De estudiantes, luchas y desafíos.

Más que venir a hablar desde certezas con la finalidad de “iluminar” o dar respuestas, pretendo plantear unas breves reflexiones que tienen como finalidad problematizar y ayudar a la discusión. El año 2011 tuvimos un reventón social de la mano de los estudiantes, esos que al decir de Violeta Parra “son la levadura”.

Quienes formamos parte de esa generación intermedia entre quienes vivieron la dictadura y sus rigores y aquellos que nacieron en tiempos de la insípida alegría de la Concertación, ni en nuestros mejores sueños esperábamos un movimiento tan masivo y cuyas propuestas buscaran la transformación societal y no el acomodo del sistema. Ese movimiento que llenó de colores, gritos y alegrías nuestras calles, propugnando educación gratuita, pública, laica y de calidad, hizo que concepciones que estaban instaladas como sentido común fuesen cuestionadas. Hasta las universidades que concuerdan y sustentan el neoliberalismo se publicitaban este verano como instituciones sin fines de lucro. Este movimiento nos hizo mirarnos, recobrar fuerzas y tejer nuevas relaciones de asociatividad, solidaridad y aprendizaje.

Pero en la política institucional, esa que sale día a día en los medios masivos, perdimos. La autonominada “clase política” ha hecho oídos sordos a nuestros proyectos. Aparte de eso tenemos un descenso de la movimientalidad que algunos aducen se debe a la pérdida de transversalidad, al desgaste de meses invertidos en la lucha, a las tensiones faccionales, al miedo a la represión, entre otras.

La pregunta es: ¿qué hacer? ¿Qué hacer para no desgastarnos y no empaparnos de la “seriedad de la muerte” y, por el contrario, experimentar el goce de ser actores que construimos historia, nuestra historia? ¿Qué hacer para que todo este tiempo de marchas, asambleas, conversatorios y no “préstamo de votos”, sea capitalizado en logros que trasunten en acumulación de fuerzas para las próximas batallas? ¿Qué hacer para combinar nuestras tareas en el movimiento y las que tenemos como estudiantes, en tanto las herramientas que recibimos en el aula nos pueden ayudar a comprender la realidad que buscamos cambiar y la que buscamos proyectar? ¿Qué hacer para no desmotivarnos al pensar que esta lucha recién comienza y será parte, si lo hacemos bien, de una nueva “larga jornada” en la historia de los sectores populares?

Para finalizar, los dejo con las palabras del viejo Lamennais, el maestro de Francisco Bilbao, que son también, una provocación para las discusiones que vendrán: “Aún hay fuerza y por consiguiente esperanza donde se ven arranques violentos, pero cuando se apaga todo movimiento, cuando no hay pulso, cuando el frío ha llegado al corazón ¿qué esperar entonces, sino una próxima e inevitable disolución?”.

Aún queda mucho por hacer…

Luis Pino Moyano

Profe de Historia

(Columna escrita para el Boletín de l@s Estudiantes del Colegio Andino Antuquelén, “El Pajarón”).

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