En memoria de Fernando Ortiz Letelier, Luis Moulian Emparanza y Luis Vitale Cometa, historiadores y militantes…

Conquista y colonización de América Latina.

Mis disculpas a España.

Por Pedro Cayuqueo.

Aconteció en Madrid el año 2009, en un foro sobre la lucha indígena en América Latina donde fui invitado a exponer en mi calidad de periodista. “Yo aquí, como Mapuche, les pido disculpas porque lo mejor que tenían ustedes, lo mejor de vuestra juventud, fue a morir a nuestro territorio. Y fueron a morir en una guerra imperial que probablemente no buscaron ellos ni mucho menos nuestros ancestros. Nuestro territorio fue el cementerio español en América y por ello, acepten mis disculpas, que siempre engrandecen a quien las da y ennoblecen a quien las acepta”, fue lo que dije a los españoles al iniciar mi conferencia. Demás está contarles que el silencio y las caras de sorpresa fueron totales. Tanto entre los españoles asistentes al foro -que no podían creer lo que sus oídos escuchaban- como en la mayoría de mis colegas expositores, en su mayoría comunicadores indígenas de Centroamérica que poco y nada parecían entender mi emotiva “conversión” proespañola y, sobre todo, monárquica.

Siempre cuento esta anécdota madrileña cuando expongo del tema mapuche. Y lo hago porque me permite ahorrar cuando menos dos o tres siglos de latoso recuento histórico. Y es que como algunos ya lo sospechan, nuestra fatalidad histórica como pueblo poco y nada tiene que ver con el Rey de España. No es malo recordarlo, sobre todo un 12 de Octubre, cuando la cercanía de los árboles impide a tantos ver el bosque.

Lo reafirmo hoy en esta tribuna: lo acontecido con mi pueblo bastante poca relación tiene con el bendito 12 de Octubre. Muy poco que ver con la Corona y si mucho con las Repúblicas. Muy poco que ver con los españoles y sí mucho con la historia no contada de los pueblos chileno y argentino. Dejemos por tanto descansar en paz a Cristobal Colón, Francisco Pizarro y el crédito local, Pedrito de Valdivia. Pocos saben -y básicamente porque a nadie se le enseña en la escuela- que los mapuches casi nada perdimos con España. Hasta podría decir que ganamos. Sí, ganamos el arte de la caballería, los textiles, la platería y una lengua castellana casi tan hermosa como la nuestra. Es cierto, se trató en los inicios de una guerra. De una cruenta y dolorosa guerra de anexión colonial. Pero la muerte de tres Gobernadores al sur del Biobío fueron más que suficientes. Sobrevino entonces la diplomacia de las armas y con ella florecieron en La Frontera el comercio, las artes, la ciencia y la Política. Así como lo lee, la Política, con mayúscula, que aquello eran precisamente los Parlamentos.

No viene mal recordar, sobre todo en esta fecha, que los mapuches perdimos nuestra independencia no precisamente a manos de los ancestros del Rey Juan Carlos. Fue hace no mucho tiempo, poco más de un siglo, después que Bolivia perdió el mar ante Chile en la llamada “Guerra del Pacífico”, sin ir más lejos. Aconteció entre los años 1880 y 1886, con presupuestos aprobados en los Congresos chileno y argentino, tras “democrático” debate impulsado por lo más selecto de la elite dirigencial de ambas repúblicas. Si transcurrido más de un siglo la demanda marítima boliviana sigue estando tan presente en la población altiplánica, ¿se imaginan cómo será para nosotros la añoranza de aquel territorio propio, de aquel hogar nacional saqueado por chilenos y argentinos a punta de quemas de sembradíos, robo de animales y cantidades industriales de chupilca del diablo? Si fueran mapuches como yo o como mi abuelo ¿cómo creen se sentirían al respecto?

Estimado lector, estimada lectora: que no le sigan pasando en octubre gato por liebre. El conflicto actual no tiene 500 años como insisten autoridades y uno que otro periodista despistado. A lo más, 130 años. De hecho, está de cumpleaños muy pronto, el próximo 4 de noviembre, fecha en que se conmemora el último “Malón General” acontecido en el valle de Temuco el año 1881. Allí se enfrentó el ejército mapuche contra las fuerzas militares comandadas por Gregorio Urrutia, dicho sea de paso, condecorado oficial chileno de la “Guerra del Pacífico”. Aquella batalla constituyó la derrota definitiva de nuestro pueblo. Ello al menos en este lado de la cordillera.

Al otro lado, en Puelmapu, “la tierra mapuche del este”, las escaramuzas se prolongarían hasta bien entrado 1886, año de la rendición del lonko Sayweke ante las fuerzas militares argentinas en Junín de los Andes. Cuesta entenderlo de buenas a primeras, pero gran parte del “conflicto mapuche” actual es consecuencia directa de esta historia que les relato. Lo repiten y hasta el cansancio los lonkos en Ercilla, Lleu Lleu, Makewe y Lumaco, hijos, nietos y bisnietos de aquellos weichafes caídos en la batalla de Temuco. Pero al otro lado nadie los escucha. Mucho mejor negocio culpar a los conquistadores y su “barbaridad” legendaria. “No esperen que resolvamos en cuatro años un problema que se arrastra por más de quinientos”, escuché decir una vez desde La Moneda. Hay que ser muy caradura. Mis disculpas nuevamente a España.

Tomado de The Clinic.


Conferencia de Leonardo León, sobre historia del pueblo mapuche.

Una muy buena conferencia del historiador Leonardo León Solís, en la que da cuenta de la historia del pueblo mapuche y su larga historia de parlamentos.


Mitos en torno al 12 de octubre

 

El 12 de Octubre se celebra el día de la “raza” y del “descubrimiento” de América. Durante siglos se han fabricado mitos para justificar a los “vencedores”. Y lo más trágico es que han sido aceptados de manera acrítica por vastos sectores de nuestros pueblos, influenciados por la educación impartida desde la escuela basica. No por casualidad entre nosotros se ha glorificado a Barros Arana, Encina, Edwards, Eyzaguirre y otros.

Pasemos a ver algunos de esos Mitos resumidamente:

MITO Nº 1:

Que los españoles, guiados por Colón, descubrieron América.

Antes de la llegada de los españoles existían en nuestra América culturas milenarias. Si alguien la descubrió fueron los hombres que, provenientes del Asia, cruzaron el estrecho de Behring hace más de 50.000 años, bajando hasta el extremo sur chileno (Pali- Aike .Magallanes) donde se han encontrado restos humanos que datan de unos 10.000 años.

Posteriormente, hace unos 5.000 años, llegaron en canoas- por el Pacífico norte- navegantes originarios de la cultura Jomon (isla Kyushu, al sur de Japón) que con su cerámica influyeron a la Cultura Valdivia (Ecuador) y a otros pueblos originarios de la actual Colombia.

En consecuencia, Colón no descubrió nada porque nuestra América ya estaba culturizada por los pueblos originarios. Si se esgrimió la palabra “descubrimiento” fue para justificar la conquista de territorios ricos en metales preciosos.

¿Por qué no se habló del descubrimiento de Asia luego del viaje de Marco Polo en el siglo XIII?

La respuesta es que Europa- en relación con los avances de la cultura china- no estaba en condiciones de conquistar Asia.

MITO Nº 2:

Que el Viejo Mundo era la avanzada de la civilización y el Nuevo Mundo estaba en el salvajismo.

Detrás de este planteamiento está sin duda la concepción eurocéntrica y etnocéntrica de la historia que, vista desde el ángulo europeo, pudo hablar de Indias Occidentales y Orientales así como se visualizó en Asia el Cercano, Medio y Lejano Oriente. Con justa razón, los chinos hablaban de la lejana Europa. No siempre Europa fue el ombligo de la historia universal.

Indoamérica no fue Nuevo Mundo porque poseía culturas más antiguas que la de los que la invadieron. Nuestro neolítico fue tan antiguo como el de Europa occidental con cultivos incipientes en Teotihuacán que datan de 7.000 años a.c., y maíz cultivado hacia 5.000 a.c., y en Chile restos agrícolas de 3.500 a.c. Pronto se abrieron paso las terrazas o andenes para regadío artificial, junto con un notable avance en cerámica y cestería. En cuanto a elaboración de metales, nuestras culturas originarias estaban en un grado de adelanto igual o superior al de los europeos de siglo XV.

Además, en Indoamérica se inició tempranamente una revolución urbana, con ciudades como Teotihuacán, con cerca de medio millón de habitantes, el Cuzco y Lubaatún (Imperio Maya) con 50.000, superando con creces la población de Atenas en su máximo esplendor bajo Pericles. En el momento de la invasión española, las ciudades más grandes del mundo era Pekín y nuestra Teotihuacán. Y todo esto sin afectar los ecosistemas naturales, con los cuales la sociedad seguía manteniendo plena armonía. Los Mayas descubrieron un calendario tanto o más preciso que el juliano del imperio romano. También crearon el número cero, que recién fue incorporado a Europa occidental a través de los árabes.

MITO Nº 3:

El Día de la Raza.

No está claro si los españoles recurrieron a la zoología para difundir el concepto de raza, de inequívoca inspiración etnocéntrica. En todo caso, lo utilizaron al calificar de “sub-humanos” a nuestros aborígenes, asociando arbitrariamente el color de la piel con las facultades síquicas.

Así era fácil justificar la sed de riquezas en nombre de una supuesta raza superior. Es conocido el genocidio de millones de indígenas cometido bajo el signo de la cruz y la espada, a los cuales habría que agregar la pólvora, las armas de fuego y -por qué no decirlo- el falo para consumar una de las mayores y masivas violaciones de la historia. Esta violencia contra la mujer también se hizo en el nombre de la “raza superior”, mentira que a partir de 1810 fue repetida por la clase dominante criolla para arrebatarle a los pueblos originarios las tierras que aún les quedaban en el siglo XIX, alegando- como se hizo con la llamada “pacificación de la Araucanía”- que así lo demandaba el progreso.

Una vez consolidado el Estado nacional, las burguesías latinoamericanas se aprestaron a celebrar el Día de la Raza a fines del siglo XIX.

Finalmente, una interrogante: ¿Qué diferencia cualitativa existe entre la masacre de 6 millones de judíos ordenada por Hitler y el genocidio de aproximadamente 40 millones de personas de nuestros pueblos originarios cometido por los militares españoles y ordenado por la monarquía de Fernando e Isabel la Católica?

MITO Nº 4:

La Madre Patria.

¿A quién se le pudo ocurrir que sea “madre patria” la que exterminó el 75% de la población aborigen, desarraigó a 10 millones de Negro y explotó sin piedad a millones de mestizos? Ni siquiera fue “madre patria” para los criollos que tuvieron que enfrentar a España en la lucha por la Independencia.

Estas elites -que empezaron con el ideal bolivariano de construir una patria grande y terminaron en “patrias chicas- fueron precisamente las que a fines del siglo pasado comenzaron a levantar el mito de la “madre patria” con la intención de limar las asperezas de la Independencia para reiniciar el intercambio comercial con España.

MITO Nº 5:

Que América Latina se incorporó a la modernidad con la colonización europea.

Veamos cómo se expresó esta modernidad eurocéntrica en nuestra América. Si ella significa deterioro ecológico, indudablemente que fuimos incorporados a través de la colonización española y portuguesa que devastó nuestra flora y fauna, generada en 500.000 millones de años, en aras de la economía de exportación. Si por modernidad se entiende propiedad privada generalizada de los medios de producción, entonces por suerte nuestros aborígenes no eran modernos porque trabajaban la tierra que colectivamente poseían. Si por modernidad se entiende imponer un Dios único, que además castiga, entonces la gente de nuestra tierra justificadamente lo rechazó, manteniendo su cosmovisión con dioses representativos de su armónica relación con la naturaleza.

Si para los españoles la modernidad se expresaba en gobiernos monárquicos, entonces los indoaméricanos, para bien, nunca fueron modernos porque tenían una concepción democrática de generación del poder a través de asambleas que elegían caciques.

Fuente: “Los Cinco Mitos del V Centenario” por Luis Vitale y “Las Venas Abiertas de América Latina” por Eduardo Galeano.

 


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