y en las mismas imágenes. Vale decir, nuestra democracia, es hija de la “nueva” creada por Pinochet, cuya definición desglosamos y contestamos. En cambio, hay una transición que comenzó, pero que no ha terminado y, al parecer, no ha avanzado mucho. Se trata de la Transición diseñada por la Concertación de Partidos por la Democracia. Un tránsito sin fin, “eterno”. Muchas veces, la gente gritó: “¡y va caer!, grito que se multiplicaba de voz en voz. Luego, con los gobiernos de la Concertación, no faltó acto por hacer, en el que alguien no gritara: ¡y ya cayó!… Pero seguimos, y seguiremos así, mientras no nos preguntó ¿para qué cayó? Insisto, vivimos en el Chile de Pinochet, diseñado, cortado y confeccionado por el militar. ¿Por qué no se ha hecho nada? Creo que hay dos razones. La primera tiene que ver con la “amnesia social”, la que es resultado de verdades “en la medida de lo posible”. Patricio Aylwin, en una ocasión señaló: “El pasado no se puede reconstruir. Ni podemos devolverle la vida a los muertos ni devolverle el trabajo a los que lo perdieron… El pasado se fue. Qué le vamos a hacer. Las injusticias la cometieron otros”[25]. Pero la más importante, en mi opinión, es la incapacidad, teórica y práctica, del movimiento político-social y artístico que configure una verdadera democracia, participativa, en la cual, la soberanía resida en los trabajadores. Esta idea la sintetizó el MAPU en un manifiesto: “la fortaleza de Pinochet reside en nuestra debilidad”[26] .

Frente a esto, tenemos dos armas para comenzar nuestra construcción: la memoria y la acción. Con respecto a la memoria, Gabriel Salazar señala: “No es tiempo de obediencia mecánica, sino de responsable desobediencia civil. Porque es tiempo de proyectar un país desde dentro y para dentro. Desde nosotros mismos y para nosotros mismos. Legítimamente. Igualitariamente. Sin mentirnos. Porque la soberanía sólo exige obedecerse a sí misma. Es autónoma, como el sol”[27]. Sobre la acción Foucault, dice lo siguiente: “Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas ‘absolutamente absolutos’, es porque, tras todas las aceptaciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan”[28].

Autonomía y sublevación… Es hora de comenzar a trabajar con ellas, para construir un país mejor. Al fin y al cabo, no tenemos nada que perder, excepto nuestras cadenas. En cambio tenemos un mundo entero por ganar[29].

 Luis Pino Moyano.

Santiago, Primavera de 2007.


[1] Contador, Ana María. Continuismo y discontinuismo en Chile. Selección de discursos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalvo, Salvador Allende y Augusto Pinochet. (Santiago: Bravo y Allende Editores, 1989).

[2] Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Tomo 1: Racionalidad de la acción y racionalización social. (Madrid: Taurus Ediciones, 1998), pp. 15-43; 69-110.

[3] Moulian, Tomás. Chile Actual: Anatomía de un mito. (Santiago: Lom Ediciones y Universidad Arcis, 1997), pp. 151, 171.

[4] Illanes, María Angélica. La Batalla de la Memoria. Ensayos históricos de nuestro siglo. Chile 1900-2000. (Santiago: Grupo Editorial Planeta, 2002), pp. 163-175. Correspondiente a la intervención en la presentación  del libro de Luis Moulian y Gloria Guerra, Frei, biografía de un estadista utópico, Santiago, 2000. El ensayo es intitulado en el libro de Illanes como: La Caída del Mito de la Diferencia.

[5] Citado por Habermas. Op. Cit., p. 74.

[6] Ibídem, p. 75.

[7] Entre las obras que reflexionan con respecto a dicha construcción están: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2005) y Loyola, Manuel y Grez, Sergio (compiladores). Los proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX. (Santiago: Ediciones Universidad Raúl Silva Henríquez, 2002).

[8] Illanes. Op. Cit., p. 166.

[9] Ibídem, p. 172.

[10] Ibídem, p. 172.

[11] Ibídem, p. 173.

[12] La frase entre las comas es mía. El concepto peso de la noche, fue elaborada por Diego Portales en su carta a Joaquín Tocornal. Valparaíso, 16 de Julio de 1832.

[13] Las acentuaciones son mías.

[14] Habermas. Op. Cit., p. 89.

[15] Ibídem, p. 41.

[16] Ibídem, p. 70.

[17] Ibídem, p. 71.

[18] Ibídem, p. 33, 34.

[19] Ibídem, p. 39.

[20] Ibídem, p. 38.

[21] Illanes. Op. Cit., p. 175.

[22] Compárese con lo planteado por Portales, en uno de sus textos epistolarios: “La república es el sistema que hay que adoptar, pero ¿sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes”. Citado en: De Ramón, Armando. Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000). (Santiago: Catalonia Ltda.., 2003), p. 73.

[23] El artículo 8 de la Constitución de 1980 rezaba: “Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito o contrario al ordenamiento institucional de la República”. En: Constitución Política de la República de Chile. (Santiago: División Nacional de Comunicación Social, Octubre de 1980), p. 3.

[24] Revista Cauce, 10 de septiembre de 1985. En: Correa, Sofía (et. al). Historia del siglo XX chileno. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2001), p. 322.

[25] Aylwin, Patricio, en: La Época, 6 de Agosto de 1993, p. 1. Citado por: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile: La historia reversa de la legitimidad. Proposiciones, Nº 24, Santiago, 1994, p. 92.

[26] Un Camino para Chile. Manifiesto del MAPU a los trabajadores y al pueblo. III pleno nacional en la clandestinidad. Marzo de 1980.

[27] Salazar, Gabriel. Proyectando país globalizado tras 220 años de vida “independiente” (o la revolución del hijo pródigo). En: Moulian, Tomás (Coordinador). Construir el Fututo. Aproximaciones a proyectos de país. Volumen 1. Colección Escafandra. (Santiago: LOM Ediciones, 2002), p. 203.

[28] Citado a modo de epígrafe en: Arancibia, Juan P. Extraviar a Foucault. (Santiago: Ediciones Palinodia, 2005), p. 7.

[29] Marx, Karl y Engels, Friedrich. El Manifiesto Comunista. (Buenos Aires: Centro Editor de Cultura, 2006), p. 94.

*Este fue un trabajo realizado en la cátedra de Comunidad y Sociedad, dictado por el Profesor Marcos Águirre (2007).