Historiador Sergio Grez Toso visita el Colegio Andino Antuquelén.

Foro. Guerra del Pacífico. Sergio Grez.

Ante un nuevo 21 de mayo en el cual constantemente se conmemora a Arturo Prat y el Combate Naval de Iquique, y ante la discusión limítrofe con Perú y Bolivia, se hace necesario un diálogo franco con la historia. Para ello, en el Colegio Andino Antuquelén  hemos organizado un foro titulado “La Guerra del Pacífico y la construcción de la nación chilena”. Tendremos como invitado al historiador Sergio Grez Toso, académico de la Universidad de Chile. En dicha ocasión veremos cómo este conflicto bélico fue usado como instrumento fortificador de la identidad nacional. La invitación es para el día jueves 23 de mayo de 2013, a las 12:15 hrs., en el Colegio.

Cordialmente,

Luis Pino Moyano

Profesor de Historia 2º y 3º Medio del Colegio Andino Antuquelén

SERGIO GREZ TOSO: Licenciado, Magíster en Historia en la Université París VIII (Saint Denis, Francia). Doctor en Historia y Civilizaciones en la Escuela de Altos Estudios de París. Se desempeña como académico en la Universidad de Chile y en la Universidad de Santiago. Ha escrito variadas publicaciones centradas en la movimientalidad social-popular en Chile. Entre sus libros destacan: "La 'cuestión social' en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902)" (1995), "De la 'regeneración del pueblo' a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1910)" (1998), "Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de 'la Idea' en Chile, 1893-1915" (2007) e "Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924)" (2011). Ha participado en los Comités de Iniciativa de los Manifiestos de Historiadores y las Declaraciones de Historiadores en apoyo al Pueblo Mapuche.

SERGIO GREZ TOSO: Licenciado, Magíster en Historia en la Université París VIII (Saint Denis, Francia). Doctor en Historia y Civilizaciones en la Escuela de Altos Estudios de París. Se desempeña como académico en la Universidad de Chile y en la Universidad de Santiago. Ha escrito variadas publicaciones centradas en la movimientalidad social-popular en Chile. Entre sus libros destacan: “La ‘cuestión social’ en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902)” (1995), “De la ‘regeneración del pueblo’ a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1910)” (1998), “Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de ‘la Idea’ en Chile, 1893-1915” (2007) e “Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924)” (2011). Ha participado en los Comités de Iniciativa de los Manifiestos de Historiadores y las Declaraciones de Historiadores en apoyo al Pueblo Mapuche.

La dictadura de Pinochet y su configuración de Estado Nacional.

Hablar de Pinochet y su régimen, y esto lo digo de manera muy personal, es un ejercicio complejo, por decir lo menos. Son muchos los sentimientos, emociones y juicios que ya han sido concebidos, individual y colectivamente, con respecto al ya extinto militar y su obra, que (re)pensar y poner el resultado de ello en un registro escrito, a uno lo hace sentir, como si estuviera en una selva escabrosa. Lo que, desde luego, no impide el análisis ni la crítica. La idea de este ensayo es analizar la configuración del Estado Nacional, realizada por la dictadura de Pinochet, teniendo como base el discurso del General en Chacarillas, el 9 de Julio de 1977[1], el que en mí opinión, re-une los lineamientos generales de dicho proceso. Todo esto, siguiendo la lógica habermasiana, de la cual me declaro un advenedizo, a partir de la lectura del texto: “Teoría de la acción comunicativa”[2]. Por ende, ideas-conceptos tales como: racionalidad, irracionalidad, “mundo de la vida”, mito, retrato, imágenes, entre otras, surgirán con fuerza, constituyéndose en el sustento de la reflexión.

La alocución realizada por Pinochet en Chacarillas, nos deja entrever ciertas premisas, que nos permiten señalar que estamos frente a la construcción y configuración, no sólo de Estado ni de organización político-administrativa, sino también, de una “nueva” racionalidad, que construye un “mundo de la vida”, con certezas y eficiencias. “Mundo de la vida”, que no sólo es aceptado y vivido por colaboradores y simpatizantes, sino que ha sido transversal al país, luego de la imposición forzosa de dicha racionalidad. Esto como resultado claro de la dictadura militar, la que al decir de Tomás Moulian, produjo el “sangriento parto” del Chile actual, produciendo un nuevo “orden, afirmado sobre el terror”[3].

Pero ese “orden racional”, fue construido y fundamentado, si se quiere, a partir de un mito, o del conjunto de ellos. Este, es definido, por la historiadora María Angélica Illanes, como: “mito de la diferencia”[4]. Es interesante notar, que para la reflexión de Habermas, el mito cobra una importancia fundamental. Habermas, toma una definición de Godelier, para explicar lo que es el mito. Godelier señala que el mito: “construye un gigantesco juego de espejos en el cual la recíproca imagen del hombre y del mundo se refleja hasta el infinito y continuamente se compone y recompone en el prisma de la naturaleza y cultura”[5]. Este imaginario, reflejado en el mito, es construido “por medio de la formación de analogías las causas y poderes invisibles que generan y regulan al mundo no humano (naturaleza) y al mundo humano (cultura) revisten atributos humanos, esto es, se presentan espontáneamente al hombre como seres dotados de conciencia, de voluntad, de autoridad y de poder, es decir como seres análogos al hombre que, sin embargo, se distinguen de él en que saben lo que él no sabe, hacen lo que no puede hacer, controlan lo que él no puede controlar y que, en consecuencia, se distinguen de él en que le son superiores”[6]. Teniendo presente esta conceptualización del mito, y volviendo a Illanes, el “mito de la diferencia” es el “orden institucional en sí”, lo que ha permitido, y permite hablar, de la “excepcionalidad” y “superioridad” chilena en el concierto latinoamericano. Esta construcción mítica, “el mito portaliano”, fue realizada por Francisco A. Encina, en la década de los ’20 y ’30, y otros historiadores y estudiosos, los que valoran y ensalzan la construcción de estado nacional, sustentada en un ordenamiento autoritario y republicano[7]. Para esta historiadora, este mito, “como todo mito, sirvió para construir una determinada identidad política refundacional, capaz incluso de otorgar sentido y articular proyectos disímiles; es decir, fue útil para establecer, en una época de convulsión histórica, aquellas seguridades y certidumbres necesarias, tanto para el resguardo del ideario conservador, como también para garantizar la opción político-institucional de las fuerzas del cambio. He aquí la paradoja, quizás sólo comprensible desde una perspectiva mitológica”[8]. Esta construcción mítica, ha originado la aparición de otros mitos, entre los que se cuentan: “el padre de la patria”, “la anarquía post-independencia”, “Portales, constructor de Estado”, “el valiente roto chileno”, “la pacificación de la Araucanía”, “la dictadura de Balmaceda”. En resumen, Illanes decreta que la historia chilena ha sido “una invención narrativa pura y sin mancha”[9]. Para Illanes, el mayor “cuento mítico”, que es propio del siglo XX, es la prescindencia política de las Fuerzas Armadas[10]. Pero los hechos han demostrado que: “las fuerzas armadas entraron al primer plano del escenario político del siglo XX. Emergieron cada vez que decidieron ‘salvar la patria’ –ya bajo designios nacionalistas, fascistoides y/o electoral populistas…”[11].

Es de esta construcción mítica en la que Pinochet se fundamenta. La elección de la fecha de la alocución no es casualidad: 9 de Julio, día en el que se conmemora la “inmolación”, “patriotismo” y “coraje” de los setenta y siete héroes jóvenes de La Concepción. De hecho, se intenta ligar el momento. Se celebra el “Día de la Juventud”, momento en el cual, setenta y siete jóvenes, adherentes al gobierno militar, toman simbólicamente el lugar de estos “héroes”, para coadyuvar en la tarea de construcción del Estado de nuevo cuño. Vale decir, que la afirmación de la dictadura, por ende su legitimidad, radica en la sangre de los héroes, de los cuales las Fuerzas Armadas se consideran herederos fidedignos. Esto lleva a Pinochet a decir que: “la patria y los valores permanentes están por encima cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”. Estos valores patrióticos se habrían visto trastocados por el gobierno de la Unidad Popular y su “amenaza totalitarista y comunista”. Frente a esta amenaza, la ciudadanía habría lanzado un “llamado angustioso” al que los militares habrían prestado oído, “regando con su sangre”, cayendo en la lucha “por la liberación de Chile”. El grito de La Concepción se volvería a repetir: “¡Los chilenos no se rinden jamás!”. Era la lucha nacional contra el internacionalismo marxista-leninista. Esta lucha obedece al carácter de los chilenos. Pinochet habla del “temple de nuestra raza” y de la “fibra de nuestra nacionalidad”, los cuales incentivan a “los chilenos de verdad” a alzarse en beneficio de la dignidad y la soberanía nacional. El 11 de septiembre de 1973, sería el primer paso en la construcción del sueño de una “patria libre, unida, grande y soberana”. Pero este hecho, que da pie a la “liberación” de Chile, se origina en algo que trasciende a la humanidad. Y es que el golpe de Estado, ha sido, para el General, la “difícil e irrenunciable misión” colocada en los hombros de los institutos armados, nada más y nada menos, que, “por Dios y la historia”. Al ser de esta manera, la construcción de Estado en Chile, no es otra cosa que la obra de Dios, en la persona de sus “siervos”, los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, los que a su vez, son encabezados por el mesías-redentor: Augusto Pinochet. Por lo tanto, las personas que llevan a cabo esta labor son puestas en condiciones supra-humanas. Trascienden a los tiempos y a las épocas, por ello, tienen la sapiencia para captar y el poder para actuar conforme a “valores morales”, “eternos”, “anidados en el alma nacional”. Y ellos se saben en esa labor mesiánica. La construcción de este nuevo Estado, es la estructuración proyectiva del porvenir de Chile, que no es otra cosa, que seguir la “senda trazada” hacia “la luz”. Por lo cual, y Pinochet no tiene ningún empacho en decirlo, el “volver atrás”, a la antigua democracia, es caminar hacia “las penumbras de la esclavitud”. Hay dos frases de Pinochet, con las que concluye el discurso, que fortalecen esta tesis. En la primera, Pinochet, señala que su confianza está puesta en Dios, en el pueblo de Chile, sumergido en el peso de la noche[12] de la obediencia servil, y “en nuestras Fuerzas Armadas y de Orden que, con patriotismo, hoy guían sus destinos; y, “el futuro de Chile está en vosotros, cuya grandeza estamos labrando[13]. Los chilenos son meros espectadores de la escena de la conformación nacional, puesto que no son libres. Puede sonar a “anarquismo”, pero la libertad verdadera, en mí opinión, es la ausencia de la ley. Y cuando son otros los que guían destino y labran nuestra grandeza nos posicionan en la esfera de la esclavitud. Si ellos, se colocan en la posición de instrumentos divinos, los ciudadanos son rebajados a una condición infra-humana. Ellos asisten al presente y futuro que trazan otros. Y al tener un designio, una mirada teleológica, que emana de “lo alto”, nos encaminan a las veredas del progreso, a las que difícilmente llegaríamos mediante nuestras capacidades humanas.

Toda esta construcción mítica, que yo, desde mí posición, considero injusta, destructora, alienante, inhumana, hasta irrisoria y ridícula, no deja de ser una construcción racional, y por ende, puede constituirse en un piso sobre el cual se funda la construcción del “nuevo” Estado. Esto, y en primera instancia, porque el mito es un retrato imaginario de lo real.. Para Habermas, un retrato proporciona “un ángulo de mira bajo el que la persona representada aparece de una determinada manera…Del mismo modo, las imágenes del mundo fijan el marco categorial en cuyo seno todo lo que acaece en el mundo puede interpretarse de determinada manera como algo. Y al igual que los retratos, tampoco las imágenes del mundo pueden ser verdaderas o falsas”[14]. Un retrato, al igual que una imagen, en el mundo habermasiano, simplemente, es. Ahora bien, esta tesis se ve reforzada habla de la paradoja de la irracionalidad que, a la vez, es racionalidad. Él argumenta: “Quien sistemáticamente se engaña sobre sí mismo se está comportando irracionalmente, pero quien es capaz de dejarse ilustrar sobre su irracionalidad, no solamente dispone de la racionalidad de un agente capaz de juzgar y actuar racionalmente con arreglo a fines, de la racionalidad de un sujeto moralmente lúcido y digno de confianza en asuntos práctico-morales, de la racionalidad de un sujeto sensible en sus valoraciones y estéticamente capaz, sino también de la fuerza de comportarse reflexivamente frente a su propia subjetividad y penetrar las coacciones irracionales a que pueden estar sistemáticamente sometidas sus manifestaciones cognitivas, sus manifestaciones práctico-morales y sus manifestaciones práctico-estéticas”[15]

Esta construcción irracional-racional, ha permitido la configuración de Estado, que opera bajo la lógica de lo que Habermas llama el “mundo de la vida”, este, según lo planteado en clases, que emana del pensamiento del filósofo y sociólogo alemán, se refiere a la dimensión simbólica de la sociedad. Es el “mundo de la vida” el que permite a los individuos y adoptar a los grupos “orientaciones racionales de acción”[16]. Esta orientación, viabiliza, a quienes comparten ése “mundo de la vida”, la posibilidad de configurar racionalmente sus vidas[17]. Esta racionalidad para Habermas posee una serie de signos que la identifican: afirmaciones fundadas, acciones eficientes, acciones reguladas por normas y autorrepresentaciones específicas[18]. Los dos últimos signos, corresponden a la ampliación de la racionalidad realizada por Habermas. No está demás decir, que el proyecto de construcción de un Estado de nuevo cuño, impulsado por la dictadura, opera bajo las lógicas de la racionalidad, tal y como Habermas lo plantea. De hecho, en nuestra reflexión de la fundamentación mítica de dicho programa, se habló de las autorrepresentaciones específicas, las que son racionales, al operar bajo valores culturales[19]. Es decir, el mito es el reflejo de una cultura que valora sobremanera el orden, sus héroes, la divinidad  y la tradición. Eso permite hablar de la “raza chilena” y, no sólo eso, establecer un juicio de valor al hablar del “chileno de verdad”, uno que al igual que la señalética de detención frente a los trenes, para, mira y escucha, pero no actúa. Esto porque es obediente al destino que ha trazado Dios. Y si no lo ve de esa manera, “por lo menos”, es obediente al destino trazado a la sombra de las bayonetas. Si bien es cierto, Habermas plantea que las “coacciones” no son racionales, en este caso, bajo la lógica de Pinochet, opera racionalmente en el tejido que el mismo ha diseñado. En primer lugar, porque opera con afirmaciones fundadas, las que, a su vez, actúan “bajo la normativa vigente”, lo que de por sí, es un acto racional[20]. El ejemplo que podríamos ocupar, es lo relativo a la violación de los Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos, por definición, son universales, inalienables, imprescriptibles e inamniestables. Pero Pinochet, y el “mundo de la vida” que configura y vive, hacen que lo vea de otra manera. El dictador menciona en su discurso, que ha rechazado un crédito externo, porque como condición, un país debía supervisar la situación de los derechos humanos en Chile. Frente a eso, Pinochet señala que la dignidad nacional no se “tranza” ni se “hipoteca”. Además, dice que la historia y la idiosincrasia chilena han sido forjadas en el respeto de la dignidad del hombre. Lo que sucedía en Chile, eran “limitaciones excepcionales”, impuestas a “ciertos derechos” en forma “transitoria”. La causa de esta ruptura es la “agresión marxista-leninista” que conduciría, indefectiblemente, hacia la anarquía. Esta actitud, fundamenta Pinochet, es contraria a una actitud “débil o demagógica frente al terrorismo”, lo cual, en sus propias palabras, es “complicidad por omisión, con una de las formas más brutales de violación de los derechos humanos”. En otras palabras, se considera esta ruptura violenta, la del golpe, como un “complemento duro”, “pero, necesario”, que permita “asegurar la liberación nacional”, “proyectar horizontes de paz y progreso” para el presente y futuro de Chile y, fundamentalmente, dar vida a un nuevo régimen político-institucional. Es decir, los crímenes de lesa humanidad, entre ellos, terrorismo de Estado, asesinato de centenares de opositores políticos, desaparición de muchos de ellos, torturas masivas y sistemáticas; todos estos actos humanos repugnantes, fueron hechos bajo la gran inspiración de salvar al país, de lo que el General Leigh denominó el “cáncer marxista”. Vale decir, esto se efectuó por el bien supremo de la patria. Dichos crímenes son, entonces, un mal menor. Ante esto, María Angélica Illanes señala: “El golpe militar de 1973 y la ferocidad desatada ante nuestros ojos estupefactos, corresponde al momento histórico es que estos otrora perros guardianes de rebaño, se transforman en lobos soltados al descampo de la patria, haciendo del día noche y del ciudadano libre un malhechor”[21]. No podemos llamar a lo bueno, malo o a lo malo, bueno. La destrucción física, moral o espiritual de otros seres humanos, que no son otra cosa que hermanos terrenos, no puede ser justificada con nada. Ningún horror justifica las atrocidades que se cometieron. Ninguno. El problema es que este pensamiento se ha asentado en la mentalidad de muchos chilenos, quienes a pesar de los informes Rettig y Valech, siguen creyendo que el golpe y la dictadura fueron un pronunciamiento legítimo de un sector de la sociedad. Y no sólo eso, dicho “pronunciamiento”, trajo éxito y estabilidad al país. Pero, ¿a costo de qué o quiénes? Nuestro sistema social, político y económico está asentado sobre miles de cuerpos de chilenos y ha sido regado con su sangre. Sangre a torrentes, resultado vivo y tangible de la violencia y la represión. Ahora bien, lo terrible del asunto, es que no sólo sería racional por el hecho de tener fundamentación, sino que, además, por haber actuado bajo la normativa vigente. Se violaron los derechos humanos, pero todo fue justificado bajo la legalidad establecida por quienes ostentaban la condición de jueces y partes. Y no sólo eso, en un arrebato de poder cuasi-omnímodo, lo borraron, con otras leyes. No sólo cumplieron labores mesiánicas al “salvar” a Chile del “caos y tinieblas” que se avecinaban, sino también, tienen el poder de re-orientar la historia y poner los “puntos finales”, donde ellos creen que lo amerita.

Todo lo anterior, se resume bajo una tesis que argumenta y solidifica la posición. Pinochet dijo: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. ¿Necesita esto de más comentarios? Si ustedes creen que sí, yo creo que el estómago no da para tanto. Bueno, es sólo mí opinión.

A la vez, la construcción de este “nuevo” Estado, es racional, porque posee acciones eficientes. Vale decir, que plantean una proyección que puede ser evaluada de manera objetiva y técnica. De hecho,la Dictadurada origen a un tipo de político y lo posiciona en las esferas de poder. Me refiero al tecnócrata. Esto se hace latente en una de las cualidades que posee la “nueva democracia” creada por Pinochet y compañía y, que veremos más adelante.

La importancia del discurso en Chacarillas, radica en que es aquí, donde Pinochet, presenta los “pasos fundamentales para avanzar en el proceso institucional del país”. Frente a esto, el 11 de septiembre del ’73, no sólo significa el derrocamiento de un gobierno “ilegítimo y fracasado”, sino, el término de un régimen político-institucional “ya agotado”, lo que comporta el “imperativo de construir uno nuevo”. Pinochet habla de una “obra eminentemente creadora”, pero “enraizada en la tradición nacional”. Esta obra deberá seguir, para ello, el “sendero del derecho”, el cual es resultado de la “evolución social” y su consecuente armonía, la cual debe co-existir con una nueva norma jurídica objetiva e impersonal, las que deben dar paso a una “nueva democracia”. ¿Cómo debiera ser ella, según Pinochet? Da una serie de cualidades “infaltables” en ella: “autoritaria”, “protegida”, “integrada”, “tecnificada” y “de auténtica participación social”[22]. Es autoritaria, porque posee una autoridad “fuerte y vigorosa”, que hace “imperar el orden jurídico”. Es protegida porque el Estado se encuentra comprometido con la libertad y dignidad del hombre y con los valores esenciales de la nacionalidad. De ahí emana una de las frases anteriormente vista: “La libertad y la democracia no pueden sobrevivir si ellas no se defienden de quienes pretenden destruirlas”. Es integradora, porque busca “robustecer” “el objetivo nacional” y “los objetivos permanentes de la nación”. Esta democracia busca la unidad de “la gran familia de ella”. Por ello, niega “la lucha de clases”, puesto que no existe ni debe existir. Esta negación, es también una negación por decreto[23]. Ahora bien, esta negación es hecha a lo que, comúnmente, algunos significan por “lucha de clases”. Esta lectura tiende a pensar a los marxistas como violentos, lo que daría cuenta de la “única” forma de llegar al poder: la fuerza. Pero el término no se refiere a eso. Marx, junto a Engels en el Manifiesto Comunista, al señalar que la historia de la humanidad ha sido una constante lucha de clases, se está refiriendo a la contradicción relacional, en términos sociales y económicos, que se han dado en la misma. En definitiva, estamos hablando de desigualdad, lo que es contradictorio, sobre todo, en sociedades liberales, o en todas las que propugnan la igualdad entre los seres humanos. La negación de esta lucha, es la negación de la clase, y cuando no existe clase, en tanto que diferenciación, ¿hacia qué orientar la política? ¿A dónde iremos, si ya no hay pobres ni oprimidos? En buena hora no existieran. Pero cuando es producto de una negación, vale decir, de una mentira, o de una verdad a medias, o lisa y llanamente, de una omisión, el futuro que emane de eso no puede ser muy auspicioso que digamos. Es Tecnificada, porque inserta la ciencia y la técnica en la discusión política, a través de los tecnócratas. Ellos buscan como aporte: “reducir el debate ideológico”, teniendo como sustento el “aporte de los más capaces”, en busca de “dar estabilidad al sistema”. Y, al final, de auténtica participación social. Esta se fundamenta en el principio de subsidiariedad. Ahora bien, se lleva a efecto, mediante la libertad económica, la cual, según Pinochet, se puede lograr “impedir la asfixia de las personas por la férula de un Estado omnipotente”. En este punto, una de las ideas fundamentales, es la del derecho a la propiedad, la que según Büchi, está por sobre los derechos vagos, como el del medioambiente.

Para llegar a ese proceso, habría que entenderlo, como uno en forma gradual, con tres pasos. Recuperación, del poder político integralmente asumido por las Fuerzas Armadas. Transición, en la que se pasaría de colaboración a la participación. Y al final, la etapa de Normalidad o consolidación, en la cual el poder es ejercido directamente por la civilidad, aunque las Fuerzas Armadas, cautelan las bases de la institucionalidad y la seguridad nacional. En el momento que habla en Chacarillas, Pinochet habla de que Chile está en la etapa de Recuperación yla Transición, debe comenzar antes de Diciembre del ’80, al  ser redactadala Constitución del ’80.

Cuando hablamos de Transición, estamos hablando, en términos estrictos, de “tránsito” o “paso de un estado a otro”. Pinochet, aunque suene irrisorio, dijo acerca de la Transición: “Así como los marxistas llaman pasar del sistema burgués a través de la dictadura del proletariado, nosotros también tenemos que pasar, y no se puede escapar, por la dictadura de la democracia, aun cuando no les gusta a algunos”[24]. Quizá este sea uno de los términos más repetidos en la política nacional. La estamos viviendo, o no, es la pregunta. Sí y no, dependiendo de la transición a la que nos referimos. Ya no vivimos la de Pinochet, desde el regreso a la democracia. Desde ese momento, se vive la normalidad o consolidación. Es decir, vivimos el Estado a la imagen y semejanza de Pinochet, sustentado en el mismo mito y en las mismas imágenes. Vale decir, nuestra democracia, es hija de la “nueva” creada por Pinochet, cuya definición desglosamos y contestamos. En cambio, hay una transición que comenzó, pero que no ha terminado y, al parecer, no ha avanzado mucho. Se trata de la Transición diseñada por la Concertación de Partidos por la Democracia. Un tránsito sin fin, “eterno”. Muchas veces, la gente gritó: “¡y va caer!, grito que se multiplicaba de voz en voz. Luego, con los gobiernos de la Concertación, no faltó acto por hacer, en el que alguien no gritara: ¡y ya cayó!… Pero seguimos, y seguiremos así, mientras no nos preguntó ¿para qué cayó? Insisto, vivimos en el Chile de Pinochet, diseñado, cortado y confeccionado por el militar. ¿Por qué no se ha hecho nada? Creo que hay dos razones. La primera tiene que ver con la “amnesia social”, la que es resultado de verdades “en la medida de lo posible”. Patricio Aylwin, en una ocasión señaló: “El pasado no se puede reconstruir. Ni podemos devolverle la vida a los muertos ni devolverle el trabajo a los que lo perdieron… El pasado se fue. Qué le vamos a hacer. Las injusticias la cometieron otros”[25]. Pero la más importante, en mi opinión, es la incapacidad, teórica y práctica, del movimiento político-social y artístico que configure una verdadera democracia, participativa, en la cual, la soberanía resida en los trabajadores. Esta idea la sintetizó el MAPU en un manifiesto: “la fortaleza de Pinochet reside en nuestra debilidad”[26] .

Frente a esto, tenemos dos armas para comenzar nuestra construcción: la memoria y la acción. Con respecto a la memoria, Gabriel Salazar señala: “No es tiempo de obediencia mecánica, sino de responsable desobediencia civil. Porque es tiempo de proyectar un país desde dentro y para dentro. Desde nosotros mismos y para nosotros mismos. Legítimamente. Igualitariamente. Sin mentirnos. Porque la soberanía sólo exige obedecerse a sí misma. Es autónoma, como el sol”[27]. Sobre la acción Foucault, dice lo siguiente: “Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas ‘absolutamente absolutos’, es porque, tras todas las aceptaciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan”[28].

Autonomía y sublevación… Es hora de comenzar a trabajar con ellas, para construir un país mejor. Al fin y al cabo, no tenemos nada que perder, excepto nuestras cadenas. En cambio tenemos un mundo entero por ganar[29].

 Luis Pino Moyano.

Santiago, Primavera de 2007.


[1] Contador, Ana María. Continuismo y discontinuismo en Chile. Selección de discursos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalvo, Salvador Allende y Augusto Pinochet. (Santiago: Bravo y Allende Editores, 1989).

[2] Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Tomo 1: Racionalidad de la acción y racionalización social. (Madrid: Taurus Ediciones, 1998), pp. 15-43; 69-110.

[3] Moulian, Tomás. Chile Actual: Anatomía de un mito. (Santiago: Lom Ediciones y Universidad Arcis, 1997), pp. 151, 171.

[4] Illanes, María Angélica. La Batalla de la Memoria. Ensayos históricos de nuestro siglo. Chile 1900-2000. (Santiago: Grupo Editorial Planeta, 2002), pp. 163-175. Correspondiente a la intervención en la presentación  del libro de Luis Moulian y Gloria Guerra, Frei, biografía de un estadista utópico, Santiago, 2000. El ensayo es intitulado en el libro de Illanes como: La Caída del Mito de la Diferencia.

[5] Citado por Habermas. Op. Cit., p. 74.

[6] Ibídem, p. 75.

[7] Entre las obras que reflexionan con respecto a dicha construcción están: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2005) y Loyola, Manuel y Grez, Sergio (compiladores). Los proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX. (Santiago: Ediciones Universidad Raúl Silva Henríquez, 2002).

[8] Illanes. Op. Cit., p. 166.

[9] Ibídem, p. 172.

[10] Ibídem, p. 172.

[11] Ibídem, p. 173.

[12] La frase entre las comas es mía. El concepto peso de la noche, fue elaborada por Diego Portales en su carta a Joaquín Tocornal. Valparaíso, 16 de Julio de 1832.

[13] Las acentuaciones son mías.

[14] Habermas. Op. Cit., p. 89.

[15] Ibídem, p. 41.

[16] Ibídem, p. 70.

[17] Ibídem, p. 71.

[18] Ibídem, p. 33, 34.

[19] Ibídem, p. 39.

[20] Ibídem, p. 38.

[21] Illanes. Op. Cit., p. 175.

[22] Compárese con lo planteado por Portales, en uno de sus textos epistolarios: “La república es el sistema que hay que adoptar, pero ¿sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes”. Citado en: De Ramón, Armando. Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000). (Santiago: Catalonia Ltda.., 2003), p. 73.

[23] El artículo 8 de la Constitución de 1980 rezaba: “Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito o contrario al ordenamiento institucional de la República”. En: Constitución Política de la República de Chile. (Santiago: División Nacional de Comunicación Social, Octubre de 1980), p. 3.

[24] Revista Cauce, 10 de septiembre de 1985. En: Correa, Sofía (et. al). Historia del siglo XX chileno. (Santiago: Editorial Sudamericana, 2001), p. 322.

[25] Aylwin, Patricio, en: La Época, 6 de Agosto de 1993, p. 1. Citado por: Salazar, Gabriel. Construcción de Estado en Chile: La historia reversa de la legitimidad. Proposiciones, Nº 24, Santiago, 1994, p. 92.

[26] Un Camino para Chile. Manifiesto del MAPU a los trabajadores y al pueblo. III pleno nacional en la clandestinidad. Marzo de 1980.

[27] Salazar, Gabriel. Proyectando país globalizado tras 220 años de vida “independiente” (o la revolución del hijo pródigo). En: Moulian, Tomás (Coordinador). Construir el Fututo. Aproximaciones a proyectos de país. Volumen 1. Colección Escafandra. (Santiago: LOM Ediciones, 2002), p. 203.

[28] Citado a modo de epígrafe en: Arancibia, Juan P. Extraviar a Foucault. (Santiago: Ediciones Palinodia, 2005), p. 7.

[29] Marx, Karl y Engels, Friedrich. El Manifiesto Comunista. (Buenos Aires: Centro Editor de Cultura, 2006), p. 94.

*Este fue un trabajo realizado en la cátedra de Comunidad y Sociedad, dictado por el Profesor Marcos Águirre (2007).

A propósito del 18.

 

Estamos a sólo horas de un nuevo 18 de Septiembre… en las calles comienzan a enarbolarse las banderas, desde los negocios sale el olor a las empanadas, “está buena la carne”, señala el comercial de una de las tantas empresas monopólicas del país… Hoy, comienza la temporada de fondas, y los periodistas hacen votos por ver a la Bachelet bailar un pie de cueca… y es que las tradiciones son importantes, dicen.

Todo eso, con el propósito de celebrar “nuestras” fiestas patrias… el 18, celebramos el “Día de la Independencia” y el 19, las “glorias de nuestro ejército”.

Partamos por la primera de las celebraciones. Pongámonos de pie… resuenan trompetas… “Día de la Independencia”. ¿Independencia? ¿De quién? Si nosotros vemos la historia, notaremos que la guerra de emancipación es un conflicto elitario. Es la lucha entre una misma clase. Es la lucha de la aristocracia criolla contra la aristocracia peninsular. También se nos señala a través de la historia, que es un proceso multicausal. ¿Cuáles son esas causas? Todas son causas que rodean, de una manera u otra, a la aristocracia. La fundamental, es que los criollos han sido dejados de lado, no eran tomados en cuenta para los cargos más importantes de la colonia hispánica. Sólo podían tener acceso algunos puestos de mediana importancia en el cabildo. Otra de las causas… el daño que habían producido algunas medidas económicas de la dinastía borbona, en la precaria industria “nacional”. ¿Quiénes son los dañados? Ellos. En especial, la aristocracia criolla. A ellos se les alzó los impuestos, ellos perdieron plata con la sobresaturación de mercaderías y la consecuente falta de circulante, y ellos fueron las víctimas del contrabando de los delincuentes del camino, de piratas y corsarios. Ellos son las víctimas del mal gobierno de García Carrasco… lo que se soluciona con su derrocamiento, y con la puesta de Mateo de Toro y Zambrano. Veamos a ese personaje. Un caballero anciano, 83 años, realista, manejable por su frágil memoria. Cómo será, que la prensa de farándula de la época (un chistecito no le hace mal a nadie), señalaba que el Conde de la Conquista (cargo comprado), se quedaba con la opinión del último que le hablaba. Ese fue el hombre que “dirigió” el cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1810. El principal acuerdo de esa reunión, en la que participaron los vecinos más virtuosos (concepto muy común en “La República” de Platón) y honorables de la ciudad de Santiago, fue el juramento de lealtad al rey Fernando VII, apresado por las fuerzas napoleónicas. Y ahí está el meollo del asunto… renació una concepción medieval, con respecto a la monarquía absoluta española. El concepto es más o menos así: Dios había delegado el poder al pueblo español, y el rey les gobernaba mediante el pueblo… Dios lo había querido así. Con el rey cautivo, el poder residió en el pueblo, evidentemente estamos hablando de la aristocracia, que por la defensa de sus intereses inauguró Juntas de Gobierno. Y así comienza la lucha de “nuestra” independencia. Lucha que cuando concluye con la batalla en los llanos del Maipo (1818), deja en el poder a un hijo de esta aristocracia, que asume un poder plenipotenciario… inauguró un gobierno republicano, pero en el cual el Director Supremo ejercía un poder cuasi-monárquico. Los libros de historia oficial, no muestran a los rotos. Y es que el “bajo pueblo” debía ser moralizado, disciplinado, enseñado. Por lo mismo, Portales, señala que la democracia es el “gobierno de los ilusos”… por eso, la necesidad de un gobierno autoritario y centralizador. A fines del siglo XIX, comienzan a surgir una serie de movimientos sociales (sindicales, mancomúnales, políticas)… Es ahí, donde sale a la luz, “el viejo topo de la historia” (Marx)… Pero, es una salida a la luz, desde la colonia en adelante, ese bajo pueblo fue oprimido, reprimido, humillado, subyugado. Entonces, el 18 celebramos la Independencia de una clase, la que ostenta el poder, no la del país.

Vueeeeeeelta! Llega el 19. La Parada Militar. Esa que nos hace recordar que estamos celebrando las glorias del Ejército. De ese que ha sido “siempre vencedor, jamás vencido”. ¿A quién ha vencido? No sólo a españoles, peruanos y bolivianos… con el que ha sido infranqueable es con el “enemigo interno”. Esa victoria la logró masacrando, aplastando a sangre y fuego a nuestros compatriotas, a sus compatriotas, en 1830, en 1851-1852, en 1859, en 1891, en 1901, en 1903, 1905, 1906, 1907, 1934, 1946, 1957, 1962, 1967, 1969, y desde 1973 a 1989, entre otras. No importaba… eran los pipiolos, “liberales rojos” y finalmente, eran los marxistas… qué importaban eran los “humanoides”. Lo fue aplastando a sangre y fuego a nuestros antepasados mapuches, en lo que los siúticos denominan pacificación de la Araucanía. Qué pacificación, fue una ocupación violenta. Es ese ejército, que nació para defender al pueblo, que está manchado con la sangre de sus hermanos.

Y esto no es lo que algunos elocuentes llaman “del pasado”. O lo que otros, un poquito más inteligentes, nos invitan a estudiar en su contexto. ¿Qué contexto? Nuestra nación fue forjada con el mal endémico de la desigualdad, del autoritarismo. Tenemos una democracia que ha sido tutelada por la sombra de las bayonetas. Las clases más bajas siguen siendo reprimidas, tal vez, no por las fuerzas policiales o militares, pero si por la exclusión. Es que como dijera María Angélica Illanes, el gobierno está más preocupado de construir una república, no una democracia. Por eso, escuchamos a la presidenta hablar de la importancia de los símbolos patrios, símbolos que tienen derechos (“nadie tiene el derecho de destruirlos”). Pero esos símbolos ¿a quiénes representan? A ellos. A los triunfadores.

Es tiempo, en los cuales debemos preocuparnos más de construir una verdadera democracia, que borre las exclusiones políticas, económicas y sociales. Es tiempo que la Independencia, nos alcance a todos, no sólo con las empanadas y la carne (tipo “pan y circo” romanos), sino la independencia de verdad. La que signifique nuestra autodeterminación, una verdadera soberanía popular. Y que cuando logremos eso, podamos cuidarlo con dientes y uñas, de aquellos que siempre nos han querido someter. Sólo ahí, los que no vivimos para el tiempo del gobierno popular, respiraremos, por vez primera, los aires de la libertad.

Puente Alto, 15 de septiembre de 2006.

Luis Pino Moyano.

La huesera de la gloria.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Sergio Grez Toso.

“Cuando el ejército chileno marchaba hacia el enemigo y las bandas ponían en juego sus instrumentos, los capellanes bendijeron la tropa, la cual conforme a Ordenanza se hincó, con una rodilla a tierra, y entonces el virtuoso sacerdote don Ruperto Marchant Pereira, que era uno de los capellanes, alzando las manos con profunda y comunicativa emoción pronunció estas palabras:
‘Hermanos: antes de morir por la Patria, elevad el corazón a Dios’” [1].

Así describió el historiador chileno Gonzalo Bulnes uno de los momentos previos a la batalla de Tacna o del Campo de la Alianza, donde perecieron o quedaron heridos, el 26 de mayo de 1880, varios miles de soldados chilenos, peruanos y bolivianos.

Seguir leyendo…

Himno Nacional de Chile (actual).

Ramón Carnicer, español, remusicalizó los versos de Vera y Pintado. Su musica se mantuvo en el himno actual.

Eusebio Lillo, poeta y político chileno. Escribió la letra del himno actual. Años después, se desempeñó como Ministro del Interior de Balmaceda.

Coro:
Libertad, invocando tu nombre,
la chilena y altiva nación
jura libre vivir de tiranos
y de extraña, humillante opresión

I
Ha cesado la lucha sangrienta;
ya es hermano el que ayer invasor;
de tres siglos lavamos la afrenta
combatiendo en el campo de honor.
El que ayer doblegábase esclavo
libre al fin y triunfante se ve;
libertad es la herencia del bravo,
la Victoria se humilla a sus pies.

II
Alza, Chile, sin mancha la frente;
conquistaste tu nombre en la lid;
siempre noble, constante y valiente
te encontraron los hijos del Cid.
Que tus libres tranquilos coronen
a las artes, la industria y la paz,
y de triunfos cantares entonen
que amedrenten al déspota audaz.

III
Vuestros nombres, valientes soldados,
Que habéis sido de Chile el sostén,
nuestros pechos los llevan grabados;
Los sabrán nuestros hijos también.
Sean ellos el grito de muerte
que lancemos marchando a lidiar,
y sonando en la boca del fuerte
hagan siempre al tirano temblar.

IV
Si pretende el cañón extranjero
nuestros pueblos osado invadir;
desnudemos al punto el acero
y sepamos vencer o morir.
Con su sangre el altivo araucano
nos legó por herencia el valor;
y no tiembla la espada en la mano
defendiendo de Chile el honor.

V
Puro, Chile, es tu cielo azulado,
puras brisas te cruzan también,
y tu campo de flores bordado
es la copia feliz del Edén.
Majestuosa es la blanca montaña
que te dio por baluarte el Señor,
Y ese mar que tranquilo te baña
te promete futuro esplendor.

VI
Esas galas, ¡oh, Patria!, esas flores
que tapizan tu suelo feraz,
no las pisen jamás invasores;
con tu sombra las cubra la paz.
Nuestros pechos serán tu baluarte,
con tu nombre sabremos vencer,
o tu noble, glorioso estandarte,
nos verá combatiendo caer.

La letra fue aprobada por el académico Andrés Bello, quien aceptó el himno, excepto su coro. Como se censuró su coro, y Lillo se consideraba incapaz de superar el original, se quedó con el anterior.

Sólo se cantan de manera oficial la quinta estrofa y el coro. Durante la dictadura de Pinochet se cantaba la tercera estrofa (como segunda), resemantizando su significado original. 

Primer Himno Nacional de Chile.

Bernardo Vera y Pintado, poeta argentino, autor del primer himno nacional de Chile.

Coro

Dulce Patria, recibe los votos
con que Chile en tus aras juró
que o la tumba serás de los libres
o el asilo contra la opresión.

I
Ciudadanos: el amor sagrado
de la patria os convoca a la lid:
libertad es el eco de alarma
la divisa: triunfar o morir.
El cadalso o la antigua cadena
os presenta el soberbio español:
arrancad el puñal al tirano
quebrantad ese cuello feroz.

II
Habituarnos quisieron tres siglos
del esclavo a la suerte infeliz
que al sonar de sus propias cadenas
más aprende a cantar que a gemir.
Pero el fuerte clamor de la Patria
ese ruido espantoso acalló
y las voces de la Independencia
penetraron hasta el corazón.

III
En sus ojos hermosos la Patria
nuevas luces empieza a sentir
y observando sus altos derechos
se ha encendido en ardor varonil.
De virtud y justicia rodeada
a los pueblos del orbe anunció
que con sangre de Arauco ha firmado
la gran carta de emancipación.

IV
Los tiranos en rabia encendidos
y tocando de cerca su fin
desplegaron la furia impotente,
que aunque en vano se halaga en destruir.
Ciudadanos mirad en el campo
el cadáver del vil invasor…;
que perezca ese cruel que el sepulcro
tan lejano a su cuna buscó

V
Esos valles también ved, chilenos,
que el Eterno quiso bendecir,
y en que ríe la naturaleza
aunque ajada del déspota vil
Al amigo y al deudo más caro
sirven hoy de sepulcro y de honor:
mas la sangre del héroe es fecunda
y en cada hombre cuenta un vengador.

VI
Del silencio profundo en que habitan
esos Manes ilustres, oíd
que os reclamen venganza, chilenos,
y en venganza a la guerra acudid.
De Lautaro, Colo-Colo y Rengo
reanimad el nativo valor
y empeñad el coraje en las fieras
que la España a extinguirnos mandó.

VII
Esos monstruos que cargan consigo
el carácter infame y servil,
¿cómo pueden jamás compararse
con los héroes del Cinco de Abril?
Ellos sirven al mismo tirano
que su ley y su sangre burló;
por la Patria nosotros peleamos
nuestra vida, libertad y honor.

VIII
Por el mar y la tierra amenazan
los secuaces del déspota vil
pero toda la naturaleza
los espera para combatir:
el Pacífico al Sud y Occidente
al Oriente los Andes y el Sol
por el Norte un inmenso desierto
y el centro libertad y unión.

IX
Ved la insignia con que en Chacabuco
al intruso supisteis rendir
y el augusto tricolor que en Maipo
en un día de triunfo nos dio mil.
Vedle ya señoreando el océano
y flameando sobre el fiero león
se estremece a su vista el íbero
nuestros pechos inflama el valor.
Ciudadanos la gloria presida
de la Patria el destino feliz,
y podrán las edades futuras
a sus padres así bendecir.