A propósito del 18.

 

Estamos a sólo horas de un nuevo 18 de Septiembre… en las calles comienzan a enarbolarse las banderas, desde los negocios sale el olor a las empanadas, “está buena la carne”, señala el comercial de una de las tantas empresas monopólicas del país… Hoy, comienza la temporada de fondas, y los periodistas hacen votos por ver a la Bachelet bailar un pie de cueca… y es que las tradiciones son importantes, dicen.

Todo eso, con el propósito de celebrar “nuestras” fiestas patrias… el 18, celebramos el “Día de la Independencia” y el 19, las “glorias de nuestro ejército”.

Partamos por la primera de las celebraciones. Pongámonos de pie… resuenan trompetas… “Día de la Independencia”. ¿Independencia? ¿De quién? Si nosotros vemos la historia, notaremos que la guerra de emancipación es un conflicto elitario. Es la lucha entre una misma clase. Es la lucha de la aristocracia criolla contra la aristocracia peninsular. También se nos señala a través de la historia, que es un proceso multicausal. ¿Cuáles son esas causas? Todas son causas que rodean, de una manera u otra, a la aristocracia. La fundamental, es que los criollos han sido dejados de lado, no eran tomados en cuenta para los cargos más importantes de la colonia hispánica. Sólo podían tener acceso algunos puestos de mediana importancia en el cabildo. Otra de las causas… el daño que habían producido algunas medidas económicas de la dinastía borbona, en la precaria industria “nacional”. ¿Quiénes son los dañados? Ellos. En especial, la aristocracia criolla. A ellos se les alzó los impuestos, ellos perdieron plata con la sobresaturación de mercaderías y la consecuente falta de circulante, y ellos fueron las víctimas del contrabando de los delincuentes del camino, de piratas y corsarios. Ellos son las víctimas del mal gobierno de García Carrasco… lo que se soluciona con su derrocamiento, y con la puesta de Mateo de Toro y Zambrano. Veamos a ese personaje. Un caballero anciano, 83 años, realista, manejable por su frágil memoria. Cómo será, que la prensa de farándula de la época (un chistecito no le hace mal a nadie), señalaba que el Conde de la Conquista (cargo comprado), se quedaba con la opinión del último que le hablaba. Ese fue el hombre que “dirigió” el cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1810. El principal acuerdo de esa reunión, en la que participaron los vecinos más virtuosos (concepto muy común en “La República” de Platón) y honorables de la ciudad de Santiago, fue el juramento de lealtad al rey Fernando VII, apresado por las fuerzas napoleónicas. Y ahí está el meollo del asunto… renació una concepción medieval, con respecto a la monarquía absoluta española. El concepto es más o menos así: Dios había delegado el poder al pueblo español, y el rey les gobernaba mediante el pueblo… Dios lo había querido así. Con el rey cautivo, el poder residió en el pueblo, evidentemente estamos hablando de la aristocracia, que por la defensa de sus intereses inauguró Juntas de Gobierno. Y así comienza la lucha de “nuestra” independencia. Lucha que cuando concluye con la batalla en los llanos del Maipo (1818), deja en el poder a un hijo de esta aristocracia, que asume un poder plenipotenciario… inauguró un gobierno republicano, pero en el cual el Director Supremo ejercía un poder cuasi-monárquico. Los libros de historia oficial, no muestran a los rotos. Y es que el “bajo pueblo” debía ser moralizado, disciplinado, enseñado. Por lo mismo, Portales, señala que la democracia es el “gobierno de los ilusos”… por eso, la necesidad de un gobierno autoritario y centralizador. A fines del siglo XIX, comienzan a surgir una serie de movimientos sociales (sindicales, mancomúnales, políticas)… Es ahí, donde sale a la luz, “el viejo topo de la historia” (Marx)… Pero, es una salida a la luz, desde la colonia en adelante, ese bajo pueblo fue oprimido, reprimido, humillado, subyugado. Entonces, el 18 celebramos la Independencia de una clase, la que ostenta el poder, no la del país.

Vueeeeeeelta! Llega el 19. La Parada Militar. Esa que nos hace recordar que estamos celebrando las glorias del Ejército. De ese que ha sido “siempre vencedor, jamás vencido”. ¿A quién ha vencido? No sólo a españoles, peruanos y bolivianos… con el que ha sido infranqueable es con el “enemigo interno”. Esa victoria la logró masacrando, aplastando a sangre y fuego a nuestros compatriotas, a sus compatriotas, en 1830, en 1851-1852, en 1859, en 1891, en 1901, en 1903, 1905, 1906, 1907, 1934, 1946, 1957, 1962, 1967, 1969, y desde 1973 a 1989, entre otras. No importaba… eran los pipiolos, “liberales rojos” y finalmente, eran los marxistas… qué importaban eran los “humanoides”. Lo fue aplastando a sangre y fuego a nuestros antepasados mapuches, en lo que los siúticos denominan pacificación de la Araucanía. Qué pacificación, fue una ocupación violenta. Es ese ejército, que nació para defender al pueblo, que está manchado con la sangre de sus hermanos.

Y esto no es lo que algunos elocuentes llaman “del pasado”. O lo que otros, un poquito más inteligentes, nos invitan a estudiar en su contexto. ¿Qué contexto? Nuestra nación fue forjada con el mal endémico de la desigualdad, del autoritarismo. Tenemos una democracia que ha sido tutelada por la sombra de las bayonetas. Las clases más bajas siguen siendo reprimidas, tal vez, no por las fuerzas policiales o militares, pero si por la exclusión. Es que como dijera María Angélica Illanes, el gobierno está más preocupado de construir una república, no una democracia. Por eso, escuchamos a la presidenta hablar de la importancia de los símbolos patrios, símbolos que tienen derechos (“nadie tiene el derecho de destruirlos”). Pero esos símbolos ¿a quiénes representan? A ellos. A los triunfadores.

Es tiempo, en los cuales debemos preocuparnos más de construir una verdadera democracia, que borre las exclusiones políticas, económicas y sociales. Es tiempo que la Independencia, nos alcance a todos, no sólo con las empanadas y la carne (tipo “pan y circo” romanos), sino la independencia de verdad. La que signifique nuestra autodeterminación, una verdadera soberanía popular. Y que cuando logremos eso, podamos cuidarlo con dientes y uñas, de aquellos que siempre nos han querido someter. Sólo ahí, los que no vivimos para el tiempo del gobierno popular, respiraremos, por vez primera, los aires de la libertad.

Puente Alto, 15 de septiembre de 2006.

Luis Pino Moyano.

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