Historiador Sergio Grez Toso visita el Colegio Andino Antuquelén.

Foro. Guerra del Pacífico. Sergio Grez.

Ante un nuevo 21 de mayo en el cual constantemente se conmemora a Arturo Prat y el Combate Naval de Iquique, y ante la discusión limítrofe con Perú y Bolivia, se hace necesario un diálogo franco con la historia. Para ello, en el Colegio Andino Antuquelén  hemos organizado un foro titulado “La Guerra del Pacífico y la construcción de la nación chilena”. Tendremos como invitado al historiador Sergio Grez Toso, académico de la Universidad de Chile. En dicha ocasión veremos cómo este conflicto bélico fue usado como instrumento fortificador de la identidad nacional. La invitación es para el día jueves 23 de mayo de 2013, a las 12:15 hrs., en el Colegio.

Cordialmente,

Luis Pino Moyano

Profesor de Historia 2º y 3º Medio del Colegio Andino Antuquelén

SERGIO GREZ TOSO: Licenciado, Magíster en Historia en la Université París VIII (Saint Denis, Francia). Doctor en Historia y Civilizaciones en la Escuela de Altos Estudios de París. Se desempeña como académico en la Universidad de Chile y en la Universidad de Santiago. Ha escrito variadas publicaciones centradas en la movimientalidad social-popular en Chile. Entre sus libros destacan: "La 'cuestión social' en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902)" (1995), "De la 'regeneración del pueblo' a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1910)" (1998), "Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de 'la Idea' en Chile, 1893-1915" (2007) e "Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924)" (2011). Ha participado en los Comités de Iniciativa de los Manifiestos de Historiadores y las Declaraciones de Historiadores en apoyo al Pueblo Mapuche.

SERGIO GREZ TOSO: Licenciado, Magíster en Historia en la Université París VIII (Saint Denis, Francia). Doctor en Historia y Civilizaciones en la Escuela de Altos Estudios de París. Se desempeña como académico en la Universidad de Chile y en la Universidad de Santiago. Ha escrito variadas publicaciones centradas en la movimientalidad social-popular en Chile. Entre sus libros destacan: “La ‘cuestión social’ en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902)” (1995), “De la ‘regeneración del pueblo’ a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1910)” (1998), “Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de ‘la Idea’ en Chile, 1893-1915” (2007) e “Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924)” (2011). Ha participado en los Comités de Iniciativa de los Manifiestos de Historiadores y las Declaraciones de Historiadores en apoyo al Pueblo Mapuche.

Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana.

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Por Luis Emilio Recabarren.

 Algunas Palabras

Quiero trazar con expresiones sinceras los pensamientos que en mí se albergan sobre el siglo transcurrido bajo el régimen de la República, y procuraré que estas expresiones sean el retrato de la verdad, es decir, de la verdad como yo la comprendo, como yo la siento, ya que desgraciadamente existen diferencias para apreciar la verdad.

Esta conferencia que voy a desarrollar no es, ni puede ser, el fruto de expresiones antojadizas; es el resultado de reflexiones y de observaciones hechas durante cerca de un cuarto de siglo en medio de una vida llena de miserias y mirando en todos sus contornos miserias de todas clases.

No tengo valor moral para contrariar mis sentimientos y por esto yo no puedo bosquejar aquí otras cosas que expresiones de la vida vivida por el proletariado al cual pertenezco, comparándole a la vida vivida por la burguesía y hasta dónde es posible verla.

De sobra comprendo que mi conferencia, por ahora, va a encontrar muchos escollos, porque el modo de apreciar el desarrollo de la historia de un pueblo, es diferente, según sean las personas que le juzguen. Sin embargo, espero y confío en vuestra benevolencia, en vuestra cultura, en vuestro espíritu de observación y de estudio, que habréis de oír o de leer estas páginas tolerando bondadosamente la disconformidad que ellas arrojen con respecto a vuestro modo de pensar.

Hablar o escribir en sentido contrario a lo que parece pensar toda una nación o su mayoría, puede ser audacia y suele clasificarse de maldad. Mas, quien cree sinceramente que vive en la verdad no debe sentirse cohibido ni esclavizado para decir a sus semejantes lo que siente, sobre todo cuando esto se hace dentro del debido respeto para todos. Yo miro y veo por todas partes, generales alegrías y entusiasmos al acercarse cualquier ocasión de festividades, y yo en mi ser, en lo intimo de mi ser, no siento ni siquiera el contagio de esa alegría ni de ese entusiasmo. Más bien siento tristeza.

Y siento tristeza porque creo que aquellos que sienten alegrías viven en el mundo de las ilusiones, muy lejos de la verdad. Disculpadme si acaso hago mal en decir esto.

Hoy todo el mundo habla de grandezas y de progresos y les pondera y les ensalza considerando todo esto como propiedad común disfrutable por todos.

Yo quiero también hablar de esos progresos y de esas grandezas, pero me permitiréis que los coloque en el sitio que corresponde y que saque a la luz todas las miserias que están olvidadas u ocultas o que por ser ya demasiado comunes no nos preocupamos de ellas.

Esta conferencia va dividida en tres capítulos y un resumen para tratar por separado la situación del proletariado y la burguesía en el transcurso del siglo, en el orden social, político y económico.

Entremos, pues, en materia.

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Carta de O’Higgins el 13 de marzo de 1819 sobre el ESTADO MAPUCHE.

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El Supremo Director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del Sud.

Chile acaba de arrojar de su territorio a sus enemigos después de nueve años de una guerra obstinada y sangrienta. Sus fuerzas marítimas y terrestres, sus recursos y el orden regular que sigue la causa americana en todo el continente, forman un magnífico cuadro, en que mira afianzada su Independencia.

Las valientes tribus de Arauco, y demás indígenas de la parte meridional, prodigaron su sangre por más de tres centurias defendiendo su libertad contra el mismo enemigo que hoy es nuestro. ¿Quién no creería que estos pueblos fuesen nuestros aliados en la lid a que nos obligó el enemigo común? Sin embargo, siendo idénticos nuestros derechos, disgustados por ciertos accidentes inevitables en guerra de revolución, se dejaron seducir de los jefes españoles. Esos guerreros, émulos de los antiguos espartanos en su entusiasmo por la independencia, combatieron encarnizadamente contra nuestras armas, unidos al ejército real, sin más fruto que el de retardar algo nuestras empresas y ver correr arroyos de sangre de los descendientes de Caupolicán, Tucapel, Colocolo, Galvarino, Lautaro y demás héroes, que con proezas brillantes inmortalizaron su fama.

¿Cuál habría sido el fruto de esta alianza en el caso de sojuzgar los españoles a Chile? Seguramente el de la pronta esclavitud de sus aliados. Los españoles jamás olvidaron el interés que tenían en extenderse hasta los confines del territorio austral. Sus preciosas producciones, su incomparable ferocidad, y su situación local, han excitado siempre su ambición y codicia. Con este objeto han mantenido continua guerra contra sus habitantes, suspendiéndola sólo cuando han visto que no hay fuerza capaz de sujetar a unos pueblos que han jurado ser libres a costa de todo sacrificio. Pero no han desistido de sus designios, pues en los tiempos que suspendieron las armas fomentaron la guerra intestina, para que destruyéndose mutuamente los naturales, les quedase franco el paso a sus proyectos. Entre tanto el comercio no era sino un criminal monopolio; la perfidia, el fraude, el robo y en fin todos los vicios daban impulso a sus relaciones políticas y comerciales.

Pueblos del Sud, decidme si en esto hay alguna exageración; y si por el contrario apenas os presento un lisonjero bosquejo de la conducta española, convendréis precisamente en que dominando España a Chile, se hubiera extendido sobres vuestros países como una plaga desoladora, concluyendo con imponeros su yugo de fierro que acaso jamás podríais sacudir.

En el discurso de la guerra pensé muchas veces hablaros sobre esto, y me detuve porque conocí que estabais muy prevenidos a cerrar los oídos a la voz de la verdad. Ahora que no hay un motivo de consideración hacia vosotros, ni menos a los españoles, creo me escucharéis persuadidos de que sólo me mueve el objeto santo de vuestro bien particular y del común del hemisferio chileno.

Nosotros hemos jurado y comprado con nuestra sangre esa Independencia, que habéis sabido conservar al mismo precio. Siendo idéntica nuestra causa, no conocemos en la tierra otro enemigo de ella que el español. No hay ni puede haber una razón que nos haga enemigos, cuando sobre estos principios incontestables de mutua conveniencia política, descendemos todos de unos mismos Padres, habitamos bajo de un clima; y las producciones de nuestro territorio, nuestros hábitos y nuestras necesidades respectivas no invitan a vivir en la más inalterable buena armonía y fraternidad.

El sistema liberal nos obliga a corregir los antiguos abusos del Gobierno español, cuya conducta antipolítica diseminó entre vosotros la desconfianza. Todo motivo de queja desaparecerá si restablecemos los vínculos de la amistad y unión a que nos convida la naturaleza. Yo os ofrezco como Supremo magistrado del pueblo chileno que de acuerdo con vosotros se formarán los pactos de nuestra alianza, de modo que sean indisolubles nuestra amistad y relaciones sociales. Las base sólidas de la buen fe deben cimentarlas, y su exacta observancia producirá la felicidad y seguridad de todos nuestros pueblos. Se impondrá penas severas a los infractores, que se ejecutarán a vista de la parte ofendida, para que el ejemplo reprima a los díscolos.

Nuestras Escuelas estarán abiertas para los jóvenes vuestros que voluntariamente quieran venir a educarse en ellas, siendo de cuenta de nuestro Erario todo costo. De este modo se propagarán la civilización y luces que hacen a los hombres sociales, francos y virtuosos, conociendo el enlace que hay entre los derechos del individuo y los de la sociedad; y que para conservarlos en su territorio es preciso respetar los de los pueblos circunvecinos. De este conocimiento nacerá la confianza para que nuestros comerciantes entren a vuestro territorio sin temor de extorsión alguna, y que vosotros hagáis lo mismo en el nuestro, bajo la salvaguardia del derecho de gentes que observaremos religiosamente.

Me lleno de complacencia al considerar hago estas proposiciones a unos hombres que aman su independencia como el mejor don del Cielo; que poseen un talento capaz de discernir las benéficas intenciones del pueblo chileno; y que aceptándolas, desmentirán el errado concepto de los europeos sobre su trato y costumbres,

Araucanos, cunchos, huilliches y todas las tribus indígenas australes: ya no os habla un Presidente que siendo sólo un siervo del rey de España afectaba sobre vosotros una superioridad ilimitada; os habla el jefe de un pueblo libre y soberano, que reconoce vuestra independencia, y está a punto a ratificar este reconocimiento por un acto público y solemne, firmando al mismo tiempo la gran Carta de nuestra alianza para presentarla al mundo como el muro inexpugnable de la libertad de nuestros Estados. Contestadme por el conducto del Gobernador Intendente de Concepción a quien he encargado trate este interesante negocio, y me avise de nuestra disposición para dar principio a las negociaciones. Entre tanto aceptad la consideración y afecto sincero con que desea ser vuestro verdadero amigo.

Bernardo O´Higgins R.

SANTIAGO, Sábado 13 de Marzo de 1819.

Segunda Declaración de Historiadores en apoyo al pueblo mapuche.

Con dolor e indignación, los historiadores e historiadoras que suscribimos esta declaración, constatamos que la interpelación que le hiciéramos a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, en enero de 2008, en torno a acoger las demandas históricas del pueblo mapuche no sólo no ha sido escuchada, sino que, por el contrario, el cerco represivo y mediático se ha intensificado. Prueba de ello es el asesinato el miércoles 12 de agosto del joven comunero mapuche Jaime Mendoza Collío. Queremos, en consecuencia, ratificar ante el pueblo chileno y la comunidad internacional lo señalado hace un año y medio atrás.

1. Rechazamos la militarización del Gulumapu (territorio histórico del pueblo mapuche), la instauración de un régimen permanente de vigilancia y terror policial, el encarcelamiento y procesamiento de comuneros mapuches y el cobarde asesinato de Jaime Mendoza Collío.

2. Consideramos que situaciones de esta naturaleza tienen una larga génesis histórica, que arrancó con el proceso de conquista y ocupación militar de la Araucanía por las huestes españolas en el siglo XVI, cuando empezó el proceso de usurpación de las tierras indígenas. Si bien la resistencia mapuche logró contener durante los siglos coloniales y en las primeras décadas republicanas el avance invasor, durante lasegunda mitad del siglo XIX, a medida que el Estado nacional chileno se consolidaba, nuevamente la clase dominante fijó sus ojos en esos territorios, desplegando la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, que culminó con el despojo violento de las tierras del pueblo mapuche y su confinamiento en reducciones que han perpetuado su pobreza, marginación y discriminación hasta nuestros días.

3. Desde entonces la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales no ha cesado aunque se ha manifestado de manera diversa y ha conocido avances y retrocesos según los momentos históricos. Comenzando con la constitución de las primeras organizaciones mapuches (mutualistas y culturales) a comienzos del siglo XX hasta las actuales recuperaciones de tierras, pasando por la participación en partidos políticos, el levantamiento de Ranquil de 1934 (en alianza con campesinos pobres chilenos) y las “corridas de cerco” de los años de la Reforma Agraria, se puede observar una notable continuidad histórica en las demandas de tierra, justicia y libertad de este pueblo.

4. En los últimos años las reivindicaciones históricas mapuches han sido enfrentadas por el Estado de Chile de manera esencialmente judicial y policial, criminalizando sus luchas y negándose al reconocimiento de su autonomía como pueblo. Esto se ha traducido en una creciente militarización de la Araucanía, la aplicación de la Ley Antiterrorista, heredada de la dictadura militar, y el cerco mediático oficial respecto de la realidad que se vive en ese territorio.

5. Los principales agentes del Estado, al igual que las autoridades regionales y locales de la Araucanía, los partidos políticos representados en el Parlamento, las organizaciones empresariales y la mayoría de los medios de comunicación social han patrocinado o avalado esta ofensiva represiva contra las comunidades mapuches, guardando un silencio cómplice o deformando groseramente lo que está ocurriendo.

6. Esta situación requiere un drástico cambio de política del Estado de Chile, que debe asumir un reconocimiento pleno de la diversidad de pueblos originarios existente en nuestro país, lo que implica, entre otros puntos, la autonomía política de las comunidades indígenas, la devolución de sus tierras arbitrariamente usurpadas en base al “derecho de Conquista” y el pleno respeto de los Derechos Humanos de sus integrantes.

7. Frente a la justicia de las demandas históricas del pueblo mapuche y teniendo presente el actual escenario represivo que el Estado chileno ha configurado en la Araucanía, manifestamos nuestra más profunda solidaridad con el pueblo mapuche y advertimos a las autoridades de gobierno que la violencia desatada por la policía en la región sólo legitima el derecho a la autodefensa de aquellos históricamente agredidos.

Santiago de Chile, 19 de agosto de 2009.

Sergio Grez Toso, Universidad de Chile.

Igor Goicovic Donoso, Universidad de Santiago de Chile.

Julio Pinto Vallejos, Universidad de Santiago de Chile.

Jorge Pinto Rodríguez, Universidad de La Frontera (Temuco).

Patrick Puigmail, Universidad de Los Lagos (Osorno).

Milton Godoy Orellana, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, Universidad Diego Portales.

Augusto Samaniego Mesías, Universidad de Santiago de Chile.

Margarita Iglesias Saldaña, Universidad de Chile.

Alberto Díaz Araya, Universidad de Tarapacá (Arica).

Pablo Aravena Núñez, Universidad de Valparaíso.

Alejandra Brito, Universidad de Concepción.

Manuel Loyola, Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez.

Pedro Rosas Aravena, Universidad ARCIS.

Luis Corvalán Márquez, Universidad de Valparaíso.

Nelson Castro, Universidad de Valparaíso.

Sergio Caniuqueo Huircapán, Comunidad de Historiadores Mapuche.

Luis Vitale Cometa, Universidad de Chile.

Claudia Videla, Universidad de Chile.

Karen Alfaro Monsalve, Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa (Concepción).

Pablo Artaza Barrios, Universidad de Chile.

Alexis Meza Sánchez, Universidad ARCIS.

Patricio Quiroga Zamora, Universidad de Valparaíso.

Claudio Robles, Universidad Austral de Chile (Valdivia).

Beatriz Areyuna Ibarra, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Mario Valdés Vera, Universidad ARCIS (Concepción).

Leonardo León Solís, Universidad de Chile.

Claudio Pérez Silva, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

César Leyton Robinson, Universidad de Chile.

Manuel Fernández Gaete, Universidad Bolivariana (Los Ángeles).

Ivette Lozoya López, Universidad de Santiago de Chile.

Marcos Fernández Labbé, Universidad Alberto Hurtado.

César Cerda Albarracín, Universidad Tecnológica Metropolitana.

Alberto Harambour Ross, Universidad Diego Portales.

Pedro Canales Tapia, Universidad Pedro de Valdivia (La Serena).

Daniel Palma, Universidad ARCIS.

Eduardo Palma, Universidad de Chile.

Claudio Barrientos, Universidad Diego Portales.

José Luis Martínez Cereceda, Universidad de Chile.

Francis Goicovich, Universidad de Chile.

Jorge Iturriaga, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Juri Carvajal Bañados, Universidad de Chile.

Juan Carlos Gómez Leyton, Universidad ARCIS.

Marcelo Mella Polanco, Universidad de Santiago de Chile.

Eduardo Cruzat C., Universidad ARCIS (Cañete).

Cristina Moyano Barahona, Universidad de Santiago de Chile.

Sebastián Leiva, Universidad ARCIS.

Lucía Valencia Castañeda, Universidad de Santiago de Chile.

Rodrigo Sánchez, Universidad de Chile.

Fabio Moraga Valle, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Robinson Silva Hidalgo, Taller de Ciencias Sociales Luis Vitale Cometa (Concepción).

Juan Guillermo Muñoz, Universidad de Santiago de Chile.

Carolina Andaur Marín, Universidad de Talca.

A propósito del 18.

 

Estamos a sólo horas de un nuevo 18 de Septiembre… en las calles comienzan a enarbolarse las banderas, desde los negocios sale el olor a las empanadas, “está buena la carne”, señala el comercial de una de las tantas empresas monopólicas del país… Hoy, comienza la temporada de fondas, y los periodistas hacen votos por ver a la Bachelet bailar un pie de cueca… y es que las tradiciones son importantes, dicen.

Todo eso, con el propósito de celebrar “nuestras” fiestas patrias… el 18, celebramos el “Día de la Independencia” y el 19, las “glorias de nuestro ejército”.

Partamos por la primera de las celebraciones. Pongámonos de pie… resuenan trompetas… “Día de la Independencia”. ¿Independencia? ¿De quién? Si nosotros vemos la historia, notaremos que la guerra de emancipación es un conflicto elitario. Es la lucha entre una misma clase. Es la lucha de la aristocracia criolla contra la aristocracia peninsular. También se nos señala a través de la historia, que es un proceso multicausal. ¿Cuáles son esas causas? Todas son causas que rodean, de una manera u otra, a la aristocracia. La fundamental, es que los criollos han sido dejados de lado, no eran tomados en cuenta para los cargos más importantes de la colonia hispánica. Sólo podían tener acceso algunos puestos de mediana importancia en el cabildo. Otra de las causas… el daño que habían producido algunas medidas económicas de la dinastía borbona, en la precaria industria “nacional”. ¿Quiénes son los dañados? Ellos. En especial, la aristocracia criolla. A ellos se les alzó los impuestos, ellos perdieron plata con la sobresaturación de mercaderías y la consecuente falta de circulante, y ellos fueron las víctimas del contrabando de los delincuentes del camino, de piratas y corsarios. Ellos son las víctimas del mal gobierno de García Carrasco… lo que se soluciona con su derrocamiento, y con la puesta de Mateo de Toro y Zambrano. Veamos a ese personaje. Un caballero anciano, 83 años, realista, manejable por su frágil memoria. Cómo será, que la prensa de farándula de la época (un chistecito no le hace mal a nadie), señalaba que el Conde de la Conquista (cargo comprado), se quedaba con la opinión del último que le hablaba. Ese fue el hombre que “dirigió” el cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1810. El principal acuerdo de esa reunión, en la que participaron los vecinos más virtuosos (concepto muy común en “La República” de Platón) y honorables de la ciudad de Santiago, fue el juramento de lealtad al rey Fernando VII, apresado por las fuerzas napoleónicas. Y ahí está el meollo del asunto… renació una concepción medieval, con respecto a la monarquía absoluta española. El concepto es más o menos así: Dios había delegado el poder al pueblo español, y el rey les gobernaba mediante el pueblo… Dios lo había querido así. Con el rey cautivo, el poder residió en el pueblo, evidentemente estamos hablando de la aristocracia, que por la defensa de sus intereses inauguró Juntas de Gobierno. Y así comienza la lucha de “nuestra” independencia. Lucha que cuando concluye con la batalla en los llanos del Maipo (1818), deja en el poder a un hijo de esta aristocracia, que asume un poder plenipotenciario… inauguró un gobierno republicano, pero en el cual el Director Supremo ejercía un poder cuasi-monárquico. Los libros de historia oficial, no muestran a los rotos. Y es que el “bajo pueblo” debía ser moralizado, disciplinado, enseñado. Por lo mismo, Portales, señala que la democracia es el “gobierno de los ilusos”… por eso, la necesidad de un gobierno autoritario y centralizador. A fines del siglo XIX, comienzan a surgir una serie de movimientos sociales (sindicales, mancomúnales, políticas)… Es ahí, donde sale a la luz, “el viejo topo de la historia” (Marx)… Pero, es una salida a la luz, desde la colonia en adelante, ese bajo pueblo fue oprimido, reprimido, humillado, subyugado. Entonces, el 18 celebramos la Independencia de una clase, la que ostenta el poder, no la del país.

Vueeeeeeelta! Llega el 19. La Parada Militar. Esa que nos hace recordar que estamos celebrando las glorias del Ejército. De ese que ha sido “siempre vencedor, jamás vencido”. ¿A quién ha vencido? No sólo a españoles, peruanos y bolivianos… con el que ha sido infranqueable es con el “enemigo interno”. Esa victoria la logró masacrando, aplastando a sangre y fuego a nuestros compatriotas, a sus compatriotas, en 1830, en 1851-1852, en 1859, en 1891, en 1901, en 1903, 1905, 1906, 1907, 1934, 1946, 1957, 1962, 1967, 1969, y desde 1973 a 1989, entre otras. No importaba… eran los pipiolos, “liberales rojos” y finalmente, eran los marxistas… qué importaban eran los “humanoides”. Lo fue aplastando a sangre y fuego a nuestros antepasados mapuches, en lo que los siúticos denominan pacificación de la Araucanía. Qué pacificación, fue una ocupación violenta. Es ese ejército, que nació para defender al pueblo, que está manchado con la sangre de sus hermanos.

Y esto no es lo que algunos elocuentes llaman “del pasado”. O lo que otros, un poquito más inteligentes, nos invitan a estudiar en su contexto. ¿Qué contexto? Nuestra nación fue forjada con el mal endémico de la desigualdad, del autoritarismo. Tenemos una democracia que ha sido tutelada por la sombra de las bayonetas. Las clases más bajas siguen siendo reprimidas, tal vez, no por las fuerzas policiales o militares, pero si por la exclusión. Es que como dijera María Angélica Illanes, el gobierno está más preocupado de construir una república, no una democracia. Por eso, escuchamos a la presidenta hablar de la importancia de los símbolos patrios, símbolos que tienen derechos (“nadie tiene el derecho de destruirlos”). Pero esos símbolos ¿a quiénes representan? A ellos. A los triunfadores.

Es tiempo, en los cuales debemos preocuparnos más de construir una verdadera democracia, que borre las exclusiones políticas, económicas y sociales. Es tiempo que la Independencia, nos alcance a todos, no sólo con las empanadas y la carne (tipo “pan y circo” romanos), sino la independencia de verdad. La que signifique nuestra autodeterminación, una verdadera soberanía popular. Y que cuando logremos eso, podamos cuidarlo con dientes y uñas, de aquellos que siempre nos han querido someter. Sólo ahí, los que no vivimos para el tiempo del gobierno popular, respiraremos, por vez primera, los aires de la libertad.

Puente Alto, 15 de septiembre de 2006.

Luis Pino Moyano.

Declaración Pública (Primera declaración de Historiadores a favor del pueblo mapuche).

En presencia de los gravísimos acontecimientos acaecidos últimamente en la Araucanía, que han significado la virtual militarización del territorio histórico del pueblo mapuche, la instauración de un régimen permanente de vigilancia y terror policial y el asesinato del joven estudiante y comunero Matías Catrileo Quezada por miembros del cuerpo de Carabineros de Chile, y ante la indiferencia de las principales autoridades del Estado frente a la huelga de hambre de los prisioneros políticos mapuches, los historiadores e historiadoras abajo firmantes declaramos:

1.- Los hechos mencionados tienen una larga génesis histórica, que arrancó con el proceso de conquista y ocupación militar de la Araucanía por las huestes españolas en el siglo XVI, cuando empezó el proceso de usurpación de las tierras indígenas. Si bien la resistencia mapuche logró contener durante los siglos coloniales y en las primeras décadas republicanas el avance invasor, durante la segunda mitad del siglo XIX, a medida que el Estado nacional chileno se consolidaba, nuevamente la clase dominante fijó sus ojos en esos territorios, desplegando la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, que culminó con el despojo violento de las tierras del pueblo mapuche y su confinamiento en reducciones que han perpetuado su pobreza, marginación y discriminación hasta nuestros días.

2.- Desde entonces la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales no ha cesado aunque se ha manifestado de manera diversa y ha conocido avances y retrocesos según los momentos históricos. Comenzando con la constitución de las primeras organizaciones mapuches (mutualistas y culturales) a comienzos del siglo XX hasta las actuales recuperaciones de tierras, pasando por la participación en partidos políticos, el levantamiento de Ranquil de 1934 (en alianza con campesinos pobres chilenos) y las “corridas de cerco” de los años de la Reforma Agraria, se puede observar una notable continuidad histórica en las demandas de tierra, justicia y libertad de este pueblo.

3.- En los últimos años las reivindicaciones históricas mapuches han sido enfrentadas por el Estado de Chile de manera esencialmente judicial y policial, criminalizando sus luchas y negándose al reconocimiento de su autonomía como pueblo. Esto se ha traducido en una creciente militarización de la Araucanía, la aplicación de la Ley Antiterrorista, heredada de la dictadura militar, y el cerco mediático oficial respecto de la realidad que se vive en ese territorio.

4.- Los principales agentes del Estado, al igual que las autoridades regionales y locales de la Araucanía, los partidos políticos representados en el Parlamento, las organizaciones empresariales y la mayoría de los medios de comunicación social han patrocinado o avalado esta ofensiva represiva contra las comunidades mapuches, guardando un silencio cómplice o deformando groseramente lo que está ocurriendo.

5.- Esta situación requiere un drástico cambio de política del Estado de Chile, que debe asumir un reconocimiento pleno de la diversidad de pueblos originarios existente en nuestro país, lo que implica, entre otros puntos, la autonomía política de las comunidades indígenas, la devolución de sus tierras arbitrariamente usurpadas en base al “derecho de Conquista” y el pleno respeto de los Derechos Humanos de sus integrantes.

Santiago, 10 de enero de 2008.

– Sergio Grez Toso, Director Magíster de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, académico de la Universidad de Chile.

– Igor Goicovic Donoso, académico de la Universidad Santiago de Chile.

– Julio Pinto Vallejos, académico de la Universidad Santiago de Chile.

– Alexis Meza Sánchez, Director de Currículum de la Universidad ARCIS, miembro del Taller de Ciencias Sociales “Luis Vitale”.

– Pablo Marimán Quemenado, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

– Sebastián Leiva, académico de la Universidad ARCIS.

– Carmen González Martínez, académica de la Universidad de Murcia, España.

– Rolando Álvarez Vallejos, académico Universidad de la ARCIS, investigador del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz.

– Karen Alfaro Monsalve, académica de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

– Daniel Palma Alvarado, académico de las universidades ARCIS y Alberto Hurtado.

– Patricio Herrera González, académico de la Universidad de Valparaíso.

– Alicia Salomone, académica de la Universidad de Chile.

– Mario Valdés Vera, coordinador Carrera de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, Bío-Bío.

– José Luis Cifuentes Toledo, académico de las universidades ARCIS (Bío-Bío) y Bolivariana de Los Ángeles.

– Gabriel Salazar Vergara, Premio Nacional de Historia, académico de la Universidad de Chile.

– Felipe A. Lagos Rojas, Magíster © en Estudios Latinoamericanos.

– Alex Díaz Villouta, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

– Claudia Zapata, académica de la Universidad de Chile.

– Marcos Fernández Labbé, académico de la Universidad Alberto Hurtado.

– José Luis Martínez Cereceda, Director de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

– Ricardo Vargas Morales, académico de la universidades ARCIS Bío-Bío y Bolivariana sede Los Ángeles.

– Eduardo Cruzat C., académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.

– Margarita Iglesias Saldaña, Directora de Relaciones Internacionales de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

– Milton Godoy Orellana, académico de las univesidades de La Serena y Academia de Humanismo Cristiano.

– Fabio Moraga Valle, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

– Eduardo Godoy Sepúlveda, profesor del Preuniversitario Popular y Solidario Luis Emilio Recabarren González, Pedro Aguirre Cerda, Santiago.

– Alberto Díaz Araya, académico de la Universidad Bolivariana sede Iquique.

– Pablo Artaza Barrios, académico de la Universidad de Chile.

– Francis Goicovic, académico de la Universidad de Chile.

– Pablo Aravena Núñez, Jefe de Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de Viña del Mar.

– Nancy Fernández Mella, académica de la Universidad de Talca.

– Mario Garcés Durán, académico de la Universidad de Santiago de Chile, Director de ECO, Educación y Comunicaciones.

– Elisabet Prudant Soto, ayudante de la Escuela de Historia Universidad Diego Portales.

– María Angélica Illanes, académica de la Universidad Austral, Valdivia.

– Pedro Rosas Aravena, Director de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.

– Simón Castillo Fernández, Magíster © en Historia, Universidad de Chile.

– Carlos Vivallos Espinoza, Investigador CONICYT/Fondecyt de la Universidad de Concepción.

– Luis Corvalán Márquez, académico de las universidades de Santiago de Chile (USACH) y de Valparaíso.

– Raúl Núñez Muñoz, académico de la Universidad de Los Lagos.

– Augusto Samaniego, Director del Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile.

– Alberto Harambour Ross, académico de la Universidad ARCIS.

– Jorge Magasich, académico del Institut des Hautes Études des Communications Sociales, Bruselas, Bélgica.

– Carlos Ruiz Rodríguez, académico de la Universidad de Santiago de Chile.

– Jaime Insunza Becker, Vice-rector Académico de la Universidad ARCIS.

– Carlos Sandoval Ambiado, académico de las universidades Bolivariana y del Mar.

– Juan Carlos Gómez Leyton, Director del Doctorado en Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad ARCIS.

– Beatriz Areyuna Ibarra, Jefa de la Carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

– Hernán Venegas Valdebenito, académico de la Universidad de Santiago.

– Manuel Fernández Gaete, Director Sede Los Ángeles de la Universidad Bolivariana.

– Leonardo León Solís, académico de la Universidad de Chile.

– Miguel Rojas-Mix, Doctor honoris causa de la Universidad de Santiago de Chile y de otras universidades de América y Europa.

– Jorge Rivas Medina, Magíster © en Historia de la Universidad de Santiago de Chile.

– Pedro Canales Tapia, académico de la Universidad Pedro de Valdivia, La Serena.

– Marcela Cubillos Poblete, Directora de la Escuela de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de La Serena.

– María Valeria Frindt Carretón, profesora de Historia del Arte e Historia del Diseño.

– Leonardo Mazzei de Grazia, académico de la Universidad de Concepción.

– Claudio Robles Ortiz, académico de la Universidad de Concepción.

– Iván Ljubetic, investigador del Centro de Extensión Luis Emilio Recabarren.

– Alejandra Brito Peña, académica Universidad de Concepción.

– Claudio Pérez, académico Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.

– Luis Jara Urrea, profesor de Historia y Geografía, Secretario CUT provincial Concepción.

– Juan Guillermo Muñoz Correa, académico de la Universidad de Santiago de Chile.

– Pedro Bravo Elizondo, académico de la Wichita State University, Estados Unidos.

– Cristián Castro, doctorando en Historia de la Universidad de California, Estados Unidos.

– Luis Alegría Licuime, académico de las universidades ARCIS y Academia de Humanismo Cristiano.

– Rogelio Alegría Herrera, académico de la Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.

– Carolina Andaur Marín, Doctoranda en Historia, El Colegio de México.

– Nelson Castro Flores, académico de la Universidad de Valparaíso.

– Enrique Fernández Darraz, historiador y Doctor en Sociología por el Instituto de Sociología de la Universidad Libre de Berlín.

– Patrick Puigmail, académico de la Universidad de Los Lagos, Osorno.

– Jorge Benítez, Coordinador Académico de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.

– José del Pozo, académico de la Université de Québec, Montreal, Canadá.

La huesera de la gloria.

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Sergio Grez Toso.

“Cuando el ejército chileno marchaba hacia el enemigo y las bandas ponían en juego sus instrumentos, los capellanes bendijeron la tropa, la cual conforme a Ordenanza se hincó, con una rodilla a tierra, y entonces el virtuoso sacerdote don Ruperto Marchant Pereira, que era uno de los capellanes, alzando las manos con profunda y comunicativa emoción pronunció estas palabras:
‘Hermanos: antes de morir por la Patria, elevad el corazón a Dios’” [1].

Así describió el historiador chileno Gonzalo Bulnes uno de los momentos previos a la batalla de Tacna o del Campo de la Alianza, donde perecieron o quedaron heridos, el 26 de mayo de 1880, varios miles de soldados chilenos, peruanos y bolivianos.

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1890-1907: DE UNA HUELGA GENERAL A OTRA. CONTINUIDADES Y RUPTURAS DEL MOVIMIENTO POPULAR EN CHILE.

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Sergio Grez Toso.

Hemos escogido los años de 1890 y 1907 como puntos de observación de la evolución del movimiento popular en nuestro país durante la época del cambio de siglo y de la matanza de la escuela Santa María de Iquique, por tratarse de dos momentos de gran significado, dos hitos simbólicos de su historia.

Nuestra ponencia intentará trazar una caracterización general del movimiento popular en ambos instantes, y entregar algunos elementos explicativos de su desarrollo entre esas fechas.

El panorama que se proyectará no será tarapaqueño sino nacional (con el riesgo de etnocentrismo que ello implica), lo cual subraya su carácter general y la necesidad de contar con estudios monográficos que permitan avanzar en la construcción de una visión más rica y detallada que, dando cuenta de las diferencias regionales y locales, las integre en una perspectiva de conjunto nacional.

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Cantata de Santa María de Íquique.

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1. Pregón

Señoras y Señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar.
Pasó en el Norte Grande,
fue Iquique la ciudad.
Mil novecientos siete
marcó fatalidad.
Allí al pampino pobre
mataron por matar.

Seremos los hablantes
diremos la verdad.
Verdad que es muerte amarga
de obreros del Salar.
Recuerden nuestra historia
de duelo sin perdón.
Por más que el tiempo pase
no hay nunca que olvidar.
Ahora les pedimos
que pongan atención.

2. Relato I

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio,
el suelo sin milagro y oficinas vacías,
como el último desierto.

Y si observan la pampa y la imaginan
en tiempos de la Industria del Salitre
verán a la mujer y al fogón mustio,
al obrero sin cara, al niño triste.

También verán la choza mortecina,
la vela que alumbraba su carencia,
algunas calaminas por paredes
y por lecho, los sacos y la tierra.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

La culpa del obrero, muchas veces,
era el dolor altivo que mostraba.
Rebelión impotente, ¡una insolencia!
La ley del patrón rico es ley sagrada.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

¡Cuidado con comprar en otras partes!
De ninguna manera se podía
aunque las cosas fuesen más baratas.
Lo había prohibido la Oficina.

El poder comprador de aquella ficha
había ido bajando con el tiempo
pero el mismo jornal seguían pagando.
Ni por nada del mundo un aumento.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

3. Canción I

El sol en desierto grande
y la sal que nos quemaba.
El frío en las soledades,
camanchaca y noche larga.
El hambre de piedra seca
y quejidos que escuchaba.
La vida de muerte lenta
y la lágrima soltada.

Las casas desposeídas
y el obrero que esperaba
al sueño que era el olvido
sólo espina postergada.
El viento en la pampa inmensa
nunca más se terminara.
Dureza de sequedades
para siempre se quedará.

Salitre, lluvia bendita,
se volvía la malvada.
La pampa, pan de los días,
cementerio y tierra amarga.
Seguía pasando el tiempo
y seguía historia mala,
dureza de sequedades
para siempre se quedará.

4. Relato II

Se había acumulado mucho daño,
mucha pobreza,
muchas injusticias;
ya no podían más y las palabras
tuvieron que pedir lo que debían.

A fines de mil novecientos siete
se gestaba la huelga en San Lorenzo
y al mismo tiempo todos escuchaban
un grito que volaba en el desierto.

De una a otra Oficina, como ráfagas,
se oían las protestas del obrero.
De una a otra Oficina, los Señores,
el rostro indiferente o el desprecio.

Qué les puede importar la rebeldía
de los desposeídos, de los parias.
Ya pronto volverán arrepentidos,
el hambre los traerá, cabeza gacha.

¿Qué hacer entonces, qué, si nadie escucha?
Hermano con hermano preguntaban.
Es justo lo pedido y es tan poco
¿tendremos que perder las esperanzas?

Así, con el amor y el sufrimiento
se fueron aunando voluntades,
en un solo lugar comprenderían,
había que bajar al puerto grande.

5. Canción II:

Vamos, mujer
Vamos mujer, partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar,
confía, ya vas a ver,
porque en Iquique todos van a entender.

Toma mujer mi manta,
te abrigará.
Ponte al niñito en brazos,
no llorará.
No llorará, confía,
va a sonreír.
Le cantarás un canto,
se va a dormir.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.
Largo camino
tienes que recorrer
atravesando cerros,
vamos mujer.
Vamos mujer, confía,
que hay que llegar
en la ciudad
podremos ver todo el mar.

Dicen que Iquique
es grande como un Salar,
que hay muchas casas lindas,
te gustarán.
Te gustarán, confía,
como que hay Dios,
allá en el puerto
todo va a ser mejor.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.
Vamos mujer,
partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar, confía,
ya vas a ver,
porque en Iquique
todos van a entender.

6. Relato III
Del quince al veintiuno,
mes de diciembre,
se hizo el largo viaje por las pendientes.
Veintiséis mil bajaron o tal vez más
con silencios gastados en el Salar.
Iban bajando ansiosos,
iban llegando los miles de la pampa,
los postergados.
No mendigaban nada,
sólo querían respuesta a lo pedido,
respuesta limpia.

Algunos en Iquique los comprendieron
y se unieron a ellos,
eran los Gremios.
Y solidarizaron los carpinteros,
los de la Maestranza,
los carreteros,
los pintores y sastres,
los jornaleros,
lancheros y albañiles,
los panaderos,
gasfiteros y abastos,
los cargadores.
Gremios de apoyo justo,
de gente pobre.

Los Señores de Iquique
tenían miedo;
era mucho pedir
ver tanto obrero.
El pampino no era hombre cabal,
podía ser ladrón o asesinar.
Mientras tanto
las casas eran cerradas,
miraban solamente tras las ventanas.
El Comercio
cerró también sus puertas,
había que cuidarse de tanta bestia.
Mejor que los juntaran en algún sitio,
si andaban por las calles
era un peligro.

7. Interludio cantado

Se han unido con nosotros
compañeros de esperanza
y los otros, los más ricos,
no nos quieren dar la cara.

Hasta Iquique nos hemos venido
pero Iquique nos ve como extraños.
Nos comprenden algunos amigos
y los otros nos quitan la mano.

8. Relato IV

El sitio al que los llevaban
era una escuela vacía
y la escuela se llamaba
Santa María.

Dejaron a los obreros,
los dejaron con sonrisas.
Que esperaran les dijeron
sólo unos días.

Los hombres se confiaron,
no les faltaba paciencia
ya que habían esperado
la vida entera.

Siete días esperaron,
pero qué infierno se vuelven
cuando el pan
se está jugando con la muerte.

Obrero siempre es peligro.
Precaverse es necesario.
Así el Estado de Sitio
fue declarado.

El aire trajo un anuncio,
se oía tambor ausente.
Era el día veintiuno
de diciembre.

9. Canción III

Soy obrero pampino y soy
tan reviejo como el que más
y comienza a cantar mi voz
con temores de algo fatal.

Lo que siento en esta ocasión,
lo tendré que comunicar,
algo triste va a suceder,
algo horrible nos pasará.

El desierto me ha sido infiel,
sólo tierra cascada y sal,
piedra amarga de mi dolor,
roca triste de sequedad.

Ya no siento más que mudez
y agonías de soledad
sólo ruinas de ingratitud
y recuerdos que hacen llorar.

Que en la vida no hay que temer
lo he aprendido ya con la edad,
pero adentro siento un clamor
y que ahora me hace temblar.

Es la muerte que surgirá
galopando en la oscuridad.
Por el mar aparecerá,
ya soy viejo y sé que vendrá.

10. Relato V

Nadie diga palabra
que llegará un noble militar,
un General.
Él sabrá cómo hablarles,
con el cuidado que trata el caballero a sus lacayos.
El General ya llega
con mucho boato
y muy bien precavido
con sus soldados.
Las ametralladoras
están dispuestas
y estratégicamente
rodean la escuela.

Desde un balcón les habla
con dignidad.
Esto es lo que les dice el General
“Que no sirve de nada
tanta comedia.
Que dejen de inventar
tanta miseria.
Que no entienden deberes
son ignorantes.
Que perturban el orden,
que son maleantes.
Que están contra el país,
que son traidores.
Que roban a la patria,
que son ladrones.
Que han violado a mujeres,
que son indignos.
Que han matado a soldados,
son asesinos.
Que es mejor que se vayan
sin protestar
Que aunque pidan y pidan
nada obtendrán.
Vayan saliendo entonces
de ese lugar,
que si no acatan órdenes
lo sentirán”.

Desde la escuela,
“El Rucio”,
obrero ardiente,
responde sin vacilar
con voz valiente,
“Usted,
señor General
no nos entiende.
Seguiremos esperando,
así nos cueste. Ya no somos animales,
ya no rebaños,
levantaremos la mano,
el puño en alto.
Vamos a dar nuevas fuerzas
con nuestro ejemplo
Y el futuro lo sabrá,
se lo prometo.
Y si quiere amenazar
aquí estoy yo.
Dispárele a este obrero
al corazón”.

El General que lo escucha
no ha vacilado,
con rabia y gesto altanero
le ha disparado,
y el primer disparo
es orden para matanza
y así comienza el infierno
con las descargas.

11. Canción letanía

Murieron tres mil seiscientos,
uno tras otro.
Tres mil seiscientos mataron
uno tras otro.

La escuela Santa María
vio sangre obrera.
La sangre que conocía
sólo miseria.

Serían tres mil seiscientos
ensordecidos.
Y fueron tres mil seiscientos
enmudecidos.

La escuela Santa María
fue el exterminio
de vida que se moría,
sólo alarido.

Tres mil seiscientas miradas
que se apagaron.
Tres mil seiscientos obreros
asesinados.

12. Canción IV

Un niño juega en la escuela
Santa María.
Si juega a buscar tesoros
¿qué encontraría?

A los hombres de la pampa
que quisieron protestar
los mataron como perros
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amigo,
es peligroso.
No hay ni que hablar, amigo,
es peligroso.

Las mujeres de la Pampa
se pusieron a llorar
y también las matarían
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amiga,
es peligroso.
No hay que llorar, amiga,
es peligroso.

Y a los niños de la Pampa
que miraban, nada más,
también a ellos los mataron
porque había que matar.

No hay que ser pobre, hijito,
es peligroso.
No hay que nacer, hijito,
es peligroso.

¿Dónde están los asesinos
que mataron por matar?
Lo juramos por la tierra,
los tendremos que encontrar.

Lo juramos por la vida,
lo tendremos que encontrar.
Lo juramos por la muerte,
los tendremos que encontrar.

Lo juramos compañeros,
ese día llegará.

13. Canción pregón

Señoras y señores,
aquí termina las historia
de la escuela Santa María.
Y ahora con respeto
les pediría
que escuchen la canción
de despedida.

14. Canción final

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.

Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá.
Es Chile un país tan largo,
mil cosas pueden pasar
si es que no nos preparamos
resueltos para luchar.
Tenemos razones puras,
tenemos por qué pelear.
Tenemos las manos duras,
tenemos con qué ganar.

Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser.

Descripción de la obra.

La “Cantata Santa María de Iquique” fue compuesta por Luis Advis a fines de 1969. El texto se basa en el libro “Reseña Histórica de Tarapacá, del cual extrajo la mayoría de los datos históricos. Musicalmente, la obra sigue la estructura de las antiguas cantatas populares, pero sustituye el motivo religioso tradicional por un tema social. Es música de tradición europea que incluye elementos de raíz americana.

A principios de 1970 el director musical de Quilapayún, Eduardo Carrasco le pidió a Luis Advis que arreglara algunas canciones de la cantante griega Danae. Ese mismo día, Advis le enseñó parte del material en que estaba trabajando: una cantata inspirada en la masacre de los obreros del salitre en 1907. Al poco tiempo Quilapayún montó la “Cantata Santa María de Iquique” y la estrenó oficialmente en julio de 1970 en el Segundo Festival de la Nueva Canción Chilena. Un par de meses después del estreno, Quilapayún y Héctor Duvauchelle entraron a los ex estudios de la RCA para grabarla. Los integrantes del registro fueron: en Quilapayún: Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Patricio Castillo, Hernán Gómez, Rodolfo Parada; y como relator: Héctor Duvauchelle.

Si bien, el compositor no se declara perteneciente a ningún partido político, la cantata logra un revuelo social como pocas obras. Esto, además de ser la obra cumbre del movimiento de la Nueva Canción Chilena.

“Lucho, sin ser político, había dado en el clavo”, escribió Eduardo Carrasco en su libro “Quilapayún, la Revolución y las Estrellas” (Ornitorrinco.1988).

Luego del Golpe Militar las cintas masters de la “Cantata Santa María de Iquique” fueron destruidas. Sin embargo, el conjunto en su exilio siguió presentándola. En 1978, Quilapayún vuelve a grabar esta pieza en Europa pero para gran disgusto de Advis, encargaron al escritor argentino Julio Cortázar la remodelación de parte del texto original e hicieron pequeños arreglos instrumentales. Aunque esta nueva versión fue grabada dos veces, el grupo siguió interpretándola después como fue creada originalmente por su autor.

“No me gusta que corrijan mis textos sin preguntarme, además que en ninguna parte yo uso la palabra pueblo como la usa Cortázar. Estaba tan molesto con ese señor que le iba a escribir una carta, pero no lo hice porque al mes siguiente murió”, dijo a la prensa Advis.

El 1 de noviembre de 1997 la misma agrupación musical vuelve vestir sus tradicionales ponchos negros y presenta por primera vez “La Cantata Santa María de Iquique” en las salitreras del norte grande, (en Santa Laura, al interior de Iquique). En ese concierto participaron Daniel Valladares, Rodolfo Parada, Patricio Wang, Hugo Lagos. Guillermo García y Hernán Gómez. Invitada: la cellista Gabriela Olivares; y relator: Héctor Noguera.

En 1999 por iniciativa de La División de Cultura y SCD fue publicada la partitura de la “Cantata Santa María de Iquique”, dentro de una colección de partituras chilenas. La edición abre con un texto de Eduardo Carrasco que dice:

” … Su valor radica en el modo como en ella se han logrado sintetizar, la inspiración y el talento del autor, con los sentimientos y valores de la época en que fue escrita. Ella fue compuesta entre el mes de noviembre de 1969 y marzo de 1970 para ser interpretada por el conjunto Quilapayún.

Para llevar a cabo esta composición, el autor tuvo como base algunos trozos de obras anteriores, escritas como música para teatro (obras de Jaime Silva y de Isidora Aguirre), así como un conjunto de poemas escritos a comienzos de 1968, como resultado de un largo viaje por Iquique (norte de Chile) y sus alrededores. El capítulo especial dedicado a la matanza de la Escuela de Santa María del libro regional titulado “Reseña histórica de Tarapacá”, de Carlos Alfaro Calderón y Miguel Bustos publicado en Iquique el año 1935, sirvió como única ayuda informativa para la confección del texto. El tema recuerda la matanza de mineros que tuvo lugar en 1907, en la Escuela Santa María de Iquique, hecho que a pesar de ser ignorado por la historia oficial, quedó grabado en la memoria de las gentes del norte.

Esta Cantata Santa María marca el resultado más logrado en un género de obras, anteriores y posteriores a esta, que se ha denominado en Chile y en América Latina, “cantata”, precisamente por el modelo que ha establecido esta obra. La idea central es la de unir ritmos folklóricos nacionales con una música de mayor elaboración, dando lugar a un género intermedio entre lo popular y lo culto. Ella conserva además el carácter dramático de la esencia de la cantata clásica, aunque en este caso la acción que se musicaliza está relatada y no cantada (recitativo). Eso permite un mayor realismo en el relato y una mayor atención prestada al carácter dramático de la música. Este género abrió un horizonte insospechado al desarrollo de la música popular en Chile y en el continente, pero además, permitió establecer un nuevo puente entre los músicos doctos y los músicos populares, sentando así las bases de una nueva música que, sin dejar de ser popular en el sentido de la amplia difusión, no renuncia a propósitos artísticos más ambiciosos.

Esta conserva las arias y coros cantados, los trozos instrumentales de la cantata clásica. La orquestación está escrita para instrumentos folklóricos, agregando a ellos un violoncello y un contrabajo, y conservando la alternancia entre coros y solistas. La obra, de gran factura expresiva, utiliza en forma original la armonía clásica romántica, creando efectos climáticos de gran impacto emocional. Introduce además eficaces contrapuntos, logrando un sentido de unidad compositiva rara vez lograda en obras de este tipo.

La obra se estrenó en julio de 1970, en el Teatro La Reforma de Santiago de Chile, y fue posteriormente presentada en el segundo Festival de la Nueva Canción Chilena, que tuvo lugar en agosto del mismo año, en el Estadio Chile de Santiago (actual Estadio Victor Jara). En su estreno fueron intérpretes el conjunto Quilapayún y el actor Héctor Duvauchelle, quien también participó en la primera grabación de la obra, realizada pocos meses después…”.

Tomado de Canzoni contro la guerra.